Colapsando (coñoescrito)

Colapsando (coñoescrito)

Hace mucho que no coñoescribo, para publicar.

Honestamente, Compa, que tu mirada esté ahí, al otro lado, aún siendo amorosa, como sé que lo es,

hace que el miedo se apodere de mis tímidos dedos,

y que acabe (o empiece) siendo editada por mi misma, censurando lo que mis entrañas quieren decir.

Podría decir que no merma (que no mermo) sabiendo que tus ojos persiguen mis letras,

pero, te mentiría.

“No importa, puedo decirme igualmente sin que el desnudo sea integral”. Me relajo.

Y es que sí, necesito decirme desde aquí dentro.

No sé bien porque ha pasado tanto tiempo desde aquel último post.

Mente ganando a cuerpo, como siempre.

Y quizá también, el miedo constante de que me vayas a dejar de querer si descubres cómo soy.

Esto también siempre ahí. Impostora en modo on. Acogida. Aquí al lado de mí. Vamos juntas.

Voy. Vamos.

—–

Son tiempos movidos, joder, siempre parece que lo son.

(Además) estamos en tiempo entre eclipses,

Venus desciende hacia el inframundo y yo con ella.

Y si miro más aquí en la tierra, diría (y no soy la única) que el colapso ya está aquí.

Si, ya sé, colapso suena duro,

como a meteorito y todas esas escenas distópicas que tenemos grabadas a fuego en nuestros cerebros también un poco colapsados, y de las que he escrito mil letras.

Pero es mucho más real, quizá también mucho más lento e invisible

(o mejor dicho, invisibilizado, como todo lo que no interesa que sepamos/veamos).

Últimamente, ando obsesionada con la soberanía alimentaria,

con las sequías de tierras cercanas,

con la tierra que cada vez es menos fértil,

con los árboles que tanto nos dan y a los que tan mal-tratamos…

¿Qué vamos a comer en el futuro? ¿Y ahora, qué comemos?

¿Valoramos el oxígeno de los árboles? ¿La tierra que pisamos está viva? ¿Es fértil?

¿Somos conscientes de que nunca antes la devastación había sido tal?

Es como si lo urgente se me hubiera plantado delante de los ojos,

no pudiendo hacer mucho para escaquearme.

Aunque estoy aprendiendo a hacerlo, distraerme, digo, al menos a ratos.

Que ya sabéis como somos las “intensitas”…

Hace unas semanas me atrapó la tristeza. Y vi que venía para quedarse.

No es un sentimiento angustioso ni estresante ya.

Aunque han sido semanas abisales hasta que (me) he podido ubicar, decir, nombrar.

En realidad, es una amiga bastante vieja a la que siempre he querido desterrar.

La tristeza, digo.

Ahora la siento como algo más bien cálido y que me está ayudando a tener los pies en el suelo.

Sin drama, o poco.

Quizá también me está acompañando a echar raíz, cual plantita que por fin, ha encontrado su/un tiesto.

Quizá a apreciar más los momentos soleados, dejando que la alegría me invada entera.

Quizá a bailar con mis amigas, dándolo todo en un flying free épico.

Quizá a volver a re-mirar las prioridades en mi vida,

como quien sabe que nunca hay que perder la brújula interna de vista, y también que,

haciendo espacio y limpieza, habrá hueco para que la vida re-nazca,

en mis proyectos,

en mis complejidades,

en los armarios y discos duros llenos,

en la percepción que tengo de mi misma.

Igual está bien colapsar de vez en cuando,

para ver qué recodos de mi misma se me muestran esta vez. Una vez más.

Eso si,

que el colapso sea con amigis-amoras que son cuerda tierna y reguetón del güeno,

un hogar cálido entre árboles y nubes,

y pájaros que veo con mis nuevos catalejos de hace 50 años,

regalos personas-vivencias que no espero,

Venus siendo inspiración,

y herramientas que voy metiendo en mi mochila, mientras saco piedras de otros tiempos que ya solo pesan.

¡Que la tristeza me pille siempre b(i)en-deci(di)da!

Menstru día 1. 10/05/2022. Luna creciente


*La imagen de este posta esta pintada por mí. Sangre menstrual sobre papel acuarelable y algo de tinta china 🙂 Puedes ver más dibujos-experimento, AQUÍ.

GRATITUD (en mayúsculas)

GRATITUD (en mayúsculas)

*pie de foto: «Nuestro cuerpo cíclico, no entra en vuestro sistema lineal»


Acoger esta emoción que enuncio en el título, como el resto, tampoco es sencillo.

Se me hincha el pecho, el corazón, el diafragma.

En realidad, hay una parte que reconozco como ego (quizá más que una parte),

porque cuando me gusta ser vista, me gusta SER VISTA.

Y hoy ha sido un día así .

De enseñarme al mundo. De ponerme al servicio, procurando, tenerme muy presente.

 

El agradecimiento que estoy sintiendo estos días, me tiene ciertamente abrumada.

Son decisiones tomadas y errores acogidos.

También alegrías, amores y tristezas cálidas que se acumulan en un pecho que se abre.

Son yo, ahora, con unas raíces que se fortalecen, que junto a otres (y conmigo misma) nutro y abono.

 

A veces siento que el globo de helio que soy, será soltado de la mano de esa niñita de ojos ilusionados,

Y bufff…. adiós y hasta siempre.

En un abrir y cerrar de ojos pasaré a ser un poco más de esa basura cósmica que da vueltas a la tierra.

Incluso temo nombrarlo, teclearlo, como ahora,

no vaya a ser que la magia se disipe (y más cosas de esas que nos decimos cuando las cosas van «bien»… tu sabes!).

 

El otro día (acompañada, claro está) vi que no suelo cerrar el ‘ciclo de la necesidad’ de/en esta emoción.

[En la Comu Soy1Soy4 senti-aprendí hace poco que las necesidades tienen este ciclo: 1. Sensación // 2. Percepción // 3. Energetización // 4. Acción // 5. Contacto // 6. Retirada // 7- Celebración o duelo]

Entonces veo que hay una parte de mí que quiere seguir flotando,

habiendo pasado por todas las fases pero sin querer llegar a la 7,

incluso cuando he tenido durante más de 12 horas los pies a unos centímetros por encima del suelo,

y me siento realmente agotada.

(Ojalá flotar siempre con un nudo firme de varias vueltas… ¿verdad?)

 

También sé que me cuesta celebrar.

«No están los tiempos para mucha fiesta»- Pienso.

Y tampoco tenemos una cultura a medida de nuestros calendarios cíclicos,

solo tenemos esos días de guardar que marca el calendario fálico-gregoriano.

 

Hoy es un buen día para validar y celebrar la ciclicidad. Luna llena.

Nos imagino aullando fuerte, en un grito alegre y que diga que aquí estamos.

Juntas, alrededor de un fuego y con perreo feminista sonando de fondo.

“Viva el perreo y muerte al trabajo”- retumba en mi cabeza el lema de Tremenda Jauría.

Cada una con sus logros (y sus errores) sabiendo que todos son importantes,

y que los hemos logrado (o hemos sobrevivido) juntas,

Y que sin elle, sin ti, sin mi, no hubiera(n) sido posible.

 

“Nuestro cuerpo cíclico no entra en vuestro sistema lineal”.

Con dos. Habia que decirlo y se dijo. Yo en realidad dije algo más largo…

Y Oihane lo ha sintetizado cogiendo la referencia de este artículo que, para mi y también para otras, fue semilla,

y lo ha puesto en una bella ilustración.

Y me la ha enviado con un mensaje llenito de cariño.

Contándome que está disponible para la manada que ya somos e invitándome a la suya.

¡Y que así sea!

 

Siento la Vida un regalo escurridizo.

Sobre todo sabiéndome en fase ovulatoria, esos días en los que veo el mundo (algo más) amable.

Soy consciente de que muchas veces (cuando lo siento, que ha quedado claro que soy cíclica),

si esto es así, es porque tengo el privilegio de habitar espacios seguros.

(¿Cómo puede ser esto un privilegio?)

Espacios protegidos,

lugares en donde me permito ser, y se me valida.

Expreso lo que hago sin ser juzgada y con ello yo tampoco me machaco, o al menos, lo hago menos.

A ver, que no todo es un campo de rosas, entiéndanme…

Quiero decir que habiéndolos sentido mínimamente seguros,

me he ido animando a expresarme,

a hablar de cuerpos, emociones y menstruaciones,

y esto me alegra mucho el alma. Y hace que me sienta llena de gratitud.

 

Y me hincho otro poco y vuelvo a temer procurando imaginar cuándo saldré volando.

“Agarra bien la cuerda, peque”.

 

Hoy celebro conmigo, contigo.

Y aúllo con todas las otras peques, con las que, juntas, sostenemos nuestros globos.

 

19 de noviembre del 2021. Ovu dia 10.


*La maravillosa ilustración de este post es de Oihane Beñaran (IG: @sorginkeriak)

**Una de las razones de mi gratitud es que me van a dar un premio por un texto y un dibujo (pintado con sangre, obvio, jejeje) en el concurso (y otro montón de cosas molonas para dar visibilidad a las mujeres* rurales) que ha organizado la federación Landaola dentro del proyecto «Landa Emakumeak Gara«.

Oda a la Melancolía

Oda a la Melancolía

Adoro tener un balcón (y una ventana) por donde admirar la melancolía durante los días grises.

Nunca pensé que era algo que pudiera estar en las características de un piso…

Mirar pasar las nubes con prisa,

ver como se desprenden las hojas de los árboles color ocre,

respirar hondo y encontrarme en la calma de esta, tan menospreciada, emoción.

En un mundo (o más bien en un sistema) de perpetuas sonrisas impostadas,

parece un privilegio (permitirme) conectar con la más bella de las tristezas a diario.

Transito una preovulatoria cansada.

Sigo en proceso de asentar la obra/mudanza y lo vivido los últimos 4 ciclos.

Han sido miles las decisiones tomadas. Ha sido realmente agotador.

Esta fase “normalmente”(¿era antes, quizá?), no soporta(ba) este estado de conexión con lo que fue.

Ella es/Yo soy toda vida,

rellena de estrógenos que chisporrotean y que a veces, queman mi diafragma.

Sin embargo hoy es domingo, el día del Silencio,

llueve y tengo una cierta sensación de resaca.

Si, ayer bebí champán y celebré con mis amigas que hemos llegado a nuestra nube-propia.

Los ojos se me entrecierran en este mediodía lluvioso.

Es otoño, y el paisaje que veo, en donde también poco a poco me enraízo,

es absolutamente premenstrual.

Si algo sé de mí es que lo de “afuera” tiene efectos rápidos (y determinantes) en el “adentro”.

A veces, demasiado rápidos, y a veces también, demasiadas veces.

Pienso que la nostalgia de lo efímero de la vida, en realidad, siempre esta ahí.

En todas las fases internas, y también en los ciclos externos.

Solo que conectar con ello no es sencillo. No esta bien visto.

Y tener el espacio y la energía para ello (para Ella), no es nada habitual.

La mía asoma cuando el fuego se convierte en brasa,

y normalmente, hay demasiado aire en el ambiente (sobre todo en Preovu).

En Premen es diferente, el viento es más suave, y la quietud algo mayor…

He escrito varias veces sobre “las capacidades premenstruales”,

Sin embargo, aún no he conseguido publicar ninguno de los textos.

Porque aunque siento que la Premen es una reina y tiene muchos puntos fuertes (muchos!),

he sido juzgada de sensiblera demasiadas veces.

Me he sorbido los mocos y he ocultado las lágrimas desde que tengo uso de razón.

Ahora, la tristeza se expresa en mí con (mucha) más calma.

Agarro a la melancolía de la mano, y nos sentamos en el sofá a teclear y a beber infusión.

Diría que en momentos como este,

incluso soy capaz de sentir cierto gozo dentro con Ella a mi lado.

La escena es suave, con olor a regaliz y con las retinas acuosas sin razón aparente.

“Lo que el mundo necesita son hordas de premenstruales” – aún resuena en mi esta frase que un día dijo Erika.

Mi abanderamiento premenstrual de progesterona libre (y liberada),

sigue marcando lo que sale de mi boca en cada ocasión que hablo sobre ciclicidad.

Añadiría, para ti que me lees, que estas hordas de mujeres* lo hiciéramos dejando salir la rabia,

la tristeza y si es necesario (que suele serlo),

que fuera desplegando la fuerza de unas heridas que necesitan y reclaman mucha agua de mar.

Y por supuesto, permitiendo y ensalzando el ansiado descanso nostálgico,

de quien mira una vida que ya fue.

Aspirar a una felicidad eufórica, ansiosa, que no permite la observación ni el párpado,

saboteada con cientos de imágenes hegemónicas e instragrameras

que desgastan nuestros cansados irises con colores y poses artificiales,

me parece uno de los más absurdos quita-vidas que el capitalismo nos ofrece.

Si tengo que elegir, siempre preferiré la calma de la melancolía,

la oportunidad progesterónica de un respirar hondo,

y la introspección calentita arropada (por mi misma).

Incluso aunque a veces, sienta que estando ahí/así no existo.

Y es que ahora que lo pienso, creo que a veces, no existir es bien.

14 de noviembre del 2021. Preovu día 7

Transformando desde los lodos

Transformando desde los lodos

Desde finales del curso pasado no he parado de darle vueltas a la palabra T R A N S F O R M A C I Ó N.             Sobre todo, porque me acontecen un par de procesos de re-ubicación que estamos transitando en las estructuras en las que participo, y mi teoría (que cada vez tengo más clara) es que hay dos formas de organizarnos: de modo jerárquico y siguiendo las tan conocidas (y dolorosas) formas del modelo Homo Economicus (HE en adelante), o las que van caminando hacia la horizontalidad queriendo re-construirnos en eso que hemos denominado Humana Socialis.

Para esta segunda opción, y como te cuento en este post, hay que quitarle el brilli-brilli al asunto (y a la palabra) y estar dispuestas a enfangarnos hasta arriba, o más bien, hasta el fondo. Partiendo de nosotras y yendo a ver las mierdas de lo que, por inercia, quedan también debajo de las alfombras de lo que construimos colectivamente. (En el anterior post titulado “Carta abierta a Remedios Zafra” (lo lees aquí), también te contaba sobre este tema).

Todes soñamos con una transformación real, tangible, de cuerpos y realidades-ficciones más tiernas y cuidadas. Pero, ¿Cómo podemos hacer esto?, ¿Cómo podemos crear estas otras realidades y que realmente sean transformadoras? ¿Qué narices significa esta palabra, y qué se esconde entre esas 14 letras? ¿Hay demasiado brilli-brilli siendo el tema algo mucho más fangoso? A esta última pregunta yo respondo rotundamente que .

 

Discursos (no) acuerpados: De fuera hacia dentro y viceversa

Es verdad que hay palabras que dicen más de lo que activan, y aunque necesitamos los marcos teóricos que definan (de la forma más atinada posible) los lugares de actuación, el peligro es que nos quedemos dándoles vueltas (yo la primera, que sabes de sobra lo mucho que me gusta pajear, …) a los discursos revolucionarios, a los ensayos que pretenden contener la Vida, a los panfletos y documentos que quieren, por ejemplo, salir del capitalismo, pero que no han revisado cómo opera este sistema, tanto en el nivel más macro (esto suele ser más sencillo porque lo vemos “fuera”), como en el nivel más micro (¿Cómo es tu Homo Economicus? ¿Lo has mirado de frente y sabes que hábitos y formas (te) acompañan a perpetuarlo?).

No habrá transformación sin ensuciarnos. No habrá cambio sin bocetos, ni pinturas corridas. No haremos nada nuevo si no somos capaces de pararnos a mirar con detenimiento el cuadro guarreado que tenemos delante (y dentro) y sin que le (nos) saquemos los colores. Puede haber propuestas de purpurina que parezcan muy molonas, pero seguramente, el sitio de donde parten (esos lagos en calma aparente y rellenos de “bienestar” que son el paisaje que el capitalismo nos quiere seguir vendiendo) será muy similar a lo ya conocido, y que de base, tiene muy pocas posibilidades de ser realmente transformador.

Nadando en los fangos (propios y colectivos) y procurando no hundirnos

Como te digo, queremos relacionarnos de “otras formas”, y queremos que nuestros proyectos, emprendizajes y estructuras también (nos) contengan (en) estas formas. Sin embargo, (me) observo atónita cuando queremos (y nos auto-exigimos) que esto esté “estable y definido” ya mismo. Que sea un nuevo lago de aguas cristalinas inmediatamente. Como si tuviéramos una varita mágica a la que le pedimos un deseo y nos lo concede: “Quiero que el capitalismo, las relaciones capitalistas y mi HE desaparezcan ya!”.

No, amiga, seguro que sabes de primer cuerpo, que no es tan sencillo.

No olvidemos que querer vivir en un “producto acabado y si puede ser bonito, mucho mejor”, es una de las características base del capitalismo más rancio. Por lo que creo, que la transformación como tal, trabajar en ella, para ella, con ella, conlleva un aprendizaje complejo pero que puede resultar revelador para la Vida en este siglo que nos ha tocado vivir: Aprender a nadar en los fangos de las pruebas-error que no siempre salen como nos gustaría, y en las que además nos ensuciamos hasta arriba.

Es un camino de interrogantes que pinchan y que al mismo tiempo, invitan (y motivan) a ser resueltos. Es una apuesta por la incertidumbre. Es un ir “hacia adentro” para ver los pegotes violentos que han ido instalándose a base de años de capitalismo intravenoso, y reconocerlos, mientras que accionamos “hacia afuera” para que esto se convierta en transformación. Y esto es complejo, y a veces, en vez de un único charco de lodo, puede parecer un desierto entero lleno de arenas movedizas fangosas. A mí suele pasarme esto… y es bastantes desolador…

 

Rescatando perlas, que a veces no brillan tanto

A veces, entre brazada y brazada asoma una orilla de arena brillante en la que el sol nos acoge gustosamente. Nos tumbamos a respirar, a gozar, a descansar, a compartir como han ido los últimos (kilo)metros de travesía. A ponernos unas medallitas que nos den la alegría para seguir el camino. ¡Porque nos lo merecemos, faltaría más!

Otras en cambio, las aguas se vuelven oscuras, muy oscuras y parece que vas a ser engullida por la espesura. A mí me pasa sobre todo en Premen, y a veces, también en Preovu. En ocasiones, te hundes más y más con cada intento de asomar la cabeza. Pero sabes de sobra, que no habrá flotador que te salve, sabes, que “la salvación” la encontrarás abajo, bien abajo. Dentro. En los abismos que aguardan en tus vísceras. Entonces, te rindes y caes sin que haya otra opción.

Allí abajo, puede ser (ojalá) que rescates alguna perla, alguna revelación. Puede ser que te des cuenta que has vuelta a caer, que el sistema te ha vuelto a pisar la cabeza, que tu HE ha vuelto a ganar. Quizá (ojala), los tesoros que halles allí te den el impulso para volver a la superficie, quizá (ojalá), esas revelaciones te den la alegría (y la fuerza) de querer seguir nadando, y de hacerlo en el fango cuando toque. Porque el fin lo merece. ¡Las Humanas Socialis (en prácticas) ya estamos aquí!

 

De mayor quiero ser nadadora de ciénagas

Hace ya unos años que sé que quiero estar al servicio de la transformación. Y de paso, transformarme con Ella. Y tengo la alegría de escribir que así está siendo. No ha sido una decisión consciente, más bien diría que es donde mi curiosidad y mi no-conformidad con la vida que nos venden los anuncios, me han traído.

Ya son varios años los que llevo trabajando en proyectos molones y transformadores. Creando (en relación) estructuras “nuevas” que pretenden ser formas alternativas de organización para esa Vida que ansiamos. Mi última revelación en cuanto a cómo llevar el camino de frustraciones en el que a veces deviene esto de crear, es convertirme en vecina de Fiona y Shrek, y aprender a nadar en los lodos.

¡Quién sabe!, los lodos son medicinales y hacen que la piel se nutra, ¿verdad? Quizá incluso podemos hacer travesías comunitarias al gran abajo, y después, tumbarnos embarradas a secarnos al sol, para que estos barros nos dejen las pieles tersas, renovadas y sobre todo, transformadas. ¿Te vienes de excursión?

 


*La imagen de este post es la interpretación de mis abismos. La he pintado yo 🙂

Carta abierta a Remedios Zafra

Carta abierta a Remedios Zafra

Queridísima Remedios:

Discúlpame por comenzar con un adjetivo (quizá) exagerado. Tu no me conoces, pero para mí eres una amiga que me ha enviado un montón de cartas que he tenido el placer-incomodo de leer, y también, en las que descansar. Llevo este agosto de perpetuas nubes grises leyéndote por Euskal Herria, y mientras, de forma casi obsesiva, veo videos y entrevistas en las que te pongo voz y movimiento. Al volver a ‘Frágiles’, siento que eres tú misma quien me lee las cartas. Y me siento acompañada y agradecida al escucharte.

Acabo de terminar el libro. Justo ahora. Hoy, en este 16 de agosto del 2021. En Irun, Gipuzkoa. Aunque también me he llevado tu última obra de ‘vacaciones’, a Cantabria. También un norte con poco sol en el que la luz ha llegado a través de tu libro. En este lapso de tiempo, en este parar que me he concedido y para el cual la negociación no ha sido sencilla, he degustado cada una de las hojas que nos has compartido con el cariño de quien sabe sobre alguien muy cercano.

Primero de todo, quiero agradecerte profundamente tu trabajo, la lentitud, las siempre acertadas palabras y también a todas esas personas creativas que han querido compartir contigo sus historias. Nuestras historias al fin y al cabo.

Hace 2 veranos leí ‘El Entusiasmo’, recuerdo que fue un puñetazo en toda la tripa, y recuerdo también la liviandad de saber que (muchas) más personas están en este caos-vida del trabajo-vida creativo que yo transcurro. Me quedé hipnotizada por tu forma de hablar, de plantear las preguntas y también de la claridad en las definiciones filosófico-prácticas que nos muestras. No se me ocurrió escribirte, pero en esta ocasión, y después de mandar callar a todas las voces de mi cabeza que me empequeñecen, he querido hacerlo, y aquí estoy.

No quiero quedarme en este escrito haciendo de grupie (cosa que se me da muy bien), me gustaría contarte sobre lo que me ha llegado, lo que me ha atravesado y lo que en estos días de “pausa” me está latiendo con fuerza en algún lugar entre el diafragma y el útero. Creo que es la esperanza volviendo a brillar, siquiera un poquito, como una vela pequeñita que es prendida por una-otra fuerte mecha.

El tiempo se ensancha cuando una está de “vacaciones”. El vacío de quehaceres se me vuelve abrumador los primeros días, después, el tiempo se ralentiza, y aunque mi jueza interna me increpa sobre “lo poco productiva que estoy siendo”, puedo responderle que son los días que “me corresponden” para parar. Esos días “libres” en los que salir de la habitación propia conectada se vuelve imprescindible y casi de una obligatoriedad hegemónica. ¿Cuándo conquistaremos la vida que sea gozosa, en la que teniendo unas condiciones dignas quede tiempo para el arte de la Vida y para jugar con lo que nos entusiasma? Aquí a veces, en esta pregunta, la esperanza se me fuga muy lejos. Tengo una amiga que me suele recordar que tenemos que tener paciencia estratégica y saber, que nuestras “luchas” son como las de los Zapatistas, para dentro de 500 años.

Para mí esta escasa semana que he pasado fuera (y lejos de mi habitación propia conectada) ha sido una frenada en seco. Hemos estado en un camping y una relevación que se me ha mostrado en este ecosistema en el que la vida (también) íntima se da sin paredes, es que no se pueden hacer dos cosas al mismo tiempo. Si toca ir a fregar, eso haré, si apetece tumbarse a escribir, eso haré. El no-tiempo, que no haya relojes ni pantallas, comer cuando hay hambre, dormir cuando el cuerpo lo pide, me parece lo más subversivo y revolucionario de estos tiempos hiper-productivos. Puede parecer frívolo y privilegiado, pero desde mi norte precarizado y a mis treintaytantos, así lo siento. Sin embargo, convertirnos en caracol (o que uno nos habite en la cabeza) creo que es un proceso más lento y el cual requerirá de una adaptación que, obviamente, no he tenido el tiempo de hacer. ¿Lo tendré algún día?

En las rutinas obviamente, las cosas son bien diferentes. Yo trabajo desde casa (o como ahora se dice, teletrabajo) desde hace 6 años. Le pillé el truco (o esto diría) antes de que fuera (casi) obligatorio. Fue complejo y aún lo es. Fue muy jodido durante el confinamiento, como para muches, los tiempos de trabajos, empleos y proyectos no cesaron en los casi 4 meses. Aún a veces, oigo gritar a la lavadora y otras, el reloj me dice que prepare la comida. No hay entonces un lugar del que salir, y esto se me hace más complejo cuando, como ahora, mi despacho no desaparece por muy en rojo que estén marcados los días en mi calendario. Estaría guay hacer desaparecer a momentos estos lugares de teclados y carpetas, aunque atravesar el mono, no molaría nada.

Estos días, en plena premenstrual y con tristeza pos-vacacional, me siento sola. Es curioso como estando trabajando, incluso estando prácticamente sola (físicamente) en mi día a día, me siento acompañada. En realidad, cuando hablo entre mis cuatro paredes (o en mi nido de creación como me gusta llamarle) únicamente es Maia, mi Compa peluda la que me escucha. Pero sé, que detrás de cada email que recibo, o de cada llamada, de cada comentario en algún post de alguna red social, hay alguien que me piensa, que me tiene en cuenta y que le interesa lo que hago.

Doy un paso atrás con este “le interesa lo que hago”, que no, “le interesa quien soy”. He cruzado la línea de la auto-explotación varias veces (y muchos más en las que no he sabido nombrarlo), y aunque me mantengo alerta, temo verla acercarse más y más cada vez, como si sintiera que sin ella, sin la impostura y el dolor que vienen de su mano, dejaría de existir, y ya a nadie le interesaría lo que hago y mucho menos quien soy.

Es curioso porque en realidad, todos los proyectos que sostengo (menos uno, el mío propio, y el blog en el que escribo) son colectivos y comunitarios. Y es verdad que aunque a veces nos vemos en reuniones (últimamente en formato video-llamada) o eventos, mi día a día es más bien solitario. Sobre todo en lo que tiene que ver con mi mundo emocional. Tan denostado aún en la mayoría de los casos, que mostrar la bandera de la fragilidad, la vulnerabilidad, el error, el cuerpo o los lodos, resulta en sí mismo todo un acto de valentía que a veces, siento que no compensa.

Una de las últimas cosas sobre la que quise escribir antes de terminar el curso fue sobre lo que implican los trabajos transformadores. Después de leerte, creo que podemos meterlos en el mismo saco que los trabajos creativos porque al fin y al cabo todo lo que es creativo pretende transformar, y todo lo transformador es en sí mismo creativo. Después de 9 meses intensos, con muchos vaivenes y muchas complicaciones, pensaba en que trabajar en cualquiera de estos proyectos (yo participo/sostengo 4 de 2 ámbitos diferentes), implica saber nadar en los lodos y en el fango. En mi caso, en 4 océanos llenos de interrogantes que pinchan al mismo tiempo. Uso mucho la metáfora del ‘charco’ para definir los lugares oscuros y complejos, las tensiones, los (posibles) conflictos, y en definitiva, todo aquello que nos puede llevar al factor error o a la idea del fracaso. Entonces, a finales de junio, ensayaba con la idea de que aprender a nadar ahí, en esas ciénagas llenas de posibilidades y, como dice Preciado “ficciones más tiernas”, es una cualidad indispensable para querer trabajar o dedicarle la vida a los procesos de transformación que sean emancipadores. A veces, boqueamos sin escapatoria hacia esas calles sin salida, otras, encontramos islas habitadas por Compas en las que compartir y descansar. Para mi calma, escribí también que cuando estoy exhausta, puedo (y debo) tumbarme en las orillas viscosas y dejar que los lodos me hidraten la piel. Ahora, añadiría la idea de cerrar el parpado y navegar en mis adentros sin prisa. Aunque en estos tiempos que parecen suceder a contrarreloj, esto se me antoja casi una quimera…

Estoy premen como te he comentado. En pocos días llegará la sangre y todo volverá a comenzar, o así me lo cuento yo. Esta fase es el auto-ensayo que más interesante me resulta en este investigar la vida (mi vida y la de otres) en cíclico. Aquí surgen los abismos olvidados, las dudas existenciales, los dolores postergados, en este momento en el que mi cuerpo es inundado por progesterona, la fragilidad se vuelve montaña y a veces, se me cae encima, convirtiendo en acantilado cualquier atisbo de esperanza que hubiera podido cultivar. Intuyo, que la vida de un cuerpo en proceso de enfermedad, ha de ser bastante así muchas veces…

Suelo recordarme los diversos mantras que me he ido instalando en mi software en incesante actualización (que si “esto también pasará”, que si “la vulnerabilidad es política”, que si “solo lamiéndonos las heridas podremos seguir adelante de otras formas”…), aunque en realidad, con escucharme, acogerme, descansar, permitirme el parpado y, si es necesario, validarme en relación, es más que suficiente. Diría que esto último es lo que me resulta más complejo de todo lo que planteas. ¿Cómo hacer que nos crean (y creernos!) cuando hablamos (e intentamos vivir) en la no-prisa, en el hacer-profundo, en el respirar para seguir manteniendo la esperanza de estar vivas y juntas? No hablo de un ‘creer’ dogmático, más bien de uno inspirador, de un validar-me, de ese contagio del que también hablas en el libro y que en mi opinión, es una pieza fundamental en todo esto. Vivas y juntas. Amarradas para bajar a los pozos, descansando en Isla Ternura o en Playa Esperanza.

Los nuevos imaginarios serán cuestionados (y cuestionables), o no serán. Y ahí, en estas preguntas que aún tengo por hacerme, que aún tenemos por hacernos radica en mi opinión la esperanza. Una que por supuesto es trasformadora y que además, contamos con las condiciones para que pueda llevarse a cabo políticamente. Con medios y recursos para ello. Porque de estos nuevos imaginarios, nacerán las ideas y las praxis que nos cuiden y nos hagan sabernos acompañadas, no únicamente a través de nuestros cuartos conectados, sino también, haciendo barrio, comunidad de cuidados, aprendiendo juntas, bailando, incluso, aunque esté prohibido.

Me he preguntado muchas veces para qué mantengo mi blog, para quién escribo esa newsletter que procuro quede amable y cercana, que por qué “pierdo el tiempo” juntando letras y dándole a ‘Nuevo-Crear documento’ una y otra vez. Sé que la visión de esa nueva cultura que estamos creando juntas es importante, y hace tiempo supe también que todas las voces son necesarias. Hoy, al terminar tu libro me reafirmo en ello. Teclear, escribir, sacar fuera de mí y ponerme letras, me salva, me ordena y me da el entusiasmo que necesito para seguir manteniendo presente esa esperanza que es oxígeno.

Ahora que con pena he pasado la última hoja del libro, sé que tengo que revisar las sábanas que tengo encima. No creo que lleguen a 500 pero son bastantes. Hoy, lunes, me queda una semana antes de volver a empezar para preguntarme sobre lo que llevo encima, sobre los tiempos, sobre quién soy si me despojo de cada uno de mis proyectos creativos, sobre quién hay debajo de tanta sábana, y también, sobre las cosas que cultivo más allá de lo productivo, como el taichí y las personas (y seres) amadas con las que comparto mi vida. Estoy segura que se me va hacer más sencillo (y sobre todo menos solitario) después de haberte leído, y de saber, que tanto tú como otres estamos en el mismo camino.

Nos vamos encontrando entonces en bosques silenciosos y playas tranquilas, en los placeres de la vida, y también en los lodos de los trabajos precarios. Sea nadando o sea tumbadas en la orilla dándonos los parpados necesarios para reflexionar y retomar la alegría con la que seguir entusiasmadas, dejándonos llevar por eso que nos atrapa. Eso sí, esta vez, que el arrastre sea encima de una nube que nos acaricie al pasar.

Te mando un cálido abrazo, Remedios. Y una vez más, gracias infinitas por tu trabajo, y también por ser quien eres, más allá de lo productivo.

Con mucho afecto,

E.

 

Pd: Voy a publicar este texto a modo de ‘Carta abierta’ en mi blog. Con ello, pretendo, al igual que tú, que nuestras intimidades sean artefacto político con las que seguir dándonos pistas en estos caminares transformadores y creativos. Otro abrazo 🙂


*Aquí tienes la web de Remedios Zafra en la que encuentras todas las referencias a sus libros y trabajos.

**La imagen de este post es de Bruno Pontiroli. Es la imagen de la portada del libro ‘Frágiles, cartas sobre la ansiedad y la esperanza en la nueva cultura’.

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