Dicen que pararse a buscar el ‘para qué’ de las cosas, hace que estas tengan un sentido. A veces me pregunto si no será otra forma más de justificarme, si es así, será que lo necesito.

El para qué de tener un blog es algo que llevo cuestionando-me tiempo, mucho antes incluso de que este proyecto comenzará a gestarse dentro de mi.

Comencé de niña escribiendo diarios, práctica que durante mi adolescencia descarté y que hace como unos 10 años recuperé. Después vino la comunidad y nuestro (bendito) blog, en el que comencé tímidamente a balbucear y a encontrar mi voz propia.

Aún no la he definido, pero aun y todo aquí estoy.

En estos últimos meses, las palabras me salvan muy a menudo. Especialmente cuando estoy confusa y perdida, entre todo lo que mi mente cree que tiene que decirme. Entonces me siento, escribo y me alivio. Escribir es mi meditación. A veces me faltan ‘tildes’, a veces se me escapan las letras y otras veces me invento palabras…. peeeeero, aquí estoy.

En este proceso en el que llevo sumergida casi un año, diría que el fantasma que más me visita es el de la no-suficiencia, este es un fantasma conocido para todas aquellas que nos tropezamos una y otra vez con la perfeccionista que llevamos dentro. Esa con la que tanto nos saboteamos, esa que por querer hacerlo siempre ‘mejor’, nunca lo hace.

Y yo, ya he decidido que quiero hacerlo.

Solo poniéndome en el camino, caminaré. Quizá me caiga, probablemente me confunda en la bifurcación, quizá tenga que retroceder para encontrar lo que buscaba, pero solo así podré continuar, y solo así descubriré cual es mi voz.

Si, lo sé, este es un blog sobre ciclo menstrual y sobre economía de los cuidados…prometo que estos serán los ejes. Aunque ubicarme es cuidarme, ¿no? Ale, pues ya estoy ubicada. ¡Vámonos!

¡Te doy (y me doy) la bienvenida a mi nuevo Diario de a bordo!

5 de mayo del 2017 (Ovu día 12)