Se defensora de tu territorio

Se defensora de tu territorio

Siempre he sido muy ‘de no callarme’ (lo práctico digo, que lo emocional ya es otra cosa…). Es una característica que aprendí de mi madre desde muy pequeña (Eskerrik asko, Maa!). Poner quejas, reclamaciones y hacer saber a quién corresponda que algo no está bien, está integrado en mí desde que tengo uso de razón. Además, ahora, y teniendo en cuenta los tiempos de más y más precarización que vivimos (y para no caer en la trampa de culpar a personas concretas, sino más bien a la propia estructura), procuro que las quejas sean propositivas.

En los últimos tiempos (aunque sé que nada de esto es nuevo), podemos observar como la destrucción de la naturaleza avanza sin pausa. Por supuesto, los discursos y prácticas de las Compas mesoamericanas, y su tan inspiradora frase de “Cuerpo-Territorio-Tierra”, han fomentado mi energía para no dejar pasar ni una, y menos, cuando tiene que ver con la destrucción de este entorno cada vez más contaminado.

Y aunque tenía este texto en borrador desde hacía meses, el sábado pasado acudí a unas jornadas organizadas por BDSKoop tituladas ‘BiziHiriak’ (ciudades vivas-ciudades vivibles), en las que fueron presentados un montón de proyectos e iniciativas populares de la bahía de Txingudi (donde vivo), que trabajan por modificar el modelo de ciudad, “desde abajo” y con perspectiva de aportar a la transición eco-social (y de resistir al capitalismo desarrollista). Fue muy interesante y alentador sabernos cerca.

Avanza la destrucción…

Aquí, en Euskal Herria, llevamos años viendo como destruyen valles y ríos para la construcción del TAV (Tren de Alta Velocidad), y ni siquiera con la última crisis llamada “pandemia del coronavirus” se ha realizado la (tan necesaria) reflexión sobre si necesitamos un tren que nos lleve más rápido, y para qué… (en 2018 se cumplieron 25 años de esta lucha AntiTAV, puedes leer sobre ello aquí).

En el otro lado del “charco”, las cosas están (mucho) peor. El extractivismo, el expolio y en definitiva la neo-colonización que este nuestro occidente continúa ejerciendo, sigue y sigue. Las Compas del podcast “Destapar la crisis” lo cuentan muy clarito en este episodio titulado “Cuerpos-Territorios en disputa”, en el que denuncian como las grandes obras capitalistas ni siquiera pararon en el tiempo del confinamiento.

Además de lo (más) visible, en el día a día ocurren cosas “pequeñas” en las que poca gente repara. Normalmente, vamos demasiado rápido… En estos meses, aquí, en la preciosa comarca del Bidasoa, en donde pazco, hubo un vertido de gasolina sobre una campa a la que voy mucho con Maia (La Peluda), y también han destruido una pequeña playa de piedras en la orilla del río al que íbamos en verano a bañarnos.

…y nos destruimos con esto

La resistencia de muchas Compas mesoamericanas (a las que a muchas les ha costado literalmente la vida, como a la conocida Berta Cáceres o como a las 65 mujeres que fueron asesinadas entre 2017 y 2018), es, en la mayoría de los casos, por la más extrema supervivencia. La defensa de (sus) los territorios está fuertemente unida a que las necesidades básicas puedan ser cubiertas. El ataque a los ríos y a los bosques (casi siempre por parte de multinacionales) pone en peligro sus cosechas y en definitiva, que puedan tener unas vidas vivibles.

Aquí, desde el privilegio occidental y del “norte”, (porque aún parece que no vemos que nuestras necesidades para sostener la vida están en peligro), siento que la estrategia va más por destrozar lugares que nos dan aire, los cuales, aunque puedan estar leídos como “espacios para el ocio”, son imprescindibles para el (buen-)vivir de humanoides y no-humanoides. Normalmente, vemos desaparecer zonas verdes para la construcción de viviendas y más viviendas. Y carreteras, y más y más asfalto.

He llorado mucho en este último tiempo por esto. Cíclicamente lloro por ello. Por ver la poca importancia que se le está dando en general a la destrucción de la naturaleza, por los pocos medios que se destinan a la protección de lo que, entre cemento y más cemento, aún late. Y por saber, que nosotres en definitiva nos destruimos con todo ello. Con cada árbol talado, con cada vertido y con cada nueva autopista o edificio cimentado, algo, que me cuesta nombrar, desaparece.

Seamos defensoras de nuestros territorios

Con este escrito mi objetivo (que como te decía es propositivo y pretende ir más allá de la queja), es que seas defensora de tu territorio. Si, si, tú. Y yo, y todes. No podemos (ni debemos) dejar pasar ni una. NI UNA. En algunos lugares hay organizaciones ecologistas potentes y pueden ser de gran ayuda. Aquí, por ejemplo, hace un par de años la asociación ‘Artiako Lagunak’ (Amigxs de Artia) consiguió parar la tala de 102 tilos. Fue impresionante, y aunque los árboles siguen en peligro, ahora somos muchas (más) las que estamos al corriente y las que los defendemos.

En otros sitios no hay asociaciones. Y aquí es donde veo muy importante que cada una cojamos el punch y la responsabilidad de hacer algo (con amigis siempre mejor, claro!). Lo que podamos, que siempre será mejor que nada.

Los pasos no suelen ser complicados, la mayoría de los ayuntamientos tienen plataformas online, o puntos físicos a donde ir para reclamar o avisar de lo que está ocurriendo. Y TODAS LAS INSTITUCIONES tienen LA OBLIGACIÓN de responder a nuestros escritos SIEMPRE.

Entonces, puedes redactar una carta sencilla explicando qué ocurre, sacar unas fotos, y utilizar las vías disponibles para hacerte oír (o leer) y que se te escuche. No pienses que son tonterías, porque no lo son. Dales la importancia que tienen y ponte manos a la obra.

Tiempo y energía (puestas al servicio)

En el caso que te comentaba más arriba del vertido de gasolina, fue al expresar (I y yo) lo que habíamos visto (y dar la turra todo lo necesario), que abrieron un expediente y pudieron completar el puzzle. Estaba el vertido, nosotras vimos el accidente, y tirando de los hilos, pudo quedar archivado el suceso no como algo que parecía haber ocurrido por azar (intentaron disuadirnos con relatos absurdos varias veces), sino como lo que fue, un vertido relacionado con el accidente de un camión. También por la reclamación que pusimos al ayuntamiento, la playa de piedras al borde del río está ya parecido a como estaba. Quizá no tenga nada que ver con que bastantes personas metiéramos la carta de denuncia, pero yo creo que sí.

No hace falta que escribas de maravilla, no hace falta que uses la (terrible) jerga administrativa. Solo hace falta que te armes de paciencia y valor, y que hagas todo lo que esté en tus manos para que lo que sea que ocurre (o haya ocurrido) no pase desapercibido. Te prometo que no te arrepentirás. Te llevará tiempo y energía, si, pero es probable, que hacerlo te deje una sensación de que has hecho lo que debía ser hecho.

Mesoamericanas que (siempre) son inspiración

Tal y como te decía para salir de la queja vacía, es importante la acción. Y para ello, tal y como he ido contando durante el texto, para mií las inspiradoras de referencia son las compas Mesoamericanas. Aquí algunos recursos que, cuando tengas que ponerte manos a la obra, pueden servirte para que tu ánimo no decaiga:

 

¿Tienes algún otro recurso inspirador? ¿Nos lo compartes en los comentarios?


*Desconozco la autoría de la imagen de este post. La he encontrado aquí.

La vida era aquello…

La vida era aquello…

Ya no puedo callarme más. No quiero autocensurarme más, y mucho menos en mi blog. Durante todos estos meses de pandemia no he querido dejar constancia por aquí (ni por ningún otro lugar “público”, excepto cierto tímido acercamiento en los artículos “Lo que se nos está perdiendo” Parte 1 y parte 2) de mi posición, de lo que pienso y siento con todo esto. Imagino que he querido creer que todo pasará. Haciéndome un poco la longis, y procurando depurar mis emociones y sentires con mis (tan amadas) compas-cómplices. Siempre que he podido en cuerpo, risas y lágrimas.

Pero la cosa se está pasando de castaño oscuro. La vida ha dejado de ser vivible, o mejor dicho, un poco menos vivible de lo que era. Parece que caminamos hacia un apocalipsis que se veía venir, y que hablar del dichoso virus es lo único posible mientras intentamos (con un poco más de esfuerzo) ganarnos nuestras lentejas con la dignidad que nos dejan.

A mí, durante estos últimos meses (y especialmente estas semanas en las que el bitxo me ha pillado), el enfado y la rabia de ver la muerte seguir caminando a sus anchas incitada por un capitalismo zombi, y la tristeza de saber que un nuevo (gran) duelo está aquí, me han hecho reforzar con creces lo que pensaba: Podemos llamarle Covid, pero en realidad, sería mucho más correcto llamarlo heteropatriarcado capitalista neoliberal en fase de sindemia. Es decir, un sistema que se cae de viejo y obsoleto, y que nos aplasta a su paso. Ya sea con un virus famoso, con ríos contaminados o con expolios y esclavitudes de aquí y de allá, o como está ocurriendo, con todo a la vez.

 

Mascarillas y expresiones borradas

Empiezo por lo emocional. Eso que nos hace humanes. Eso que realmente nos deja vernos y ser en el espejo de le otre. Ya son muchos meses de mascarillas borrando nuestras caras. No pongo en cuestión que sean necesarias para “combatir” el virus, pero estamos perdiendo mucho. Mucho más de lo que (aún) podemos nombrar. Pienso (y veo) a las criaturas crecer sin expresiones en las que encontrarse, e intento no pensar demasiado en las consecuencias que esto tendrá (también) cuando crezcan…

 

Vida social que ha dejado de existir

El gran-último giro del individualismo que (supuestamente) nos salva, ha llegado para quedarse. La vida social sigue estando únicamente entre pantallas conectadas. No hay piel, olor o abrazos. Ya son demasiados meses de esto. Les humanes, como animales sociales que somos, necesitamos de otres para existir. Y quizá, sin ese otre al que oler, nos vamos muriendo sobre-protegidas entre las cuatro paredes de nuestra habitación conectada. Ojo, siempre y cuando tengamos el privilegio de tener una (conectada) habitación…

 

¿Para qué reforzar lo publico si lo privado es lo que da “El desarrollo”?

Aquí esta, en mi opinión, una de las claves más importantes: En marzo hará 2 años desde que comenzó todo esto (me da un escalofrió al cuantificar que el tiempo ha sido tanto…), y no se ha movido prácticamente ninguna ficha que refuerce el “estar-bien” social. No se han tomado medidas nuevas, no se han abierto espacios alternativos en donde poder hacer piel. Todo han sido recortes, de libertades, de posibilidades, de opciones sociales. Lo único “expandido” han sido los precios de la luz, del gas…

 

¡Renta básico (de las iguales) YA!

Seguimos en un paradigma de (supuesto) desarrollo privado y privativo. Los de siempre se siguen enriqueciendo, más aun si cabe con todas estas nuevas medicinas y pruebas farmacológicas que hemos integrado sin rechistar.

Durante estos últimos meses he repetido infinitas veces esta pregunta: “¿Cuándo vamos a empezar a hablar de renta básica?”. Podemos hablar de vacunas, sí, podemos hablar de pasaportes, si (bueno no, pero dejemoslo estar…), pero por favor, hablemos de una vez por todas de la renta básica de las iguales.

Las desigualdades han quedado absolutamente de manifiesto en este tiempo-pandemia. Quizá se controle el virus (el covid, digo), pero no servirá de nada si no vamos dando pasos hacia el buen-vivir. Hacia el decrecimiento. Hacia el consumir menos y vivir mejor así. Hacia trabajar menos. No hay otra opción. Y sería de mucha ayuda (en mi opinión, sería fundamental) poderlo hacer con las condiciones (mínimas) para la vida cubiertas.

Soberanías (que nos salvarían)

Sigo pensando que únicamente esas “otras” formas de economías nos salvaran, o al menos nos darán las pistas para esos caminos que ya son imprescindibles si queremos sobrevivir como especie. Las perspectivas de la economía social (transformadora) o la economía feminista tienen un montón de claves para construir esos “otros” modelos de vidas que necesitamos. Ya no es un capricho (nunca lo ha sido, pero hay quien así lo piensa…).

Poner la vida en el centro, dejar de destruir y expoliar, cambiar radicalmente nuestra manera de consumir (y también de divertirnos), atesorar y valorar los trabajos de cuidados que sostienen la vida, cuidarnos en relación, ser soberanas de nuestros empleos, de nuestras vidas, de nuestro alimento, de nuestras tierras y cuerpos. Esto necesitamos. Y es muy muy urgente.

Sinceramente, creo que para este momento, ya debería de haber una huerta cooperativa y comunitaria en cada barrio, un grupo de consumo, asambleas (y tiempo para estar en ellas) en donde decidir cómo abastecernos para seguir viviendo. Tendríamos que poder ser (lo más) soberanas (posibles) y tendríamos que poder estar haciéndolo con ayuda (incondicional) de las entidades públicas.

 

La vida era aquello

Miro con nostalgia la vida de hace dos años. Todo iba tan bien… Después de varios años de terapia estaba aprendiendo a relacionarme. Incluso había comenzado a ir a eventos y a fiestas (de barrio) que me estaban ayudando a (por fin!) aprender a divertirme. Todo se puso en pausa en aquel fatídico marzo del 2020, y temo no volver a dar al play nunca más.

Estoy distópica y apocalíptica. Lo reconozco. Hace unos días vi la peli de “No mires arriba” y flipé. (SPOILER ALERT!!!) Desde que comenzó la peli supe como acabaría, y contra todo pronóstico hollywoodiense, acerté. Me impactó mucho ver como todo terminaba mientras la Vida (esa que no conoce racionalidad ni tiempos lineales) seguía siendo. Seguía ocurriendo. Quizá aún quede alguien ajeno y que no quiera relacionar covid con capitalismo.

Quizá aún existen personas que no ven la relación entre las necropolíticas (políticas de destrucción que llevan a la muerte) y este nuevo-famoso-virus. Más allá de conspiraciones acertadas (o no tanto), lo que ya no puedo/podemos hacer es seguir negándola. Seguir haciendo como “que pasará” si que es ser negacionista. Creo que vienen tiempos complicados. Más aún. Y que estar preparada para tomar las decisiones necesarias, es el reto al que me enfrento, y nos enfrentamos.

La vida era aquello, si, aunque ahora también sigue siendo. En mí, en ti. En nosotras. Juntas. No lo olvidemos.

 


*La foto de este post es del puente internacional peatonal que separa el estado francés del español. Está en mi ciudad, en Irun. Desde que comenzó el virus (que casualidad) pusieron estas vallas. Ahora puedes pasar (si eres blanca, claro) por el puente de al lado, por donde cruzan los coches y donde siempre (otra casualidad) hay patrullas de gendarmes y guardias civiles (cada uno en su lado del puente) haciendo controles. En Irun pasan al año más de 7.000 personas migrantes. Ya son 4 las que han intentado cruzar el rio a nado y han perdido la vida en el intento.

Transformando desde los lodos

Transformando desde los lodos

Desde finales del curso pasado no he parado de darle vueltas a la palabra T R A N S F O R M A C I Ó N.             Sobre todo, porque me acontecen un par de procesos de re-ubicación que estamos transitando en las estructuras en las que participo, y mi teoría (que cada vez tengo más clara) es que hay dos formas de organizarnos: de modo jerárquico y siguiendo las tan conocidas (y dolorosas) formas del modelo Homo Economicus (HE en adelante), o las que van caminando hacia la horizontalidad queriendo re-construirnos en eso que hemos denominado Humana Socialis.

Para esta segunda opción, y como te cuento en este post, hay que quitarle el brilli-brilli al asunto (y a la palabra) y estar dispuestas a enfangarnos hasta arriba, o más bien, hasta el fondo. Partiendo de nosotras y yendo a ver las mierdas de lo que, por inercia, quedan también debajo de las alfombras de lo que construimos colectivamente. (En el anterior post titulado “Carta abierta a Remedios Zafra” (lo lees aquí), también te contaba sobre este tema).

Todes soñamos con una transformación real, tangible, de cuerpos y realidades-ficciones más tiernas y cuidadas. Pero, ¿Cómo podemos hacer esto?, ¿Cómo podemos crear estas otras realidades y que realmente sean transformadoras? ¿Qué narices significa esta palabra, y qué se esconde entre esas 14 letras? ¿Hay demasiado brilli-brilli siendo el tema algo mucho más fangoso? A esta última pregunta yo respondo rotundamente que .

 

Discursos (no) acuerpados: De fuera hacia dentro y viceversa

Es verdad que hay palabras que dicen más de lo que activan, y aunque necesitamos los marcos teóricos que definan (de la forma más atinada posible) los lugares de actuación, el peligro es que nos quedemos dándoles vueltas (yo la primera, que sabes de sobra lo mucho que me gusta pajear, …) a los discursos revolucionarios, a los ensayos que pretenden contener la Vida, a los panfletos y documentos que quieren, por ejemplo, salir del capitalismo, pero que no han revisado cómo opera este sistema, tanto en el nivel más macro (esto suele ser más sencillo porque lo vemos “fuera”), como en el nivel más micro (¿Cómo es tu Homo Economicus? ¿Lo has mirado de frente y sabes que hábitos y formas (te) acompañan a perpetuarlo?).

No habrá transformación sin ensuciarnos. No habrá cambio sin bocetos, ni pinturas corridas. No haremos nada nuevo si no somos capaces de pararnos a mirar con detenimiento el cuadro guarreado que tenemos delante (y dentro) y sin que le (nos) saquemos los colores. Puede haber propuestas de purpurina que parezcan muy molonas, pero seguramente, el sitio de donde parten (esos lagos en calma aparente y rellenos de “bienestar” que son el paisaje que el capitalismo nos quiere seguir vendiendo) será muy similar a lo ya conocido, y que de base, tiene muy pocas posibilidades de ser realmente transformador.

Nadando en los fangos (propios y colectivos) y procurando no hundirnos

Como te digo, queremos relacionarnos de “otras formas”, y queremos que nuestros proyectos, emprendizajes y estructuras también (nos) contengan (en) estas formas. Sin embargo, (me) observo atónita cuando queremos (y nos auto-exigimos) que esto esté “estable y definido” ya mismo. Que sea un nuevo lago de aguas cristalinas inmediatamente. Como si tuviéramos una varita mágica a la que le pedimos un deseo y nos lo concede: “Quiero que el capitalismo, las relaciones capitalistas y mi HE desaparezcan ya!”.

No, amiga, seguro que sabes de primer cuerpo, que no es tan sencillo.

No olvidemos que querer vivir en un “producto acabado y si puede ser bonito, mucho mejor”, es una de las características base del capitalismo más rancio. Por lo que creo, que la transformación como tal, trabajar en ella, para ella, con ella, conlleva un aprendizaje complejo pero que puede resultar revelador para la Vida en este siglo que nos ha tocado vivir: Aprender a nadar en los fangos de las pruebas-error que no siempre salen como nos gustaría, y en las que además nos ensuciamos hasta arriba.

Es un camino de interrogantes que pinchan y que al mismo tiempo, invitan (y motivan) a ser resueltos. Es una apuesta por la incertidumbre. Es un ir “hacia adentro” para ver los pegotes violentos que han ido instalándose a base de años de capitalismo intravenoso, y reconocerlos, mientras que accionamos “hacia afuera” para que esto se convierta en transformación. Y esto es complejo, y a veces, en vez de un único charco de lodo, puede parecer un desierto entero lleno de arenas movedizas fangosas. A mí suele pasarme esto… y es bastantes desolador…

 

Rescatando perlas, que a veces no brillan tanto

A veces, entre brazada y brazada asoma una orilla de arena brillante en la que el sol nos acoge gustosamente. Nos tumbamos a respirar, a gozar, a descansar, a compartir como han ido los últimos (kilo)metros de travesía. A ponernos unas medallitas que nos den la alegría para seguir el camino. ¡Porque nos lo merecemos, faltaría más!

Otras en cambio, las aguas se vuelven oscuras, muy oscuras y parece que vas a ser engullida por la espesura. A mí me pasa sobre todo en Premen, y a veces, también en Preovu. En ocasiones, te hundes más y más con cada intento de asomar la cabeza. Pero sabes de sobra, que no habrá flotador que te salve, sabes, que “la salvación” la encontrarás abajo, bien abajo. Dentro. En los abismos que aguardan en tus vísceras. Entonces, te rindes y caes sin que haya otra opción.

Allí abajo, puede ser (ojalá) que rescates alguna perla, alguna revelación. Puede ser que te des cuenta que has vuelta a caer, que el sistema te ha vuelto a pisar la cabeza, que tu HE ha vuelto a ganar. Quizá (ojala), los tesoros que halles allí te den el impulso para volver a la superficie, quizá (ojalá), esas revelaciones te den la alegría (y la fuerza) de querer seguir nadando, y de hacerlo en el fango cuando toque. Porque el fin lo merece. ¡Las Humanas Socialis (en prácticas) ya estamos aquí!

 

De mayor quiero ser nadadora de ciénagas

Hace ya unos años que sé que quiero estar al servicio de la transformación. Y de paso, transformarme con Ella. Y tengo la alegría de escribir que así está siendo. No ha sido una decisión consciente, más bien diría que es donde mi curiosidad y mi no-conformidad con la vida que nos venden los anuncios, me han traído.

Ya son varios años los que llevo trabajando en proyectos molones y transformadores. Creando (en relación) estructuras “nuevas” que pretenden ser formas alternativas de organización para esa Vida que ansiamos. Mi última revelación en cuanto a cómo llevar el camino de frustraciones en el que a veces deviene esto de crear, es convertirme en vecina de Fiona y Shrek, y aprender a nadar en los lodos.

¡Quién sabe!, los lodos son medicinales y hacen que la piel se nutra, ¿verdad? Quizá incluso podemos hacer travesías comunitarias al gran abajo, y después, tumbarnos embarradas a secarnos al sol, para que estos barros nos dejen las pieles tersas, renovadas y sobre todo, transformadas. ¿Te vienes de excursión?

 


*La imagen de este post es la interpretación de mis abismos. La he pintado yo 🙂

Autoexplotación: No lo haga(mo)s

Autoexplotación: No lo haga(mo)s

Es sabido que el sistema-Patrix en el que vivimos está basado en la explotación, sobre todo para que la acumulación de los famosos BBVAHs (u Homo Economicus, esos mitos que habitan la parte de arriba del iceberg de las opresiones) no deje de suceder.

También y como muy bien sabemos, todas-todes les demás, (sobre)vivimos realidades precarizadas en esos abajos, con varios empleos remunerados (al mismo tiempo), con trabajos diversos (a veces no visibles y en cualquier caso, no visibilizados) y otra serie de quehaceres (proyectos propios, formaciones, quedadas, amistades, compromisos…) con los que a veces, además de ser explotadas, llegamos a auto-explotarnos.

El “¡Tu puedes!” esta a la orden del día y no olvidemos que es un lema capitalista orientado a que estés como estés, sigas produciendo.

 

Entusiasmo: Gasolina para el alma (que puede explotar)

La marca personal, el proyecto propio, el alzar la voz aquí o allá, el decirnos para existir esta de moda. Surfeando esta ola estoy yo misma. Esto, es una maravilla para nosotras, tanto a nivel individual como colectivo. Porque nos da bizipoza (alegría de vivir en euskera) y porque ya era hora de que nuestras voces (y vísceras) sean nombradas y escuchadas. Podríamos decir que en muchos casos esta gana-fuego nos arde dentro y necesitamos expresar lo que sentimos, lo que sabemos, lo que hacemos. Y hacerlo hoy en día es relativamente fácil gracias a, como dice Remedios Zafra, nuestras habitaciones propias conectadas (al menos, las que tenemos el privilegio de tenerlas, habitaciones propias e internet, digo).

Transmitir este entusiasmo que nos da hacer/decir algo (con el compromiso hacia una misma que esto implica) es sin duda algo ilusionante, que conseguimos (en gran medida) a golpe de click, pero que sin embargo, lleva implícitos un montón de trabajos de los que, a menos que seas una profesional del tema (o sea que antes de emprender (como odio esta palabra por cierto…) por tu cuenta ya te movías en el mundillo), normalmente no somos capaces de ver (y menos aún de hacerlo con anterioridad).

Al tiempo de arrancar un proyecto nuevo, y después de la fase clásica del “enamoramiento”, según mi propia vivencia y en la de proyectos que acompaño, existen 2 posibles devenires. Uno: acaba la época de subidón, los trabajos no demasiado “recompensantes” se convierten en rutinarios, la burbuja estalla y termina el asunto (llega el fin del proyecto). O dos: comienza lo que muchas estamos sufriendo y que podríamos nombrar como “la auto-explotación que nos mantiene vivas y existiendo, y al mismo tiempo nos hace ir patinando en la vida”.

El iceberg de tus trabajos y empleos

Como sabes uno de mis totems (y con el que mi cabeza sigue haciendo boom!) es el famoso iceberg de la economía feminista. El otro día lo miraba y observaba que si colocamos los frentes en donde invertimos tiempo y energía en él, apreciamos que arriba (en la zona privilegiada) está el (o los) trabajo(s) remunerado(s) o empleo(s), y abajo, en la zona que sostiene esta cima, tendríamos todas esas otras proyectos-trabajos-ocios-relaciones que son fundamentales para que lo de arriba se sostenga (o sea, sintamos/tengamos una vida más allá del empleo, que manda narices el tema…) y que sin embargo no siempre les hacemos el caso que deberíamos.

Como si de los trabajos de cuidados a nivel global se tratará, en nuestra propia realidad-iceberg, y teniendo en cuenta que organizamos nuestra vida en torno al empleo, abajo, estarían las acciones que nos cuidan a nosotras mismas. Que nos dan (algo de) ilusión y esperanza. En esas aguas subterraneas, estaría también ese proyecto propio en el que estoy centrando este texto. ¿Sabemos que es lo que pasa con esa parte que sostiene, verdad? Básicamente, precariedad de tiempos-energías e invisibilización.

 

Eso que da tanta alegría (y que también cansa): Ilusión y Trabajo(s) en tiempos de pandemia

Desde el comienzo de este proyecto supe que la perseverancia, mi propio proceso de “profesionalización transformadora” y los tiempos-energía dedicados a los quehaceres del proyecto, serían los grandes retos para mantener esta barquita-proyecto a flote. Y así esta siendo.

Es una negociación constante entre un montón de factores. Uno muy determinante es qué acciones concretas desarrollo para el proyecto, como escribir, leer, compartir, preparar talleres, etc. otro muy potente (y que me trae infinitos y cíclicos dolores de cabeza) es el uso que doy a las redes sociales virtuales y procurar que no sean ellas quienes me usan. Sin embargo, siempre me topo con la siguiente pregunta: ¿Una existe si deja de publicar en redes sociales virtuales durante un tiempo?

Hay vida más allá de las redes sociales virtuales. Lo sé (teóricamente) aunque aplicármelo, me trae de cabeza.

En estos últimos ciclos me he sentido profundamente cansada. Se me han acumulado proyectos, y algunos han dado más complicaciones (y trabajo) de lo que imaginaba o preveía. Me pasa ciclicamente y ahora a todo se le suma el factor-covid. Por lo que me he sentido autoexplotada. Intentando escribir sin ganas, publicando por publicar y lo mas grave, yendo a algún encuentro presencial sin un ápice de ilusión. Aquí me salto la alarma.

Los efectos de la pandemia llamada covid son grandes, pesados y con muy poca oportunidad de despresurizar-nos. Ya no hay fiestas, ni quedadas espontaneas, no hay abrazos que avivan la chispa, ni excursiones a la provincia de al lado. La vida esta cansina, y si a esto le sumamos unas exigencias internas tan tremendas como las que nos impone el tinglado capitalista-productivista, pues una de repente arde en lo que era su cálido fuego-ilusión.

Estrategias para resistir a la autoexplotación (no arder y cuidarnos):

No soy de tips. Lo sabes. Sin embargo, me suele gustar acabar los post con ideas que a mí me están funcionando (y que además esta genial que me recuerde). Aquí tienes algunas:

Midiendo tiempos-energías: Así como sabes cuanto tiempo te lleva(n) tu(s) empleo(s) remunerados, se igualmente (o más) honesta con el tiempo que tienes para dedicarle a tu proyecto, y procura ceñirte a esas horas. No por estar más tiempo sentada frente a la pantalla todo ira mejor.

-No vas a forrarte: No nos engañemos, teniendo en cuenta lo que cuesta ser autónoma (y los gastos de impuestos y gestoría asociados que conlleva), ¿Cuántas de las Compas que tienen un proyecto propio viven de los ingresos que este les genera? Es probable que combinar varios curros sea la maldición de nuestra época. Asumamos-lo y dejemos de pensar que hay sitio para todas en la cima. Dejemos de querer/creer ser un BBVAH. Sobre todo porque nosotras no queremos que haya cima.

-Existir más allá de las redes sociales-virtuales: Considera bien donde compartes tus contenidos y porque lo haces ahí. En estos tiempos de clicks y likes, a veces, no somos conscientes de que estamos regalando nuestro más valiosos saberes (y horas) a las grandes corporaciones de siempre.

-No solo de ilusiones vive la mujer*: Estate siempre atenta a la remuneración económica que te dan los trabajos por los que te contratan. Procura siempre que se valoren tus ideas y tus procesos de creación. Es maravilloso ponernos compartir saberes, sin embargo, esta siempre bien considerar que si nos dan para llenarnos la tripa, es mucho mejor.

-Más allá del dinero: Observa también esas cosas no-remuneradas pero que tanta vida te da tu proyecto. Hazlas visibles, compártelas! Necesitamos nuevos modelos de ser profesionales más allá de títulos, dinero, status-quo y demás movidas viejunas.

-Ciclicidad, siempre ciclicidad: Cada fase tiene sus potencias y sus límites. Pon estas de tu lado. No siempre estamos en el mood de crear, ni de compartir. Estar atenta a como danzas con tu ciclo es siempre (siempre) fundamental.

-Respira y di no: No por más hacer ni correr, llegaremos más lejos ni antes. A mi aún me cuesta mucho decir no, sobre todo cuando lo que me ofrecen me apasiona (me pasa mucho). Pero en esto de ser honesta conmigo (y con el proyecto), descansar (en todas sus modalidades posibles) ha de ser prioridad si no quiero hacer(me) campo quemado.

Y tu ¿alguna otra idea que te funcione en esto de encontrar ese (imposible) equilibrio entre la ilusión y los trabajos para currar gustosamente y sin auto-explotarte?


*La ilustración de este post es de (la siempre inspiradora) Paula Bonet.

¿Cultura menstrual normativa?

¿Cultura menstrual normativa?

Comienza el 2021. Un año al que se le están poniendo muchas expectativas. Como leía el otro día, “no odias el 2020, odias el capitalismo”, y este, no va a desaparecer por mucho que cambiemos de año. No Señoras, lo siento, pero no.

Considero que está en manos de todas, de todes, de todos, girar la rueda hacia otras formas de organizarnos que nos permitan vivir con alegría, desde la Alegría. Decesitamos construir (como mil veces he dicho parafraseando a las Compas Mesoamericanas -de Abya Yala) Vidas (con mayúscula) que merezcan ser vividas.

Tengo un listado de temas que quiero agarrar durante estos renovados (o eso quiero creer) 365 días. Temas que me quedaron pendientes, de los cuales sigo recabando información y preguntando-me bien hondo la forma de traerlos a palabras. Tengo prioridades, lógico. Y tengo también unas Compas cómplices con las que construir nuevas preguntas y generar respuestas (que bendición esto, joe!).

Hoy te traigo una reflexión, que aunque llevamos tiempo haciendo, me preocupa de sobremanera, y que mi querida prima P. puso el otro día encima de las mesas de varias redes sociales-virtuales: La Cultura Menstrual se está convirtiendo en algo mainstream, en algo popular (en el peor sentido de la palabra), y ya hace un tiempo que esta siendo manido (y ensuciado) por las asquerosas manos del capitalismo.

 

Capitalismo usurpador y devorador

Es sabido que el capitalismo todo se lo come. No importa que sea por medio de un feminismo convertido en camisetas de esa marca que empieza por Z y acaba por “ara” que bien conoces. No importa que sea promoviendo copas menstruales desechables (sí, sí amiga, hace ya un tiempo que existen). No importa que sea «invitándonos» a donar óvulos contándonos que somos super solidarias y unas heroinas (TW: el artículo enlazado es duro de leer, pero muy necesario). No importa que sea por medio de plantar (a modo de escaparate) Nuestra-Criatura libro en esa otra gran corporación que empieza por A y acaba por “mazon” (igual de flipada que tú nos quedamos las autoras).

El sistema caníbal en el que ponemos nuestros cuerpos día si y día también, está siempre al acecho, escondido detrás de cada puerta esperando el momento para capitalizar lo que sea que propongamos. Deseando devorar y re-colonizar una y otra vez nuestros cuerpos y vidas. La resistencia está muy chunga, y estar atentas a esto, saber que esto ocurre a cada instante, me parece lo primero que podemos hacer.

 

La Cultura menstrual está bien rica

Obvio que esto que venimos llamando Cultura menstrual no iba a quedar fuera del menú que se quiere comer (y que se está comiendo) el capitalismo. Por ello acontecemos (atónitas, tristes y enfadadas) a una gran oleada de proyectos, plataformas y movidas que nos indican (de base y de fondo) cómo menstruar maravillosamente, con sangre que se convierte en purpurina y siendo la identidad mujer la única «digna de» menstruar (de esto te hablaré en otro post que tengo pendiente). Las fases que venimos usando como arquetipos orientativos y como tendencia, se están convirtiendo en hegemonía, y esto querida, es realmente grave.

No tienes que ser super productiva en Preovulatoria, puedes odiarla porque los estrógenos te hinchan de ansiedad. No tienes que menstruar de forma “regular”, ni ser una princesa chorreosa de libido en ovulatoria. NO. Tampoco tienes porque vivir tu ciclo de forma “positiva” y por supuesto que, bajo mi punto de vista y vivencia, no tienes que hacer nada más que adoptar esta perspectiva cíclica como (una) forma de conectar con tu cuerpo.

 

Un peligro que veíamos venir

Erika lleva tiempo advirtiendo-nos de que no existe la perfecta menstruante, y la menda, pues también (aquí puedes leer el artículo de “Como tu ciclo menstrual es resistencia anticapitalista”). No hay nada que vaya a servirnos relacionado con el cuerpo ni con los cuerpos en relación, a menos que esté bien arraigado en el contexto socioeconómico y cultural en el que vivimos. Es decir, no habrá cultura de cuerpos, ni de cuidados, ni menstrual, ni de nada novedoso, a menos que tengamos bien presente (y todo el tiempo) las aguas pantanosas en las que nadamos.

Sin embargo, por mucha advertencia que tuviéramos, sabíamos que esto pasaría, que cuando algo se hace más y más visible, llega el Homo Economicus y nos los guarrea todo.

 

¿Y qué hacemos?

Como divulgadora (o lo que sea que soy) de Cultura menstrual, este tema me preocupa mucho. Mucho. Desde la autocrítica diré que pocas veces me siento en paz pensando en si estaré mirando todo esto desde suficientes prismas.

No sé bien qué podemos hacer. Esta es la verdad. No tengo las respuestas para frenar al capitalismo, y planteármelo siquiera ya me parece una (auto)exigencia brutal. Por lo que partimos de la base de que no cambiaremos el mundo. Sin embargo sí podemos mantener algunas ideas presentes para seguir siendo resistencia-tierna (y ojalá este 2021 consigamos ser Resistencia-Tierna-Juguetona):

  • A veces, la mayoría por desgracia, aconteceremos a la desolación de ver que nos han en-mierdado nuestro rico pastel. Nos surgirán contradicciones y tendremos que negociar con nosotras mismas y con el entorno. Acoger la rabia-pena (o las emociones que te surjan) es siempre bien. Puede ser además que algunas de estas te den gasolina para seguir.
  • Si ya has realizado un viaje (o varios) por tu ciclo menstrual y eres de la que lo cuenta con emoción y entusiasmo, ten presente que las fases que tú vives no tienen que ser las que otre viva. A veces se cruzan, otras, aparecen nuevas fases que podemos observar con curiosidad. Hay tantas formas de ser cíclicas como cuerpos menstruantes. No olvidemos esto.
  • Además, puedes encontrarte con personas que tengan ciclos diversos, que no ciclen en este momento o que no van a ciclar más. De esta diversidad solo podemos (y debemos) hacer una cosa: abrir bien los ojos y los oídos, escuchar, empatizar y aprender.

 

Conexión contigo, igual a espíritu crítico

Y pase lo que pase, hablemos de ciclo menstrual, de economía, de cualquier-cosa-que-suene-molona, mantén ese espíritu crítico que vive en ti. Nútrelo, comparte(te), contrasta, confronta. Esta conexión contigo, con tus procesos, con tu historia personal, con tus relaciones… es la que más pistas te dará sobre Tu verdad. Una verdad que puedes descubrir cíclica y cambiante, por supuesto.

No es tiempo de gurus ni de gurusas, no hay nadie que tenga ninguna verdad absoluta, no hay información “completa”, por lo que estar siempre alerta (si, esto cansa un ovario, lo sé) dándote (por supuesto) tus propios tiempos de (auto)investigación y reposo, es seguramente lo más que podemos hacer para mantenernos siendo resistencia-crítica-tierna (y divertida ¿? ¿Cómo se hace para estar en esta brecha mientras nos divertimos? Espero tu respuesta en los comentarios :p).

 

Te necesitamos, nos necesitamos ATENTAS para que sigamos creando juntas Cultura Menstrual enraizada en el contexto donde habitamos, y que esta se mantenga de forma bien-bien crítica.


*Desconozco la autoría de la foto de este post.

Lo que se nos está perdiendo y algunos Posibles-posibles (Parte 2)

Lo que se nos está perdiendo y algunos Posibles-posibles (Parte 2)

En el primer artículo relacionado con este temón que te traigo (lo lees aquí), te contaba como la situación que estamos viviendo no para de restringirnos “cosas” y en consecuencia de restringirnos (quizá debe de ser así, no lo sé, no lo tengo claro, pero este no es el tema de este post…)

Con esto, algunas de las conquistas por las que llevábamos años caminando (sobre todo) por senderos feministas, han quedado relegadas a otros planos. Algunas, a planos totalmente invisibles, dado que a.c. (antes del covid) tampoco eran lo que podríamos decir de gran prioridad para el sistema. Y con El Miedo suspirándonos en nuestras nucas, podría hacer que las perdiéramos para siempre.

Sin querer ser tremendista ni dramática, y con el objetivo de no perder (más) y no perdernos (más), creo que poder compartir nuestras estrategias en la creación de posibles-Posibles es una opción para seguir viviendo, y si puede ser, incluso bien-viviendo.

En esta segunda parte te comparto algunas de las revelaciones/acciones concretas que estoy practicando. A ver si te sirven, a ver si te ves en ellas y a ver si nos compartes más. Porque la imaginación y la creatividad (y las ganas de seguir creando un mundo más tierno), siguen en nosotras, y deseo que también en ti.

 

Mejor compartir, que dar tips y las no-novedades

No soy mucho de tips ni de consejos. No creo ser nadie para dártelos. Sin embargo lo que me gustaría es proponerte un compartir. Yo te comparto los míos por aquí y tú me compartes los tuyos en los comentarios. ¿Te parece? 🙂

Ah! Si eres de las que en tiempo pre-pandémico ya hablabas de estos temas, seguramente no te parezcan muy novedosas estas ideas. Sin embargo, al menos en mi caso, todo me está resultando mucho más urgente. Y por tanto, lo que nos propongo es accionar(las), provocar(nos).

 

Algunas (de mis) revelaciones y otras re-revelaciones

  • Rutinas a mi favor (tiempos energía, acciones,…) ¿Qué haces en un día? ¿Cuánto tiempo dedicas a cada cosa? ¿Cuánto tiempo dedicas al nuevo frente llamado Covid? (Mantener esto presento, por ejemplo con la herramienta del Mapa del Tesoro, siempre es bien).
  • Menos información y más estrategias. Menos noticias catastróficas y más inspiraciones-creativas. ¿Cuál es la información de la que te estas nutriendo? ¿De qué medios? ¿Sobre qué hablan? (A mí, cuando necesito desconectar de todas-mis-movidas me están salvando los podcast de humor (feminista) como: ‘¿Puedo hablar!‘ o ‘Deforme semanal ideal total).
  • Conexión con las emociones. Porque recordemos, que las emociones son políticas, y crear (nuevas) estrategias para que estas estén presentes y sean visibles (a pesar de las mascarillas), sigue siendo muy importante. (¿Reconoces tus emociones? ¿Sueles hablar de ellas? ¿Con quién? ¿Qué te cuentan últimamente? Aquí tienes este artículo en el que te hablo de Ellas).
  • Registro de ciclo. Ejem… ¡que te voy a contar! Es probable que tu ciclo se haya visto modificado por la situación estrogénica que estamos viviendo. Quizá sea momento de volver a registrar (Tienes 3 artículos en mi blog para (re)comenzar la aventura. Por aquí accedes al primero y puedes seguir desde aquí con la saga).
  • Atender deseos y necesidades. El poder de saber cuáles son tus Decesidades. Si ya no está disponible la forma en que hacías algo, busca otra, pero no apagues el deseo (o la necesidad) de llevarlo a cabo. (¿Qué cosas hacías antes que ahora no puedes hacer? Hazte una lista y proponte opciones o alternativas factibles).
  • Menos hablar del covid, y más hablar, acoger e intentar transitar nuestros miedos. ¿Tienes la sensación de que todo conversación deriva en Covid? (Quizá darle un tiempo concreto y prohibir hablar de ello después puede ser una estrategia que te funcione. Yo la ando probando… y bueno, nos va bastante bien).
  • Menos (muuucha menos) ciudad y más naturaleza. Si puedes, conéctate todo lo que puedas con los árboles, los pájaros, el monte, la playa… (Yo estoy sintiendo verdadero alivio cuando decido dejar el asfalto e irme a pisar tierra y a oler las hojas secas).
  • Menos planes, pero más cuidados. Sip, ya no podemos hacer tooooodo lo que hacíamos antes. Sin embargo, quizá sea el momento de poner más atención, cuidado y cariño en eso que si hacemos. Los cuidados están por resignificar y redefinir, y para esto, las prácticas concretas que puedas desarrollar (y después compartir), son pasos hacia la revolución de la Ternura feroz 😉
  • Menos mente y más cuerpo. Yo lo estoy necesitando mucho. A ratos la mente se me satura. Y bajar al cuerpo, respirar, hacer Taichi, pasear, bailar, acariciar… están siendo una verdadera salvación.
  • Menos capitalismo y más economías críticas. Estamos atravesando una profunda crisis (también económica) que seguramente (siento el pesimismo) no ha hecho más que empezar. Reforzar los proyectos que ya funcionan de otras formas, hacer una apuesta por consumir lo local y lo cercano, bajo mi punto de vista se torna prioritario. (Aquí tienes un texto que escribí sobre lo Km.0. Infórmate, seguro que más cerca de lo que crees tienes personas transitando estos caminos críticos y transformadores).

 

Como te decía al principio, con este texto deseo que no olvidemos lo que se está perdiendo (lo que estamos perdiendo), sobre todo para que seamos capaces de “sustituir” nuestras prácticas sociales y que no gane el Homo- Economicus-indivi-dua-listo que están intentado re-instalarnos. Ya teníamos software molones instalados. Que nos había costado años (des)programar. Quizá estaban en modo Beta, pero estaban. Ahora creo que es momento de encontrar la actualización. Y para esto, necesitamos creatividad e imaginación. ¿Las ejercitamos juntas? ¿Qué más Posibles-posibles estás practicando/activando/experimentando? ¡Cuéntanos, porfa!

 


*La ilustración es de Niki de Saint Phalle.

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