Ya ha llegado noviembre, y durante octubre no ha habido post. ¡Oh, Diosas! ¿Cómo ha podido ser? No he tenido energía, octubre ha sido bastante oscuro, y, ¿acaso voy a venir (otra vez más) a contarte lo sombrío de los abismos?

(¿Cómo estás tú, queride? ¿Qué tal te está yendo durante estas semanas movidas? No lo digo yo, lo dicen los astros. Hoy, día en el que tecleo, 8 de noviembre, Venus sigue en el inframundo, tenemos un maravilloso eclipse de luna en Escorpio, y más cosas que no soy capaz de contarte. Pero vaya, que la fiesta astrológica está servida… te invito a que, si te resuena, investigues. Para mi aprender a mirar el cielo oscuro, está siendo una de las experiencias más bellas y esclarecedoras de los últimos años).

Pues parece que si, que venirte a contar sobre lo que no se ve, es lo que único que puedo hacer. Eso sí, prometo hacer un intento de resignificación. Darle un giro. Contarte sobre mi proceso de hacerme un txokito (huequito) cálido y mullido allí donde la luz del sol no llega. O de como abrir paso a los rayitos que se cuelan para recordarnos que seguimos palpitando.

He intentado escribir múltiples veces estas semanas, la disciplina que tengo hacia mí con este proyecto, y hacia ti que me lees, pretende ser tierna y al mismo tiempo, está llena de compromiso. Si (me) digo “una vez al mes publicas un artículo”, lo hago o me enfado mucho. En realidad, como sabes, aunque este es mi juego (el que me acompaña a aprender a nombrar-me y a practicar la escritura como el arte que es), es un juego muy serio.

Ha sido mi querida amiga E. (compañera de relatos estelares y paseos entre lodos) la que me ha dado en la tecla. Ella, en este tiempo en el que estamos compartiendo un nuevo trozo de tramo-vida hablando mucho sobre lo que acontece en el cielo, me insiste en que vea la importancia que tiene nombrarme y decirme en mi camino. Con ella he sabido que tengo 2 núcleos de encuentros en mi carta natal muy determinantes para esto de “resignificar la oscuridad”.

El club de los Señoros…

Tengo a Marte, a Plutón y a Saturno en Escorpio. Los tres muy cerca entre ellos. Y para entenderme de que parte de misma estoy hablando, he decidido llamarles “el club de los señoros”. Marte, dios de la guerra, Plutón, dios de la muerte y Saturno, jefazo de los límites y de la autoridad, campan a sus anchas por el signo de lo profundo por excelencia: Escorpio. Cuando descubrí este pack de dureza, complejidad y oscuridad (innata) en mi carta, con todo el sarcasmo liberador de unas buenas carcajadas, me autodenominé “Reina del inframundo”. Luego, además, supe que mi Venus de nacimiento, está también en el inframundo (ejem).

…y la pandi de les que abren las brechas para que entre la luz

En Cáncer, sin embargo, y compensando la fuerza oscura (que no chunga como te contaré un poco más adelante), tengo al Sol, a Mercurio y a mi querida Venus (inspiración absoluta de estas últimas semanas). Este trío traería las palabras, la compasión, el arrope y el acompañamiento que también están en esto de caminar hacia (o en) El Buen-Vivir. Que, como sabes, es faro y horizonte para mis pasos.

La oscuridad como parte de lo no-visible (y de lo invisibilizado)

Quizá necesitaba articularlo (hacerlo, hacerme artículo) para comprender que es lo que ya llevo tiempo haciendo. Obvio que es más fácil hablar de los trabajos de cuidados tan poco valorados en nuestra sociedad o de como el capitalismo se sostiene en la reproducción de la vida que hacemos (mayoritariamente) las mujeres*, que contarte que la oscuridad que sientes en tus entrañas tiene un sentido.

Da miedo, pero está ahí, aquí dentro. Teóricamente, podemos hablar de que sin oscuridad no hay luz, o del Yin-Yang, o de lo que sea. Pero amige, tú y yo bien sabemos, lo complejo que es atravesar con todo el cuerpo ciertos procesos que implican mirar de lleno (y oler, y hasta saborear) la mierda podrida que tenemos en nuestros patrones, actitudes y formas de relacionarnos, con nosotras y con las demás personas. ¿Verdad? Pues eso.

Premen y Ereshkigal

En verano Paula (AQUÍ tienes más info sobre su trabajo), astróloga-tremendamente-inspiradora con la que estoy transitando camino, me propuso escribir ‘algo’ para compartirlo con el grupo de Venus. Y me salió de las entrañas escribir sobre las similitudes de la Premen, como fase oscura y llena de perlas de nuestro ciclo, y Ereshkigal, la (verdadera) Reina del inframundo, hermana de Inanna y complementaria a ella.

No me voy a liar más con esto, solo te diré que volví a tener la oportunidad de ver que lo mío va de poner luz donde está oscuro.

El texto se convirtió en audio, y si te interesa profundizar, lo encuentras AQUÍ.

Que no se apague la mecha, y que la linterna no se quede sin pilas

En este tiempo estoy sabiendo que la cosa va de aceptar que en todo esto hay una especie de misión para mí. Que no soy extra-sensible (o igual si y esta bien), que no lloro “tanto” por capricho, que lo oscuro no está valorado y, por tanto, darle el valor que tiene es un trabajo extra. Que no soy una pincha globos y que no tengo un problema por no saber divertirme en esa superficialidad que tantas veces es máscara de plástico.

Que a mí lo que me mola es escarbar, llenarme las manos de lodo, darme contra alguna piedra que no he visto de vez en cuando, indagar en aquello no visible (que muchas veces es no-vivible y, por tanto no vivido), y si se puede, hacerlo habitable, darle un sitio en lo que somos. En este tiempo, también me he autodenominado “Antropóloga abisal”, porque además de estar aprendiendo a ver (o intuir, o aprender a leer con la luz apagada) mis propias mierdecillas, también soy capaz de ver las de otres, las del sistema, y esto último, creo que no tengo que justificarlo más (si tienes dudas, puedes repasar los artículos del blog donde creo que queda confirmada mi “afición” por lo oscurito).

Resignificando la oscuridad

Paula nos recuerda una y otra vez que solo si entierras una semilla en la oscuridad, debajo de la tierra, en lo más profundo, será que esta muera, para dar paso a que nazca lo que ha de nacer.

Así, con todo esto, decido invitarnos a resignificar la oscuridad. Saber que son procesos-túnel en los que, si nos damos el tiempo y la presencia, aparecerán las perlas que serán nueva pila para la linterna, y nos darán la mecha y la fuerza-tierna que necesitamos para seguir latiendo llenas de la alegría de quien se sabe Viva.

Considero que solo así (mirando de frente) podremos dejar atrás actitudes violentas, formas de funcionar llenas de inercia (y muchas veces inertes) que nos hacen sufrir, y todas esas mierdecillas que, muchas veces, ni siquiera son nuestras-nuestras, es decir, que las hemos aprendido o las traemos “de serie” de los siglos y siglos de este fucking sistema patriarco-capitalista-neoliberal-etc.

Para estas expediciones (que como bien sabes, llegaran si o si), si puedes, te recomiendo siempre tener a mano tu mochila de herramientas y tu red de Compas. Sin ellas nada sería posible. Porque (también o sobre todo) la oscuridad, da mucho menos miedo con ellas, con elles cerca.


*La imagen de este texto es un mandala que creé (y pinté) durante un proceso de enfermedad que pasé a comienzos de este año.