Escuchaba (y leía aquí) a Ana Carrasco (filósofa) decir que no estamos mirando desde el presente, que nuestros miedos (todos ellos normales dadas las circunstancias y de los que no deberíamos querer huir, sino más bien conocer y acoger), nos cierran. Nos bloquean la(s) posibilidad(es) de imaginar de qué formas podemos (re)hacer la Vida (también social) en estas circunstancias. De qué formas podemos crear Posibles cuando lo que desde fuera, por medio de restricciones y limitaciones, únicamente lo que nos están indican son los no-posibles.

Llevo mucho tiempo (seguramente desde el principio de este tiempo-extraño) con ganas de poner encima de la mesa, o en un post como es el caso, algunas de las ideas sobre lo que observo que estamos perdiendo. No soy negacionista ni ninguna de esas cosas que se están diciendo para avivar los bandos y las polaridades. Soy constructora de puentes, y desde aquí, creo que no perder de vista lo que se nos está perdiendo (lo que estamos perdiendo), nos ayude a no olvidar, y quizá a transformar(nos).

Si somos capaces de respirar y seguir integrando (lo que a todos los niveles nos está atravesando), quizá sea el momento de ponernos a imaginar esas-otras formas con las que seguirnos nutriendo y disfrutando de la Vida. Porque imaginación y creatividad, te prometo que nos quedan. Una buena forma de ejercitar esto, es dejar de pensar en todo- lo-chungo-todo-el-tiempo, y dedicar unos ratos a esas ficciones más tiernas que necesitamos (como el) respirar.

 

Cuerpos y distancia social

Si bien es cierto que hay mujeres* a las que he leído aliviadas por no tener que dar dos besos a alguien que se encuentran por la calle (cosa que entiendo perfectamente), considero que una de las cosas más potentes que estamos perdiendo es el acercamiento físico. Ya no hay abrazos espontáneos (y queridos) con alguien que te encuentras por la calle…

Socializar está complicado y esto me hace tener la sensación de que una “nueva” ola de individualización (que en mi caso tenía bien observada y he trabajado durante años para romper la coraza), aprisione las almas solitarias que, como yo, teclean o se miran con pantallas de por medio.

Somos seres sociales, y sin esto, sin cuerpos cerca a los que poder oler, tocar, respirar, es probable que nos estemos sintiendo tristes y perdidas. Un Posible-posible (valga la redundancia) podría ser mantener tu red de cuidados cerca. Quizá se haya reducido el círculo (y es bien), sin embargo mantenerlo y crear protocolos y estrategias para no perdernos y poder abrazarnos (mucho), se torna imprescindible.

 

Mascarillas y emociones

Aunque dicen que los ojos son el espejo del alma, sin una cara que los contenga, que los exprese en profundidad, son solo dos bolitas que se mueven un poquito hacia arriba al sonreír. Yo, ya me he sacado varias fotos “oficiales” con la mascarilla puesta y sonriendo debajo. Muy curioso esto.

También he participado (en modo dinamizadora y en modo alumna) en varios talleres-encuentros durante estos meses. Considero que el borrado que con estas se realiza del lenguaje no-verbal, las emociones (nuevamente y esta vez de forma novedosa), quedan ocultadas e invisibilizadas. Ya nos estaba costando darles un hueco en este sistema productivo y profundamente racional, y ahora con esto, parece que nos han vuelto a “ganar”.

La conexión con las emociones y poder expresarlas (y no hablo solo de la alegría, hablo por supuesto también de la tristeza y el enfado), así como los abrazos, la ternura de un gesto o una sonrisa cómplice, desaparecen en este tiempo covídico. Un Posible-posible podría ser crear núcleos de personas con las que puedas quitártela, y respirar. En todos los sentidos.

Otro Posible-posible, puede ser esta mascarilla que me han regalado hace poco. Además de que se respira de maravilla, estoy feliz, porque voy por la vida recordando(me) que las emociones son políticas.

 

¿“Salud” significa solo PCR negativo?

Han pasado ya más de 7 meses. Y en el trascurso de este montón de días pandémicos, hemos vivido cientos de situaciones no vividas anteriormente, y hemos tenido que tomar decisiones que no hubiéramos podido imaginar unos días antes de que esto estallara.

Hay una cosa que me llama la atención desde el día 1, y que a medida que pasan los meses, (temo que) se nos esté cristalizando. Las que como nosotras trabajamos en la cultura menstrual, sabemos muy bien que temas como el hiperestrogenismo (dícese de una sociedad en la que la velocidad, los tóxicos de los alimentos y del aire, el estrés, etc. hacen que nuestros cuerpos produzcan cantidades elevadas de estrógeno, hormona que eleva el nivel de activación y que repercute en nuestros ciclos), no han desaparecido. De hecho, esta situación en si, es estrógena, por lo que seguramente habrán aumentado.

Esto no es inocuo, de hecho es muchísimo más determinante (sobre todo para los cuerpos menstruantes) de lo que podemos imaginar. Y en este tiempo en que “salud” parece ser únicamente sinónimo de PCR negativo (cosa que obviamente también lo es para el sistema), no podemos olvidar todo ese montón de cosas que siguen haciendo que mal-vivamos. Un Posible-posible es recordar esto: no dedicar tanto tiempo a mirar datos confusos e (des)información apocalíptica, e investigar más en todo-lo-demás que sigue pasando.

 

 

Me estaba quedando un post larguito, y he decidido que tendrá parte 2, en la que te contaré algunas de mis revelaciones en este tiempo-extraño. ¡En breve en sus pantallas, queridas! De momento, ¿nos cuentas qué otras cosas te parece que se nos están perdiendo y que estamos perdiendo? ¿Nos compartes tus Posibles-posibles, y las estrategias que esta(i)s desarrollando para no olvidarnos? Deseando leerte 🙂


*La ilustración de este post es de Txakur Gorria, realizada para el artículo del Berria «Iraungi» (Si lees en euskera, te lo recomiendo mucho. Eskerrik asko, M. partekatzeagatik ^^)