Soy consciente de que llevo meses sin bajar (aquí) abajo.

Aquí dentro, hondo, suave.

Alguna ola me ha llevado a naufragar a alguna orilla interna,

pero no he sentido que el tiempo actual haya sido propicio para la excavación activa.

 

Algo me dice que El momento va volviendo a llegar…

Sinceramente, temo las nuevas grietas que hayan podido abrirse,

creo conocer algunas, intuyo otras. Otras, las he pensado mucho, pero no las he sentido.

Soy consciente de que todas estas semanas sin bajar,

habrán creado nuevos surcos y senderos,

caminos empinados y quién sabe, si barrancos infinitos.

Sé también que la ovulatoria (en luna llena) que transito,

no suele ser la mejor aliada para las excursiones a tierras abisales.

Suele ser tiempo de subir, de aligerar.

Y eso estoy procurando(me) estos últimos días:

Bailar donde no es habitual hacerlo,

inventarme deportes propios,

arañar tiempos productivos para ocupar(me de) las sensaciones corporales,

darle tiempo a los palpitares que me regala la piel.

Respirar abriendo el diafragma.

 

Será quizá por esto, por poder sentir esta (breve) ligereza en mi,

que plantearme anclar las cuerdas y comenzar la espeleología,

me parezca una opción acertada.

Cuanto menos, un acto de prueba(-error) acogido.

 

Hoy, 1 de noviembre, día de lxs muertxs y lxs ancestrxs,

en el que, según Paloma Todd (inspiradora de Cielos, estrellas y arquetipos),

el velo que nos separa a lxs vivxs de lxs que no lo están, es más transparente y fino,

me pregunto si nosotras también, habitando este instante caótico,

habremos dejado a aquellas que fuimos detrás de una cortina de raso verde-primavera.

Me pregunto si seremos capaces de modificarnos,

si hacerlo es resiliencia u obediencia. (¿Alguien sabe donde esta la fina línea entre ambas?)

 

Estos días estoy anclada en una idea:

la de Los Posibles.

Así funciona mi mente, aquí no hay abismos,

las tierras de la exploración intelectual me hacen sentir en suelo firme.

Será la contundencia de la curiosidad incesante, o quizá,

lo interesante de saber que acontezco a la lluvia de (nuevas) fichas de este gran puzzle que somos.

 

Decía,

(definitivamente la ovulatoria y la coñoescritura son dignas de un estudio sobre la dispersión)

que temo saber, mirar de frente para poder acoger, (re)conocer las (nuevas) heridas de este tiempo.

¿Tienes miedo?

Yo también.

Me da miedo lo que se nos está perdiendo,

lo que estamos perdiendo.

Me da miedo ser abatida por la ansiedad de un futuro incierto,

y perder de vista así, Los Posibles (que merezcan la Alegría) del presente.

Esas acciones que nos da()n la capacidad, la Vida y el aire,

en definitiva de, siendo animales sociales (que sin esto moriríamos), socializar.

Esto, está pareciendo un problema de segunda, quizá lo sea,

aunque un escalofrió recorrió mi cuerpo al escuchar decir a un psicólogo,

que, o actuamos en relación a esto (también de forma prioritaria),

o la siguiente pandemia será la depresión.

 

Mi ovu pide cuerpos, risas, conversaciones, sensorialidad, gustosismo.

Un poco de jolgorio, bailar, palpitar, hacerse charco.

Y en tiempos pandémicos, todo esto pudieran parecer “caprichos hormonales”…

sin embargo pienso, que quizá me contagie de covid (o no),

pero mi salud mental-emocional-social, ya está en juego.

No parece que hoy sea el día de ir “más abajo”.

Rodeo la herida, le doy vueltas, sé que esta ahí.

La reconozco, la acojo, la observo curiosa.

Es bien así.

Sé que este tiempo que estamos viviendo no será inocuo para nadie.

Estar atenta de esto, saberlo, tenerlo en cuenta

(incluso aunque hoy no sea el día de reconocer los rincones ni la magnitud),

ya me da la sensación de poder dedicarme a generar esos presentes-posibles,

gustosos, ovulatorios, progesterónicos,

mientras sigo transitando este tiempo-extraño.

Observo con todo esto,

que a veces,

los abismos son oscuros y puntiagudos,

y otras veces, pueden parecerse más a las nubes de algodón de un atardecer de otoño cualquiera.

Ovu día 15. Domingo, 01/11/2020


*La ilustración de este post es de 72 kilos