Sálvese quien pueda o redes con-juntas

Sálvese quien pueda o redes con-juntas

Llevo días teniendo esta sensación que anuncia el título del artículo. Es como si antes ya supiera (de un modo quizá más teórico) que (sobre) vivíamos así. Sin embargo ahora siento estarlo acuerpando día a día, conversación a conversación. La reconstrucción de una sistema (más) neoliberal está en marcha y yo, escribo para intentar (una vez más) ordenar las miles de ideas que siguen danzando en mi cabeza, y venir a tu encuentro para validar (y exorcizar) lo que sentipienso.

Antes, (es como si ya se hubiera instaurado la era precovid en nuestra realidad) la vida era compleja. Ahora, siento que la ecuación, el algoritmo, el jeroglífico individual y más aún el puzzle colectivo se han complejizado. Algo así como si dentro de cada une, se hubiera abierto todo un nuevo caos, tan grande y amplio como el propio multiverso que nos contiene.

[Sí, soy consciente de mi posición en el iceberg. Y aunque el saberlo no me hace sentirlo, sé que desde hace tiempo, décadas, siglos, habitamos un planeta en el que muchas personas sobreviven en el día a día con la frase-titular en sus bocas-vidas (Cada vez que llego a esta parte de mi ecuación no se bien como seguir, por lo que decido explicitar “hasta donde llego” en mi camino de deconstrucción)]

 

Cabezas saturadas, emociones desbordadas

No se tú, pero a mí, mantenerme en “mi centro” con cierta calma me está costando infinito. Salgo a pasear y antes con cada paso, el aire iba entrando en mi cuerpo, conseguía oxigenar-me. Ahora, no puedo respirar bien, y vuelvo ahogada y muy triste. Es una sensación de desolación profunda la que a veces siento, una impotencia que apaga mi chispa. Y que ciclicamente, la estoy llorando a mares.

Además de lo que individualmente estemos pudiendo sostener, está el gran reto de re-ajustar los colectivos-amistades, de crear protocolos (que intentan ser puente pero que resultan cambiantes, confusos e incluso contradictorios), de entendernos (y quizá, ponernos de acuerdo) entre las que antes habíamos conseguido ser aliadas. Confrontaciones día a día que me consta están mermando la salud mental (y emocional) de muchas. La mía desde luego sí.

 

Salud mental en tiempo de extrema individualización

¿Dónde está la prevención para que nuestras cabezas y emociones no se vuelvan (más) locas entre tanta confrontación y contradicción? ¿Dónde están las miles de personas que podrían ser contratadas desde las instituciones para acompañarnos en este proceso tan complejo y nuevo? No están. Al igual que ocurre con todos esos trabajos esenciales que reproducen y sostienen la vida, que son infravalorados e invisibilizados, las emociones y los procesos mentales tampoco parecen existir en este sistema que solo apuesta por un sistema racional y productivo.

Sinceramente creo que ya han pasado suficientes meses como para que desde las políticas institucionales se pongan en marcha todo tipo de programas en diferentes sectores y ayudas sociales de distinta índole. Sin embargo observo atónita (o bueno, quizá no tanto) como el camino que se está proponiendo es el contrario: Más individualización y soledad, cuerpos contagiosos que son peligrosos, PCRs que parecen la prueba definitiva de “salud o enfermedad”, políticas de recorte, alquileres inaccesibles,… y ese largo etcétera que bien sabes porque seguro que también te está tocando acuerpar.

 

Un par de pistas para (intentar) resolver el jeroglífico

Si has llegado hasta aquí, gracias. Como te decía en el post anterior no me parece que estemos transitando un tiempo de optimismo genuino, nos están intentado desviar del camino de la vida que merece ser vivida, y aunque mi idea con estos textos es siempre hacer (o intentar al menos) compost con la mierda, presentar/recordar/articular El Problema, me resulta imprescindible.

Ok, bien, Enara, y entonces ¿qué hacemos? Pensando, sintiendo y reflexionando con Otras, he llegado a 2 caminos que considero oportuno nombrar para continuar siendo resistencia-Tierna sin alejarnos de nosotras y de las que nos acompañamos:

 

  • Volver al registro para volver al Cuerpo

Obvio que iba a recordar(nos) esto. Escribir, pintar, meditar (yoga, taichi…), respirar me parecen prácticas imprescindibles en estos tiempos-caos. Encontrar tu forma de conectarte contigo misma y agarrar fuerte esta cuerda que te anuda a ti, ha de ser prioridad. Sino, es mucho más fácil perdernos y andar a la deriva en estos océanos de estímulos infinitos, bulos polares y apocalipsis por todos lados que nos inoculan.

Saber sobre tus decesidades lo puedes lograr registrando tu ciclo menstrual. Sabiendo sobre tus fases puedes ir averiguando tus dones y talentos, y también encontrando tus límites y momentos en los que es mejor protegerte de todo. No te olvides. Estar en contacto contigo y tus fluires (y fluidos) es resistencia, tanto para ti, como para todas.

 

  • Acompañarnos y pedir

Nunca antes esto me había parecido tan tan importante (y urgente). En este devenir en el que nuestra salud mental está en juego y sabiendo claramente que seguirá sin haber políticas que nos vayan a acompañar en esto, mantenernos juntas es clave. Y saber que tienes una red de cuidados, fundamental.

Como te decía al principio todas andamos bastante saturadas. En mi entorno al menos cada una lleva adelante procesos complejos que sumados al covid-caos dan por momentos situaciones de requerida contención. Si tu/vosotras también andáis así, es probable que sientas poco espacio en tu cabeza-cuerpo para acordarte de tu Compa.

Ante esto propongo poner especial atención a El arte de Pedir (porque estarás de acuerdo conmigo en que por nuestra f***** construcción social, es un verdadero arte). Creo que cuanto más afinada pueda ser tu petición, más probable será que Otra(s) pueda(s) acompañarte. Estoy comprobando que cuanto más en conexión conmigo pueda estar (al menos algunos momentos en el día), más sencillo me resulta articular justo eso que decesito, y que otras pueden acompañarme a sentir/sacar/tener…

Esto, es un gran reto, especialmente para las mujeres*. Dar se nos da mejor, pero pedir y recibir es otra historia. La vulnerabilidad está ahí, aquí, más presente que nunca. Todas estamos jodidas. Acogerla y podernos acompañar desde ahí, hará que nos sintamos arropadas y así, conseguiremos (siquiera a ratos) saber que estamos (y somos) resistencia-compañera (y tierna). Creo que necesitamos esto para no sucumbir a este pedazo de giro lleno de miedos que estamos transitando. Yo al menos lo estoy necesitando mucho.

 

Así que, conéctate contigo, escribe y/o balbucea sobre lo que decesitas y PÍDELO. No pienses que sobras, no piensas que molestas, porque así, en relación, pidiendo y dando-nos lo que necesitamos es como (también) creamos y estrechamos lazos.

¡Sabernos interdependientes desde la vulnerabilidad, nos salvará! O al menos, seguiremos tejiendo las redes de cuidados que necesitamos para continuar viviendo mientras siguen apretando las costuras.

 

¿Se te ocurre alguna otra pista para resolver este pedazo de jeroglífico? ¡Deseando leerte! 🙂


*La ilustración de este post es de Alberto Montt

Km0, que empieza en tu Cuerpo

Km0, que empieza en tu Cuerpo

Han sido dos los factores (principales) que me han traído por aquí a divagar sobre esto que enuncio en el título: La conversación con una Compa sobre el (archi-famoso) congreso virtual de empoderamiento (Gracias C. por tus reflexiones), y el estar desde hace un tiempo sumergida en varios proyectos que llevan por bandera este concepto.

Últimamente cada vez se escucha más esto de Kilómetro cero (Km.0) y personalmente, si lo traigo al Cuerpo uniéndolo con mis hipótesis propias relacionadas con la economía feminista y el ecofeminismo, me pregunto: ¿Dónde esta este punto? ¿Es posible que comience “dentro” y a continuación trascienda hacia “fuera”? ¿Puede igualmente comenzar “fuera” y continuar “dentro”? ¿Se trata en última instancia de encontrar ese complejo y tan necesario equilibrio?

¡Divaguemos!

 

Mucho más que dónde comienzan las carreteras

Según Wikipedia, el primer monolito relacionado con remarcar un punto cero lo construyó Cesar Augusto para posicionar aquello de que “todos los caminos conducen a Roma”. Más adelante fue utilizado para hacer alusión a un lugar geográfico (normalmente las capitales) en donde las carreteras de un país comienzan. Luego nos familiarizamos con el termino por medio de los coches kilómetro cero (esos que exponen en los concesionarios y tienen un precio más bajo por haber sido probados), y hoy en día, muchas reconoceremos el termino como algo relacionado con lo local.

El consumo Km0 anima a tener en cuenta la huella ecológica que dejan nuestros hábitos de vida, cuestionando… ¿qué es lo que comes? ¿de dónde procede? ¿cuántos kilómetros a recorrido antes de llegar a tu plato? ¿qué fortaleces con tu forma de consumo? ¿dónde pones tu dinero? ¿qué estas comprando con esto? ¿qué es lo que refuerzas?…

Algunas organizaciones afirman que en los modos de consumo «estándar» los alimentos recorren 3.000 kilómetros de media y que «hay casos especialmente agudos como el de los garbanzos, cuya distancia media entre el agricultor que los produjo y al consumidor que los adquirió en un supermercado es de 7.500 km. Un trayecto transoceánico para un producto que lleva casi treinta siglos cultivándose de manera local»(1).

Aunque pueda parecer “una moda”, bajo mi punto de vista consumir local es imprescindible para crear realidades sostenibles, tanto para nosotres (aquí en occidente) como para dejar de una vez de expoliar el sur global.

 

De lo individual a lo colectivo, y/o viceversa

Cada vez son más los proyectos que promocionan y los que trabajan por y para fomentar lo que se hace/construye/crea en un pueblo o una comarca, o incluso en un barrio, y que están denominándose Km0. Por aquí, relacionados con las soberanía alimentaria tenemos un grupo de consumo recién re-fundado (Labore Txingudi, al que te animo a acercarte si vives en nuestra bonita bahía) y una huerta cooperativa donde (además) trabaja mi Compa-Hermana I. a la que estamos dándole una vuelta para que sea (aún) más participativa (Aldatsa Baratza).

Seguro que en tu entorno también encuentras proyectos con estos valores que cuestionan la forma hegemónica de consumo y en consecuencia de  economía. En Euskal Herria tenemos el mapa de Batura y en Cataluña está el Pam a pam, dedicados ambos a mostrar los proyectos que trabajan en la economía social y transformadora.

Mi invitación a que te acerques y te informes sobre lo que se está moviendo cerca (en tu propio Km0) trasciende al cambio climático (el cual considero de primera orden, y sino estas convencida de esto puedes escuchar el mensaje de la Gran Greta). Personalmente te diré que el cambio de perspectiva de la Vida que yo estoy experimentado al ser parte de algo así, es brutalmente enriquecedor, tanto por lo que significa aprender a trabajar en colectivo, como por valorar que esos “pequeños gestos” acompañan a la sostenibilidad de la Vida de todas (aquí y allá, y para todos los seres vivos de la Tierra, incluida Ella misma) y a que la Economía sea una forma para ir poniendo las Vidas en el centro.

Por si todo lo anterior fuera poco, te recuerdo que el capitalismo nos quiere solas/individualizadas, por lo que cualquier acto de colectivizar (desde estos valores) es subversivo.

 

Ese kilómetro 0 que empieza en tí

Con todo lo anterior quiero ir un poco más allá (o más acá), proponiendo y manifestando tu propio cuerpo-experiencia como el primer Km0, donde comienza todo. No me interesan los misticismos vacíos, y espero no ser leída así por ti. No quiero bajo ningún concepto promover quedarse en lo individual. Me interesa partir de ti, validar tu experiencia (inspirarte a que tu la valides), que veas la potencia que tienes para sea cual sea tu ámbito, y sean cuales sean tus dones y talentos, los consideres suficientemente válidos como para ponerlos al servicio de lo colectivo y de las personas que tienes cerca, en tu Km0 «exterior».

No hace falta que tengas un poyectako molón, ni una web, ni nada. Solo hace falta que le des valor al camino que ya has recorrido, a eso que ya ha florecido en ti, a tus investigaciones propias, a los intereses que tengas y que estés desarrollando para construir realidades más tiernas (y sostenibles). Comparte, habla de ello, infórmate de lo que se mueve en tu barrio, invéntate quedadas temáticas con personas cómplices. Te aseguro que la potencia que descubrirás en ti (mientras te compartes) no te dejará indiferente, y además, estarás aportando a algo que te trasciende.

 

Ultima divagación

Sabes que todo-todo me gusta relacionarlo con el cuerpo y si puede ser con el ciclo menstrual, por lo que traigo por aquí una pregunta bien filosófica para seguir rascándole al tema, y para continuar acercando nuestra realidad como cuerpos menstruantes a estos conceptos que de base parecen estar «fuera»:

¿Es el Momento 0, justo cuando llega la sangre y en el que todo comienza otra vez, una nueva posibilidad de volver a ese Km0 interior y desde ahí accionar lo local en el exterior? 

Para mi este instante es una posibilidad de re-iniciarme cíclica-mente. En este rato miro mi Mapa del Tesoro y vuelvo a proyectar cómo me gustaría que fuera el ciclo siguiente, centrándome (y generando estrategias concretas) tanto en el autocuidado como en el cuidado (y expansión) colectivx.

¿Te resuena algo de esto? ¿Me/nos dejas tus balbuceos en los comentarios?

 

*Dedicación especial a mis inspiradoras

Considero haber llegado (de manera consciente) hace poco a todo esto y quiero reconocer desde aquí a las personas que me han llevado de la mano (y me llevan) haciéndome descubrir todo un nuevo universo con infinitas posibilidades transformadoras. Mi más sincera gratitud a I., D., X., L., y a toda la banda que tengo cerca y que están trabajando por y para proyectos molones, tanto los que (primeramente) tienen el Km0 puesto “dentro”, como los que lo tienen “fuera”. Eskerrik asko eta aurrera ekipo! 🙂


*La ilustración de este post es de Iris Serrano.

(1) Alimentos kilométricos: El coste social y ecológico del mercado global de comida (eldiario.es)

¿Por qué abrir espacios para hablar de menstruación?

¿Por qué abrir espacios para hablar de menstruación?

Desde que inicie este viaje de observar-me (también) desde el ciclo menstrual, hace como 3 años, una de las mayores revelaciones que he tenido ha sido darme cuenta de que el mayor ‘problema’ que tenemos las mujeres, es que no nos creemos. No nos creemos a nosotras mismas, dudamos sobre si lo que sentimos es real, negamos en muchos momentos lo que nuestro cuerpo nos dice… y por ende, tampoco creemos a las demás.

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