Carta abierta a Remedios Zafra

Carta abierta a Remedios Zafra

Queridísima Remedios:

Discúlpame por comenzar con un adjetivo (quizá) exagerado. Tu no me conoces, pero para mí eres una amiga que me ha enviado un montón de cartas que he tenido el placer-incomodo de leer, y también, en las que descansar. Llevo este agosto de perpetuas nubes grises leyéndote por Euskal Herria, y mientras, de forma casi obsesiva, veo videos y entrevistas en las que te pongo voz y movimiento. Al volver a ‘Frágiles’, siento que eres tú misma quien me lee las cartas. Y me siento acompañada y agradecida al escucharte.

Acabo de terminar el libro. Justo ahora. Hoy, en este 16 de agosto del 2021. En Irun, Gipuzkoa. Aunque también me he llevado tu última obra de ‘vacaciones’, a Cantabria. También un norte con poco sol en el que la luz ha llegado a través de tu libro. En este lapso de tiempo, en este parar que me he concedido y para el cual la negociación no ha sido sencilla, he degustado cada una de las hojas que nos has compartido con el cariño de quien sabe sobre alguien muy cercano.

Primero de todo, quiero agradecerte profundamente tu trabajo, la lentitud, las siempre acertadas palabras y también a todas esas personas creativas que han querido compartir contigo sus historias. Nuestras historias al fin y al cabo.

Hace 2 veranos leí ‘El Entusiasmo’, recuerdo que fue un puñetazo en toda la tripa, y recuerdo también la liviandad de saber que (muchas) más personas están en este caos-vida del trabajo-vida creativo que yo transcurro. Me quedé hipnotizada por tu forma de hablar, de plantear las preguntas y también de la claridad en las definiciones filosófico-prácticas que nos muestras. No se me ocurrió escribirte, pero en esta ocasión, y después de mandar callar a todas las voces de mi cabeza que me empequeñecen, he querido hacerlo, y aquí estoy.

No quiero quedarme en este escrito haciendo de grupie (cosa que se me da muy bien), me gustaría contarte sobre lo que me ha llegado, lo que me ha atravesado y lo que en estos días de “pausa” me está latiendo con fuerza en algún lugar entre el diafragma y el útero. Creo que es la esperanza volviendo a brillar, siquiera un poquito, como una vela pequeñita que es prendida por una-otra fuerte mecha.

El tiempo se ensancha cuando una está de “vacaciones”. El vacío de quehaceres se me vuelve abrumador los primeros días, después, el tiempo se ralentiza, y aunque mi jueza interna me increpa sobre “lo poco productiva que estoy siendo”, puedo responderle que son los días que “me corresponden” para parar. Esos días “libres” en los que salir de la habitación propia conectada se vuelve imprescindible y casi de una obligatoriedad hegemónica. ¿Cuándo conquistaremos la vida que sea gozosa, en la que teniendo unas condiciones dignas quede tiempo para el arte de la Vida y para jugar con lo que nos entusiasma? Aquí a veces, en esta pregunta, la esperanza se me fuga muy lejos. Tengo una amiga que me suele recordar que tenemos que tener paciencia estratégica y saber, que nuestras “luchas” son como las de los Zapatistas, para dentro de 500 años.

Para mí esta escasa semana que he pasado fuera (y lejos de mi habitación propia conectada) ha sido una frenada en seco. Hemos estado en un camping y una relevación que se me ha mostrado en este ecosistema en el que la vida (también) íntima se da sin paredes, es que no se pueden hacer dos cosas al mismo tiempo. Si toca ir a fregar, eso haré, si apetece tumbarse a escribir, eso haré. El no-tiempo, que no haya relojes ni pantallas, comer cuando hay hambre, dormir cuando el cuerpo lo pide, me parece lo más subversivo y revolucionario de estos tiempos hiper-productivos. Puede parecer frívolo y privilegiado, pero desde mi norte precarizado y a mis treintaytantos, así lo siento. Sin embargo, convertirnos en caracol (o que uno nos habite en la cabeza) creo que es un proceso más lento y el cual requerirá de una adaptación que, obviamente, no he tenido el tiempo de hacer. ¿Lo tendré algún día?

En las rutinas obviamente, las cosas son bien diferentes. Yo trabajo desde casa (o como ahora se dice, teletrabajo) desde hace 6 años. Le pillé el truco (o esto diría) antes de que fuera (casi) obligatorio. Fue complejo y aún lo es. Fue muy jodido durante el confinamiento, como para muches, los tiempos de trabajos, empleos y proyectos no cesaron en los casi 4 meses. Aún a veces, oigo gritar a la lavadora y otras, el reloj me dice que prepare la comida. No hay entonces un lugar del que salir, y esto se me hace más complejo cuando, como ahora, mi despacho no desaparece por muy en rojo que estén marcados los días en mi calendario. Estaría guay hacer desaparecer a momentos estos lugares de teclados y carpetas, aunque atravesar el mono, no molaría nada.

Estos días, en plena premenstrual y con tristeza pos-vacacional, me siento sola. Es curioso como estando trabajando, incluso estando prácticamente sola (físicamente) en mi día a día, me siento acompañada. En realidad, cuando hablo entre mis cuatro paredes (o en mi nido de creación como me gusta llamarle) únicamente es Maia, mi Compa peluda la que me escucha. Pero sé, que detrás de cada email que recibo, o de cada llamada, de cada comentario en algún post de alguna red social, hay alguien que me piensa, que me tiene en cuenta y que le interesa lo que hago.

Doy un paso atrás con este “le interesa lo que hago”, que no, “le interesa quien soy”. He cruzado la línea de la auto-explotación varias veces (y muchos más en las que no he sabido nombrarlo), y aunque me mantengo alerta, temo verla acercarse más y más cada vez, como si sintiera que sin ella, sin la impostura y el dolor que vienen de su mano, dejaría de existir, y ya a nadie le interesaría lo que hago y mucho menos quien soy.

Es curioso porque en realidad, todos los proyectos que sostengo (menos uno, el mío propio, y el blog en el que escribo) son colectivos y comunitarios. Y es verdad que aunque a veces nos vemos en reuniones (últimamente en formato video-llamada) o eventos, mi día a día es más bien solitario. Sobre todo en lo que tiene que ver con mi mundo emocional. Tan denostado aún en la mayoría de los casos, que mostrar la bandera de la fragilidad, la vulnerabilidad, el error, el cuerpo o los lodos, resulta en sí mismo todo un acto de valentía que a veces, siento que no compensa.

Una de las últimas cosas sobre la que quise escribir antes de terminar el curso fue sobre lo que implican los trabajos transformadores. Después de leerte, creo que podemos meterlos en el mismo saco que los trabajos creativos porque al fin y al cabo todo lo que es creativo pretende transformar, y todo lo transformador es en sí mismo creativo. Después de 9 meses intensos, con muchos vaivenes y muchas complicaciones, pensaba en que trabajar en cualquiera de estos proyectos (yo participo/sostengo 4 de 2 ámbitos diferentes), implica saber nadar en los lodos y en el fango. En mi caso, en 4 océanos llenos de interrogantes que pinchan al mismo tiempo. Uso mucho la metáfora del ‘charco’ para definir los lugares oscuros y complejos, las tensiones, los (posibles) conflictos, y en definitiva, todo aquello que nos puede llevar al factor error o a la idea del fracaso. Entonces, a finales de junio, ensayaba con la idea de que aprender a nadar ahí, en esas ciénagas llenas de posibilidades y, como dice Preciado “ficciones más tiernas”, es una cualidad indispensable para querer trabajar o dedicarle la vida a los procesos de transformación que sean emancipadores. A veces, boqueamos sin escapatoria hacia esas calles sin salida, otras, encontramos islas habitadas por Compas en las que compartir y descansar. Para mi calma, escribí también que cuando estoy exhausta, puedo (y debo) tumbarme en las orillas viscosas y dejar que los lodos me hidraten la piel. Ahora, añadiría la idea de cerrar el parpado y navegar en mis adentros sin prisa. Aunque en estos tiempos que parecen suceder a contrarreloj, esto se me antoja casi una quimera…

Estoy premen como te he comentado. En pocos días llegará la sangre y todo volverá a comenzar, o así me lo cuento yo. Esta fase es el auto-ensayo que más interesante me resulta en este investigar la vida (mi vida y la de otres) en cíclico. Aquí surgen los abismos olvidados, las dudas existenciales, los dolores postergados, en este momento en el que mi cuerpo es inundado por progesterona, la fragilidad se vuelve montaña y a veces, se me cae encima, convirtiendo en acantilado cualquier atisbo de esperanza que hubiera podido cultivar. Intuyo, que la vida de un cuerpo en proceso de enfermedad, ha de ser bastante así muchas veces…

Suelo recordarme los diversos mantras que me he ido instalando en mi software en incesante actualización (que si “esto también pasará”, que si “la vulnerabilidad es política”, que si “solo lamiéndonos las heridas podremos seguir adelante de otras formas”…), aunque en realidad, con escucharme, acogerme, descansar, permitirme el parpado y, si es necesario, validarme en relación, es más que suficiente. Diría que esto último es lo que me resulta más complejo de todo lo que planteas. ¿Cómo hacer que nos crean (y creernos!) cuando hablamos (e intentamos vivir) en la no-prisa, en el hacer-profundo, en el respirar para seguir manteniendo la esperanza de estar vivas y juntas? No hablo de un ‘creer’ dogmático, más bien de uno inspirador, de un validar-me, de ese contagio del que también hablas en el libro y que en mi opinión, es una pieza fundamental en todo esto. Vivas y juntas. Amarradas para bajar a los pozos, descansando en Isla Ternura o en Playa Esperanza.

Los nuevos imaginarios serán cuestionados (y cuestionables), o no serán. Y ahí, en estas preguntas que aún tengo por hacerme, que aún tenemos por hacernos radica en mi opinión la esperanza. Una que por supuesto es trasformadora y que además, contamos con las condiciones para que pueda llevarse a cabo políticamente. Con medios y recursos para ello. Porque de estos nuevos imaginarios, nacerán las ideas y las praxis que nos cuiden y nos hagan sabernos acompañadas, no únicamente a través de nuestros cuartos conectados, sino también, haciendo barrio, comunidad de cuidados, aprendiendo juntas, bailando, incluso, aunque esté prohibido.

Me he preguntado muchas veces para qué mantengo mi blog, para quién escribo esa newsletter que procuro quede amable y cercana, que por qué “pierdo el tiempo” juntando letras y dándole a ‘Nuevo-Crear documento’ una y otra vez. Sé que la visión de esa nueva cultura que estamos creando juntas es importante, y hace tiempo supe también que todas las voces son necesarias. Hoy, al terminar tu libro me reafirmo en ello. Teclear, escribir, sacar fuera de mí y ponerme letras, me salva, me ordena y me da el entusiasmo que necesito para seguir manteniendo presente esa esperanza que es oxígeno.

Ahora que con pena he pasado la última hoja del libro, sé que tengo que revisar las sábanas que tengo encima. No creo que lleguen a 500 pero son bastantes. Hoy, lunes, me queda una semana antes de volver a empezar para preguntarme sobre lo que llevo encima, sobre los tiempos, sobre quién soy si me despojo de cada uno de mis proyectos creativos, sobre quién hay debajo de tanta sábana, y también, sobre las cosas que cultivo más allá de lo productivo, como el taichí y las personas (y seres) amadas con las que comparto mi vida. Estoy segura que se me va hacer más sencillo (y sobre todo menos solitario) después de haberte leído, y de saber, que tanto tú como otres estamos en el mismo camino.

Nos vamos encontrando entonces en bosques silenciosos y playas tranquilas, en los placeres de la vida, y también en los lodos de los trabajos precarios. Sea nadando o sea tumbadas en la orilla dándonos los parpados necesarios para reflexionar y retomar la alegría con la que seguir entusiasmadas, dejándonos llevar por eso que nos atrapa. Eso sí, esta vez, que el arrastre sea encima de una nube que nos acaricie al pasar.

Te mando un cálido abrazo, Remedios. Y una vez más, gracias infinitas por tu trabajo, y también por ser quien eres, más allá de lo productivo.

Con mucho afecto,

E.

 

Pd: Voy a publicar este texto a modo de ‘Carta abierta’ en mi blog. Con ello, pretendo, al igual que tú, que nuestras intimidades sean artefacto político con las que seguir dándonos pistas en estos caminares transformadores y creativos. Otro abrazo 🙂


*Aquí tienes la web de Remedios Zafra en la que encuentras todas las referencias a sus libros y trabajos.

**La imagen de este post es de Bruno Pontiroli. Es la imagen de la portada del libro ‘Frágiles, cartas sobre la ansiedad y la esperanza en la nueva cultura’.

15 textos, 9 meses y un sinfín de vivencias

15 textos, 9 meses y un sinfín de vivencias

Aquí, hoy, iba otro texto, unos sobre como los lodos, estar en ellos, es/son transformadores.

Sin embargo, hoy, 10 de junio, es también luna nueva.

Termina el tiempo entre eclipses. Termina (de momento) este tiempo de purga.

Y con ello, he pensado que capitular, era mucho mejor que seguir contándote mis pajeos.

Termina el curso escolar, y con ello, como ya te he contado en otras ocasiones,

e incluso no teniendo los 2 mesazos de vacaciones,

algo se cierra. Algo se termina. Algo, que es profundamente cíclico,

ha terminado de completar una nueva vuelta a la espiral.

He mirado los títulos de los artículos que he publicado en este rarunísimo curso 2020-2021.

Estos 15 textos me sirven para recordar mi camino.

Me sirven para saber por donde he andado durante estos últimos 9 meses.

Quizá, en realidad, cada vez que acaba un curso, volvemos a nacer-nos.

Un resumen de los textos…

[Puedes leer cada texto en el link que encuentras al final de cada párrafo]

Comencé contándote lo raro que fue el verano y lo inusual del volver a comenzar en plena pandemia. Tenia tantas dudas… fue un verano tan jodidamente extraño. Suspendimos viajes, encuentros, cayeron ilusiones y con esto, las posibilidades de tacto, alegría y distensión, se nos acotaron drásticamente. [De veranos raros y comienzos inusuales. Septiembre 2020]

De ahí, volví a insistir-nos en que ante el grito violento del ‘sálvese quien pueda’, solo las redes conjuntas nos sostendrían de verdad. En todos los niveles. Aún seguimos sin saber la magnitud de todo lo que estamos atravesando con esta pandemia, sin embargo, si en la era pre-covid ya estaba bastante claro, ahora el asunto es transparente. [Sálvese quien pueda o redes conjuntas. Septiembre 2020]

En octubre pude (por fin!) anunciarte lo que llevábamos meses (años en realidad) gestando. Nuestro libro llegaría a mis manos en diciembre, y antes, quise escribir el proceso entero y compartirlo contigo. Porque como en casi todo, si el ‘producto final’ mola, el proceso de creación es también interesante. Esta siendo una experiencia brutal. Los feedbacks, las presentaciones, el arrope cercano, y lo que te contaré morena! [DAI: El libro. ¡Nuestro libro!. Octubre 2020]

En noviembre baje a los abismos a ver que quería contar mi ovulatoria. Observe un miedo primario que aguardaba ser dicho. Ese que teme la ausencia de carne, cuerpos y alegría. Anote la idea de los Posibles que en los meses siguientes sería digna de obsesión, y de muchas conversaciones con mis Compas-queridas. [Coñoescritura ovulatoria (en pandemia). Noviembre 2020]

Fue en noviembre y diciembre cuando me anime a poner en palabras lo que quería decir con esto de los Posibles. Esos que aunque se nos habían acotado, podían ensancharse por otros lugares. Esos que aunque venían a oprimirnos (más) podíamos resistir juntas. [Lo que se nos esta perdiendo, y los posibles (Parte 1) / (Parte 2). Noviembre y diciembre 2020]

Cerré el año como es habitual por aquí, con las perlas-inspiraciones del 2020. Este post no necesita presentación, si quieres recursos guapos de gente guape, entra e inspírate. [Inspiraciones 2020. Diciembre 2020]

Enero comenzó fuerte con algo que tenía muchas ganas de cuestionar (y de cuestionarme). “Las Culturas nuevas” tienen el peligro de volverse rápidamente dogma. Es responsabilidad de las que difundimos estar muy atentas a esto, no vaya ser que nuestras alternativas se conviertan en hegemonías (como esta pasando). [¿Cultura Menstrual normativa?. Enero 2021]

Después, volví a compartir un Coñoescrito. Aunque son los textos que me mas me cuestan, siento que son imprescindibles para bajar al cuerpo. En este te contaba sobre una (vieja) herida, que estaba en ese momento viendo como se convertía en cicatriz. [De heridas que se tornan cicatriz. Enero 2020]

En octubre del 2020 viví un feo episodio en un taller virtual. Fue una vivencia que me dejo unas semanas con el culo torcido. Poco a poco fui transmutando toda la rabia acumulada (por este y otros sucesos), y en febrero del 2021, decidí publicar sobre los Cuerpos Menstruantes y las Terfs. En este articulo, además de la vivencia y las reflexiones, también encuentras un montón de recursos para sacarnos de adentro la transfobia. [Cuerpos Menstruantes (y lAs TERF). Febrero 2021]

A finales de febrero seguía dándole vueltas a los dogmas que, sin así quererlo, creamos. Y desde aquí, escribí sobre mis imperfecciones como cuerpo menstruantes. Validar lo que sentimos, y no encajar en nuevos trajes (por muy brilli-brilli que sean) es lo que yo siento revolucionario. [No querida, no soy ‘La Perfecta Menstruante’. Febrero 2021]

Con marzo llego una invitación, que aunque no ha tenido mucho éxito (ejem, amigis que me habéis medio-prometido textos… sigo espeeeerandooo), sigue vigente y en pie. Yo descubrí mi escritura en un blog comunitario, y es desde ahí, que me encantaría descubrir la tuya. Encuentras los parámetros de publicación en el artículo. [Blog comunitario: ¡Vente a escribir (e inspirar)!. Marzo 2021]

La primavera llego y con ello, sentí la necesidad de compartir lo que me estaba aconteciendo. Ansiedad, en mayúsculas. Fue un alivio poder poner palabras a lo que me estaba pasando, y sobre todo ver que vosotres, que también habíais sentido o estabais sintiendo lo mismo, estabais ahí, en los comentarios, en mensajes personales, en cariño colectivo. [A N S I E D A D. Marzo 2021]

El cansancio de los meses de curros intensos se iba notando en mi cuerpo cuando decidí, por una parte pasar de escribir 2 post al mes a 1, y por otra poner en palabras este ‘nuevo’ concepto que tanto (y tan bien) estamos practicando. La autoexplotación (más allá, o mas acá de la más conocida explotación capitalista) esta poniéndose de moda, y estar atentas, es un muy buen primer punto. [Autoexplotación: No lo haga(mo)s. Abril 2021]

Y como ultimo texto, te compartí una reflexión que diría tiene el origen más antiguo en mi existencia. Las decisiones hacen que tomemos los rumbos, y los rumbos son los caminos que decidimos para la Vida. [Maternidad: Partir del No. Mayo 2021]

…y algunas otras cosas para capitular

Además del recorrido por las letras, quiero dejar por aquí algunas de las cosas molonas que me han pasado durante estos 9 meses: Desde la asociación Ara!Gorputz hemos llevado a cabo el programa ‘Menstruación en los coles’ (Hilerokoa Eskoletan en euskera) financiado por la Diputación foral de Gipuzkoa (y nos la han vuelto a conceder para seguir con ello el curso que viene!!) , y también hemos estado dinamizando un regalazo de proceso en la ‘Escuelita de Economía Feminista’ en Oiartzun (Gipuzkoa), financiado por MunduBat.

Sigo coordinando Olatukoop (la red de Economía Social y Transformadora de Euskal Herria), rodeada de personas y proyectos cooperativos revolucionario. También coordino el equipo de dinamización de la comunidad Soy1Soy4 formado por mis queridas Guardianas, y en enero estuve llevando un curso sobre economías en esta plataforma. Estoy rodeada de gente muy bonita y me siento profundamente agradecida por ello.

Ha sido un curso impresionante. Y ahora que lo escribo, veo que la cosa ha estado bastante completa. Así que… Me merezco un verano de categoría. Lleno de alegría, aguas de todo tipo en donde poder sumergirme, prados y playas de todos los colores en donde poder tumbarme, tardes de conversaciones estimulantes entre Compas y birras, y noches despejadas para observar las estrellas.

Eso mismo (o lo que sea que a ti te de placer, alegría y gustosismo) es lo que te deseo.

*La imagen de este post está hecha con sangre menstrual. Puedes ver más dibujos-experimento en La Galería.

A N S I E D A D

A N S I E D A D

Casi diría que es un instante.

Una chispa que, tras un momento cero que explota al observarlo,

vuelve a  “encenderme”.

Es un diminuto destello el que hace que comience la fiesta del famoso up estrogénico.

La (aún) suave luz-estradiol ha comenzado a brillar en mí.

 

Los abismos premenstruales y el tiempo efímero flotando en la oxitocina menstrual

quedan atrás como si hubiera sido hace décadas.

Ahora, la llama esta prendida. Más y más grande a cada rato.

Hasta que, en apenas 48 horas, el fuego que observo (y que me quema),

se vuelve inabarcable.

 

Los pensamientos se agolpan en un cuerpo que aún expulsa flujo marrón.

Las ilusiones, las cosas pendientes, las ideas “maravillosas y urgentes”,

y las frustraciones de-todo-lo-que-no-podrá-ser, se apilan una encima de la otra.

Retroalimentándose en bucle.

Perdiendo cada cual toda definición.

Uniéndose cual chicles bajo el sol de agosto.

 

Qué esa llama arda (demasiado) fuerte es mi temor:

A N S I E D A D

He sabido (me he permitido) nombrarla hace escasamente 2 ciclos.

Había escuchado antes los relatos de muchas sobre este (no)estar.

También recuerdo sentirla durante el confinamiento de hace ya un año.

En mis últimos giros-ovulatorios me he sentido incapacitada para mis quehaceres “rutinarios”.

¿Hago demasiado? ¿Demasiado poco?

Malabares en bucle sin llegar a sitio seguro entre estos dos interrogantes afilados.

La siento con fuerza (con m u c h a  f u e r z a) en la fase Preovulatoria.

Sin embargo sé, que vive en mi desde que tengo uso de razón.

Miedo al miedo. Qué la vida de susto a cada paso y que esto te haga vivir angustiada.

 

Ser suficientemente suficiente.

Llegar a todo.

Y si no, autoimponerme más y más tareas/cosas ajenas a las que llegar.

(Estímulos y más estímulos que no me da tiempo a procesar).

Exigir-me, para conseguirlo. Todo lo anterior. A la vez.

En bucle. Hasta que la llama mengua por el (últimamente tan ansiado) poder progesterónico.

 

Se me anuda el diafragma.

El pecho parece de hierro armado.

Dejo de poder respirar.

Me encojo. Respiro peor.

Agotamiento profundo. Cansancio extremo.

Y otro nuevo pensamiento-idea-frustración-exigencia. Otro estímulo.

En bucle. Hasta que me voy a pasear, o hago taichí, o escribo en mi diario.

 

Alivios temporales, sin embargo.

Sobre todo, teniendo en cuenta que somos muchas (tantas…) las que aquejamos de esto.

Las que ardemos en nuestras propias frustraciones, exigencias y enfados. A las que la llama nos consume.

(Al hablar de esas Otras, que quizá también me leéis, aún y todo me siento brutalmente privilegiada. Pero hoy, ahora, no quiero seguir alimentando esto que alimenta el bucle…)

 

Hoy escribo para dejar de temer.

Para aliviar con agua de mar las heridas de este fuego común.

Porque no es justo que tantas y tantes nos vivamos ardiendo en nuestras tripas.

Cada ciclo. Cada fase. Cada etapa.

Cada vez que salir a un mundo creado para Ellos, se nos queda grande/incomodo/doloroso/demasiado/…

 

Y podría decirte que encontraremos las herramientas para aprender a canalizar-la(nos), a contener-nos (juntas),

(cosa que también hare/haremos),

pero joder, el mundo-sociedad no debería de dar tanto miedo.

Nunca una chispa que anuncia renacer, energía, ilusión, folículos-vida estimulándose,

debería verse absorbida por el estrés de la precarización de la vida.

 

22 de marzo del 2021. Preovu día 5.

 


*La imagen de este post es de Elvira ilustra

**En el anterior artículo te contaba que mi Casa-Blog quiere ser comunitaria. Si te animas a escribir algo, AQUÍ tienes los parámetros. Si tú también tienes (o has tenido) ansiedad, puede ser un temón 😉

No queride, no soy ‘La Perfecta Menstruante’

No queride, no soy ‘La Perfecta Menstruante’

Me he dado cuenta de que esto de ‘la hegemonía menstrual’ que te contaba hace poco, no es únicamente algo teórico. Desde que divagamos (y nos clareamos) en la comunidad Soy1Soy4 sobre este tema, y desde que escribí el post sobre ‘Cultura Menstrual normativa’, he seguido pensando en esto, y también he recordado vivencias que me han hecho preguntarme: ¿Por qué hay personas que piensan que por difundir cultura menstrual, yo soy una top del tema en mi cuerpo? ¿Qué ha podido ser lo que les haya llevado a sacar conclusión?

No, no, no queride. Ni de coña soy la perfecta menstruante (termino-flecha que acuñó Erika Irusta en este artículo), y más te diré: la menstruante perfecta no existe. Obvio. Lo sabes. Pero, ¿así te vives? Yo no. Obvio. La perfección me persigue desde niña y sigo dando pasos hacia ese ‘aceptar’ mis imperfecciones reconociendo mis límites y limitaciones, mientras que pongo en valor (y al servicio) mis dones y talentos.

“A ti seguro que no te duele la regla”, “Bah, tú en eso sabes cómo gestionarte”, “Seguro que tu controlas todo”… Han sido frases concretas que se me han quedado clavadas, y otras muchas veces han sido miradas que dicen más. Sin por supuesto querer hacer sentir mal a nadie y más bien realizando un ejercicio de autocrítica (las normatividades y prejuicios se nos instalan dentro tan rápido que da miedo, y a veces, una se sube a pedestales sin saber cómo ha llegado ahí), vengo a contarte como es la realidad de mis fases ahora, en estos últimos ciclos. Porque si algo voy aprendiendo también, es que la ciclicidad no implica ‘conocerse’ una vez y fin, va de no perderse de vista nunca:

 

MI MENSTRU

No me duele la menstru. Si, esto es verdad. La sangre suele llegarme suave y en el último ciclo tuve una revelación: Me sentía tan en calma que sentipense que, una menstruación sin dolor es el mejor estado del alma. B me dijo que esa sensación se parecía a la oxitocina del embarazo. Y yo, sonreí.

Me siento una suertuda con esto. Y aunque pueda leerse como un privilegio, tenemos que considerarlo un derecho. Antes me dolía más. Mucho más. Quizá sea el proceso que sigo de escucharme de forma activa. Intuyo que tiene que ver. Quizá sea la copa menstrual y también las compresas reutilizables hechas con amor por compas bonitas. Seguramente sea un poco todo.

En cualquier caso, dejo por aquí escrito que si le duele a une, nos duele a todes. Y que a veces, como te cuento a continuación, el ciclo menstrual duele aunque la sangre al llegar no lo hago.

 

MI PREOVU

En esta última temporada estoy odiando esta fase. Hemos sido muy amigas hasta que me he dado cuenta del espiditismo (de speed = velocidad = estrés) al que me llevan los estrógenos en esta primera fase del ciclo, y a veces, incluso cuando aún asoma algo de sangre marrón-final.

La manifestación de fantasmas auto-críticos se pone en marcha y asoman la insuficiencia, la rectitud, la velocidad, y sobre todo la impostora. Una impostora que insiste una y otra vez en que no hago lo suficiente. Y en que todo lo que hago, está mal. Fatal. Mal. Muy mal. Todo malamente.

Entonces, con esta bulla dentro, se me empiezan a contraer las tripas y cuando se me ocurre respirar, observo disgustada la bola de ansiedad que tengo en la boca del estómago. Procuro irme al monte o a dar un paseo, sin embargo, esta (imprescindible) gestión suele resultar una ‘pérdida de tiempo’ para el entrenador de gimnasia que llevo dentro. Y el bucle sigue, y el diafragma se convierte en una bola gigantesca que palpita muy fuerte. Y subo en picado a los infernales ‘abismos preovulatorios’.

 

MI OVU

Hasta hace un poco mi Compa I y yo nos reíamos mientras afirmábamos conspirando que esta fase era un mito (o un timo). Que ni libido, ni mujertez, ni nada de nada. Que nosotras no compartíamos ninguna de las características del arquetipo. Además, desde que supe nombrar mi cuerpo/mis fases, descubrí que he vivido los primeros 15 años de mi ciclicidad en esta fase de forma perpetua (cara al público siendo impertérritamente-simpática-todo-el-tiempo), por lo que sé, que desde que le puse nombre (y en consecuencias, existió), me cae bastante mal.

Aunque como decimos en la asociación Ara!Gorputz: “La ovulación es la cuestión”, y ovular es lo más importante para el ciclo menstrual pueda ser, el princesismo, la moñeria, la maternidad como máxima expresión de/en la vida, ese mujer-mujer que se asocia con esta fase me siguen chinando mucho, y aunque aún no he descubierto en su totalidad cómo se expresa este comienzo de la progesterona en mí, la calma que siento es muy aligerante después de varios días de exigencia máxima. Ah! Y últimamente me estoy encariñando con mi libido 😉

 

MI PREMEN

Es mi fase estrella. Pero vamos, que me dicen esto hace 5 años y me rio yo en la cara de quien osara decir semejante barbaridad… Una vez más, cuando supe de la existencia de este momento en el ciclo, y pude nombrar-me, sentí una profunda liberación. ¡Seguramente es la epifanía máxima en toda mi vivencia como cuerpo menstruante! Me ayudó mucho saber (además) que, había/hay más compas que lloraban cada mes, que había más compas que tenían cientos de dudas existenciales en esta fase, que había más compas que no entendían porque antes de que la sangre llegue, su vida se convierte en un auténtico tormento abisal. Poco a poco comencé a reconciliarme con la progesterona, e incluso a abanderar el club de las que consideramos que decesitamos un mundo (mucho más) progesterónico.

Sigo aprendiendo a fluir con/en esta intensa fase. Me parece un camino súper complejo. Somos unas valientas aprendiendo a vivir desde/con esta hormona en un mundo hiperestrogenizado. Es duro bajar a los abismos y ver las heridas que desbordan. Es jodido dolerse con lo propio y también con lo ajeno. Es terrible encontrarse sola transitando esto.

Quizá justo estas sean las claves que he descubierto para vivir-me (más) en calma cuando el ciclo va terminando: Saber que atendiendo los abismos encuentro tesoros, empatizar solo hasta donde pueda acompañar y estar acompañada de cómplices que entienden el idioma Balleno y que sostienen las cuerdas en esta espeleología mensual.

 

¿Y TÚ?

Como ves he utilizado las 4 fases arquetípicas-típicas para el relato. Sin embargo, sigo en la búsqueda de más, de otros y otres arquetipos que habitan en mí, y que al igual que los estados hormonales, tienen sus luces y sus sombras, sus límites y sus dones.

Y también como ves, no soy la perfecta menstruante. Ni de coña. Tampoco quiero serlo. Si de algo me he dado cuenta en este tiempo es de que, la perfección-exigente y la alegría-espontanea no suelen ir de la mano. Y si he de elegir quien quiero que me acompañe a vivir una vida que merezca, sin duda, me quedo con la alegría (de la imperfección).

Me encantaría saber cómo vives tus fases, y cuáles son las ‘perfecciones arquetípicas’ que has notado en ti, o que te han comentado. ¡Para no crear nuevas hegemonías, necesitamos todos los relatos! ¿Nos cuentas?


*La imagen de este post es un dibujo realizado con sangre menstrual por una servidora. He actualizado la Galería, en donde puedes encontrar este y otros muchos dibujos-(espero) inspiración.

Inspiraciones 2020

Inspiraciones 2020

Si, si, sii, no lo vamos a negar a estas alturas: Ha sido un año extraño-raro-atípico-terrible-novedoso-confrontante-creativo-………………… (ponga usted aquí su adjetivo favorito). Podríamos estar rato definiendo la cantidad de emociones y vivencias que hemos tenido. Seguramente como cada año, pero con el punto extra-pandémico.

En cualquier caso, la vida (ojalá la Vida) ha seguido su curso. La primavera confinada dio paso a un verano justito, y después de un otoño nuevamente lleno de restricciones, el invierno avanza sin celebraciones masivas, y bueno, todo es extrañamente-extraño.

Sin embargo (eso, joe!… que me lio), la Vida sigue, y como cada año (si te los perdiste aquí tienes el post de Inspiraciones 2017, aquí el del 2018 y aquí el del 2019) , este también ha sido un año llenito de inspiraciones. Y por aquí vengo a compartirte los recursos que para mi han sido nutrición, calor y salvavidas. Espero ansiosa a que en los comentarios me compartas los tuyos, si?!

 

📻🎧PODCAST/CANCIONES/AUDIOS

Este año ha sido un tiempo de muuuuuchos audios. Algunos me han emocionado a lagrimilla suelta, otros me han hecho reír a carcajadas y algunos más me han llevado hasta las ondas más hondas. Aquí están los más top:

  • Deforme semanal ideal total. Podcast de Isa Calderón y Lucía Lijtmaer, con el que me meo. Son un par de sarcásticas llenas de cultura de la güena, que repasan temas (feministas) de total actualidad y se ríen de todo el mundo. También de ellas misma, claro!
  • ¿Puedo hablar!. Aunque no soy tan fan (aún) de Perra de Satán y de Esnorquel como de Isa y Lucía, este podcast también me ha sacado del bucle (rabia-tristeza-pandemia) más de una vez este año.
  • (de eso no se habla). BRU-TAL. ¿Tu también has oído alguna vez la frase del título de este podcast de la boca de algún familiar?. Además de los temas, la delicadeza y el cuidado de este podcast hace que sea simplemente delicioso. Te lo recomiendo mucho.
  • MOMSter, radio diario monstrual. No es cosa nueva que me encante escuchar a Erika, verdad?! Aquí tienes el podcast en el que ha estado poniéndose Voz este 2020.

Dos temones tan lindos como profundos…

  • «Que no, que no» (Rozalén): Esta canción me transporta. Me hace recordar-me lo importante de los límites para mi propio (auto)cuidado. «Que si no me sale del corazóóón, voy a aprender a decir que no….»
  • «Que duela» (La Mare): «Y si tiene que doler que duelaaaaaaaa…». ¡Como me gustan las cantautoras feministas!

De estrellas y (coño)entrevistas…

  • Este año he estado especialmente atenta a las estrellas y los planetas, y he escuchado horas y horas de los maravillosos audios de Paloma Todd (Luna de Abril). Astróloga que conjunta la astronomía y la mitología desde una cuidada perspectiva feminista.
  • Si te apetece escucharme hablar (en euskera) sobre lo que hacemos en la asociación Ara!Gorputz, AQUÍ tienes esta entrevista en Hala Bedi Irratia para el programa «o no será» recién salidita del horno.

 

👩🏻💜REFERENTAS

Amo-adoro sumar mujeres inspiradoras a mi lista, sobre todo porque seguirlas de cerca es orgásmico para mi mente. Durante estos 365 días he descubierto 3 nuevas joyas:

  • Cristina Morales. Jefa de las palabras y de la confrontación más anarca. Esta escritora tiene una capacidad infinita para poner encima de la mesa los temas más delicados con una convicción y un arrojo tremendamente inspiradores. Puedes verla AQUÍ, o también AQUÍ.
  • Jule Goikoetxea. Podría intentar presentártela, aunque creo que es mucho mejor si te dejo ESTA charla (titulada «Crisis del sistema») en la que comparte reflexiones con Amaia Pérez Orozco.
  • May Serrano. He tenido el gusto de hacer un encuentro con ella y de darle un abrazo hace poco. Me encantó la cosmovisión que ofrece (también) del Climaterio. Si no sabes de que va el tema, AQUÍ puedes leer sobre ella y sobre su trabajo.

 

🎞🎥DOCUS

Aunque únicamente te traigo uno, este docu en euskera (con subtítulos en castellano) es muy top:

  • Zauria(k) (Heridas): El proyecto Herida(s), es un documental que trata sobre la locura, los malestares y la salud mental desde una perspectiva feminista.

 

📔📖LIBROS

Dejo este apartado para el final, porque este año apenas he leído libros. Durante unos meses he tenido el clásico «Mujeres que corren con lobos» de Clarissa Pinkola Estés en mi mesilla, y durante el verano me sumergí en los textos de Haraway, concretamente en su obra actual de «Seguir con El Problema». Esta mujer me parece fascinante, aunque no terminara el libro, me dejó mucho en/desde lo que seguir reflexionando.

Ha sido mas bien el tiempo de la edición y de echar muchas horas en el nacimiento de nuestro-Libro. ¿Qué aún no has escuchado hablar de él? jejejeje. En ESTE artículo te lo cuento todo sobre el proceso de gestación, y si quieres acariciarlo en tus manos (o si ya lo tienes y quieres compartir-nos tus sentipensares), puedes contactarnos en esta dirección de correo: desmontando_he@riseup.net. Ah! Y AQUÍ una entrevista de radio que nos hicieron a Belén y a mi para el programa «Nosotras las personas».

Y para acabar (lo que me esta gustando venir a hablar de nuestro libro =)) aquí ves la portada y la contraportada de: «Desmontando al Homo Economicus. Postales desde Isla Ternura«:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


*La foto de este post es mía. De un sitio que ha sido especialmente inspirador-salvador este 2020.

Coñoescritura ovulatoria (en pandemia)

Coñoescritura ovulatoria (en pandemia)

Soy consciente de que llevo meses sin bajar (aquí) abajo.

Aquí dentro, hondo, suave.

Alguna ola me ha llevado a naufragar a alguna orilla interna,

pero no he sentido que el tiempo actual haya sido propicio para la excavación activa.

 

Algo me dice que El momento va volviendo a llegar…

Sinceramente, temo las nuevas grietas que hayan podido abrirse,

creo conocer algunas, intuyo otras. Otras, las he pensado mucho, pero no las he sentido.

Soy consciente de que todas estas semanas sin bajar,

habrán creado nuevos surcos y senderos,

caminos empinados y quién sabe, si barrancos infinitos.

Sé también que la ovulatoria (en luna llena) que transito,

no suele ser la mejor aliada para las excursiones a tierras abisales.

Suele ser tiempo de subir, de aligerar.

Y eso estoy procurando(me) estos últimos días:

Bailar donde no es habitual hacerlo,

inventarme deportes propios,

arañar tiempos productivos para ocupar(me de) las sensaciones corporales,

darle tiempo a los palpitares que me regala la piel.

Respirar abriendo el diafragma.

 

Será quizá por esto, por poder sentir esta (breve) ligereza en mi,

que plantearme anclar las cuerdas y comenzar la espeleología,

me parezca una opción acertada.

Cuanto menos, un acto de prueba(-error) acogido.

 

Hoy, 1 de noviembre, día de lxs muertxs y lxs ancestrxs,

en el que, según Paloma Todd (inspiradora de Cielos, estrellas y arquetipos),

el velo que nos separa a lxs vivxs de lxs que no lo están, es más transparente y fino,

me pregunto si nosotras también, habitando este instante caótico,

habremos dejado a aquellas que fuimos detrás de una cortina de raso verde-primavera.

Me pregunto si seremos capaces de modificarnos,

si hacerlo es resiliencia u obediencia. (¿Alguien sabe donde esta la fina línea entre ambas?)

 

Estos días estoy anclada en una idea:

la de Los Posibles.

Así funciona mi mente, aquí no hay abismos,

las tierras de la exploración intelectual me hacen sentir en suelo firme.

Será la contundencia de la curiosidad incesante, o quizá,

lo interesante de saber que acontezco a la lluvia de (nuevas) fichas de este gran puzzle que somos.

 

Decía,

(definitivamente la ovulatoria y la coñoescritura son dignas de un estudio sobre la dispersión)

que temo saber, mirar de frente para poder acoger, (re)conocer las (nuevas) heridas de este tiempo.

¿Tienes miedo?

Yo también.

Me da miedo lo que se nos está perdiendo,

lo que estamos perdiendo.

Me da miedo ser abatida por la ansiedad de un futuro incierto,

y perder de vista así, Los Posibles (que merezcan la Alegría) del presente.

Esas acciones que nos da()n la capacidad, la Vida y el aire,

en definitiva de, siendo animales sociales (que sin esto moriríamos), socializar.

Esto, está pareciendo un problema de segunda, quizá lo sea,

aunque un escalofrió recorrió mi cuerpo al escuchar decir a un psicólogo,

que, o actuamos en relación a esto (también de forma prioritaria),

o la siguiente pandemia será la depresión.

 

Mi ovu pide cuerpos, risas, conversaciones, sensorialidad, gustosismo.

Un poco de jolgorio, bailar, palpitar, hacerse charco.

Y en tiempos pandémicos, todo esto pudieran parecer “caprichos hormonales”…

sin embargo pienso, que quizá me contagie de covid (o no),

pero mi salud mental-emocional-social, ya está en juego.

No parece que hoy sea el día de ir “más abajo”.

Rodeo la herida, le doy vueltas, sé que esta ahí.

La reconozco, la acojo, la observo curiosa.

Es bien así.

Sé que este tiempo que estamos viviendo no será inocuo para nadie.

Estar atenta de esto, saberlo, tenerlo en cuenta

(incluso aunque hoy no sea el día de reconocer los rincones ni la magnitud),

ya me da la sensación de poder dedicarme a generar esos presentes-posibles,

gustosos, ovulatorios, progesterónicos,

mientras sigo transitando este tiempo-extraño.

Observo con todo esto,

que a veces,

los abismos son oscuros y puntiagudos,

y otras veces, pueden parecerse más a las nubes de algodón de un atardecer de otoño cualquiera.

Ovu día 15. Domingo, 01/11/2020


*La ilustración de este post es de 72 kilos

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