Colapsando (coñoescrito)

Colapsando (coñoescrito)

Hace mucho que no coñoescribo, para publicar.

Honestamente, Compa, que tu mirada esté ahí, al otro lado, aún siendo amorosa, como sé que lo es,

hace que el miedo se apodere de mis tímidos dedos,

y que acabe (o empiece) siendo editada por mi misma, censurando lo que mis entrañas quieren decir.

Podría decir que no merma (que no mermo) sabiendo que tus ojos persiguen mis letras,

pero, te mentiría.

“No importa, puedo decirme igualmente sin que el desnudo sea integral”. Me relajo.

Y es que sí, necesito decirme desde aquí dentro.

No sé bien porque ha pasado tanto tiempo desde aquel último post.

Mente ganando a cuerpo, como siempre.

Y quizá también, el miedo constante de que me vayas a dejar de querer si descubres cómo soy.

Esto también siempre ahí. Impostora en modo on. Acogida. Aquí al lado de mí. Vamos juntas.

Voy. Vamos.

—–

Son tiempos movidos, joder, siempre parece que lo son.

(Además) estamos en tiempo entre eclipses,

Venus desciende hacia el inframundo y yo con ella.

Y si miro más aquí en la tierra, diría (y no soy la única) que el colapso ya está aquí.

Si, ya sé, colapso suena duro,

como a meteorito y todas esas escenas distópicas que tenemos grabadas a fuego en nuestros cerebros también un poco colapsados, y de las que he escrito mil letras.

Pero es mucho más real, quizá también mucho más lento e invisible

(o mejor dicho, invisibilizado, como todo lo que no interesa que sepamos/veamos).

Últimamente, ando obsesionada con la soberanía alimentaria,

con las sequías de tierras cercanas,

con la tierra que cada vez es menos fértil,

con los árboles que tanto nos dan y a los que tan mal-tratamos…

¿Qué vamos a comer en el futuro? ¿Y ahora, qué comemos?

¿Valoramos el oxígeno de los árboles? ¿La tierra que pisamos está viva? ¿Es fértil?

¿Somos conscientes de que nunca antes la devastación había sido tal?

Es como si lo urgente se me hubiera plantado delante de los ojos,

no pudiendo hacer mucho para escaquearme.

Aunque estoy aprendiendo a hacerlo, distraerme, digo, al menos a ratos.

Que ya sabéis como somos las “intensitas”…

Hace unas semanas me atrapó la tristeza. Y vi que venía para quedarse.

No es un sentimiento angustioso ni estresante ya.

Aunque han sido semanas abisales hasta que (me) he podido ubicar, decir, nombrar.

En realidad, es una amiga bastante vieja a la que siempre he querido desterrar.

La tristeza, digo.

Ahora la siento como algo más bien cálido y que me está ayudando a tener los pies en el suelo.

Sin drama, o poco.

Quizá también me está acompañando a echar raíz, cual plantita que por fin, ha encontrado su/un tiesto.

Quizá a apreciar más los momentos soleados, dejando que la alegría me invada entera.

Quizá a bailar con mis amigas, dándolo todo en un flying free épico.

Quizá a volver a re-mirar las prioridades en mi vida,

como quien sabe que nunca hay que perder la brújula interna de vista, y también que,

haciendo espacio y limpieza, habrá hueco para que la vida re-nazca,

en mis proyectos,

en mis complejidades,

en los armarios y discos duros llenos,

en la percepción que tengo de mi misma.

Igual está bien colapsar de vez en cuando,

para ver qué recodos de mi misma se me muestran esta vez. Una vez más.

Eso si,

que el colapso sea con amigis-amoras que son cuerda tierna y reguetón del güeno,

un hogar cálido entre árboles y nubes,

y pájaros que veo con mis nuevos catalejos de hace 50 años,

regalos personas-vivencias que no espero,

Venus siendo inspiración,

y herramientas que voy metiendo en mi mochila, mientras saco piedras de otros tiempos que ya solo pesan.

¡Que la tristeza me pille siempre b(i)en-deci(di)da!

Menstru día 1. 10/05/2022. Luna creciente


*La imagen de este posta esta pintada por mí. Sangre menstrual sobre papel acuarelable y algo de tinta china 🙂 Puedes ver más dibujos-experimento, AQUÍ.

Se defensora de tu territorio

Se defensora de tu territorio

Siempre he sido muy ‘de no callarme’ (lo práctico digo, que lo emocional ya es otra cosa…). Es una característica que aprendí de mi madre desde muy pequeña (Eskerrik asko, Maa!). Poner quejas, reclamaciones y hacer saber a quién corresponda que algo no está bien, está integrado en mí desde que tengo uso de razón. Además, ahora, y teniendo en cuenta los tiempos de más y más precarización que vivimos (y para no caer en la trampa de culpar a personas concretas, sino más bien a la propia estructura), procuro que las quejas sean propositivas.

En los últimos tiempos (aunque sé que nada de esto es nuevo), podemos observar como la destrucción de la naturaleza avanza sin pausa. Por supuesto, los discursos y prácticas de las Compas mesoamericanas, y su tan inspiradora frase de “Cuerpo-Territorio-Tierra”, han fomentado mi energía para no dejar pasar ni una, y menos, cuando tiene que ver con la destrucción de este entorno cada vez más contaminado.

Y aunque tenía este texto en borrador desde hacía meses, el sábado pasado acudí a unas jornadas organizadas por BDSKoop tituladas ‘BiziHiriak’ (ciudades vivas-ciudades vivibles), en las que fueron presentados un montón de proyectos e iniciativas populares de la bahía de Txingudi (donde vivo), que trabajan por modificar el modelo de ciudad, “desde abajo” y con perspectiva de aportar a la transición eco-social (y de resistir al capitalismo desarrollista). Fue muy interesante y alentador sabernos cerca.

Avanza la destrucción…

Aquí, en Euskal Herria, llevamos años viendo como destruyen valles y ríos para la construcción del TAV (Tren de Alta Velocidad), y ni siquiera con la última crisis llamada “pandemia del coronavirus” se ha realizado la (tan necesaria) reflexión sobre si necesitamos un tren que nos lleve más rápido, y para qué… (en 2018 se cumplieron 25 años de esta lucha AntiTAV, puedes leer sobre ello aquí).

En el otro lado del “charco”, las cosas están (mucho) peor. El extractivismo, el expolio y en definitiva la neo-colonización que este nuestro occidente continúa ejerciendo, sigue y sigue. Las Compas del podcast “Destapar la crisis” lo cuentan muy clarito en este episodio titulado “Cuerpos-Territorios en disputa”, en el que denuncian como las grandes obras capitalistas ni siquiera pararon en el tiempo del confinamiento.

Además de lo (más) visible, en el día a día ocurren cosas “pequeñas” en las que poca gente repara. Normalmente, vamos demasiado rápido… En estos meses, aquí, en la preciosa comarca del Bidasoa, en donde pazco, hubo un vertido de gasolina sobre una campa a la que voy mucho con Maia (La Peluda), y también han destruido una pequeña playa de piedras en la orilla del río al que íbamos en verano a bañarnos.

…y nos destruimos con esto

La resistencia de muchas Compas mesoamericanas (a las que a muchas les ha costado literalmente la vida, como a la conocida Berta Cáceres o como a las 65 mujeres que fueron asesinadas entre 2017 y 2018), es, en la mayoría de los casos, por la más extrema supervivencia. La defensa de (sus) los territorios está fuertemente unida a que las necesidades básicas puedan ser cubiertas. El ataque a los ríos y a los bosques (casi siempre por parte de multinacionales) pone en peligro sus cosechas y en definitiva, que puedan tener unas vidas vivibles.

Aquí, desde el privilegio occidental y del “norte”, (porque aún parece que no vemos que nuestras necesidades para sostener la vida están en peligro), siento que la estrategia va más por destrozar lugares que nos dan aire, los cuales, aunque puedan estar leídos como “espacios para el ocio”, son imprescindibles para el (buen-)vivir de humanoides y no-humanoides. Normalmente, vemos desaparecer zonas verdes para la construcción de viviendas y más viviendas. Y carreteras, y más y más asfalto.

He llorado mucho en este último tiempo por esto. Cíclicamente lloro por ello. Por ver la poca importancia que se le está dando en general a la destrucción de la naturaleza, por los pocos medios que se destinan a la protección de lo que, entre cemento y más cemento, aún late. Y por saber, que nosotres en definitiva nos destruimos con todo ello. Con cada árbol talado, con cada vertido y con cada nueva autopista o edificio cimentado, algo, que me cuesta nombrar, desaparece.

Seamos defensoras de nuestros territorios

Con este escrito mi objetivo (que como te decía es propositivo y pretende ir más allá de la queja), es que seas defensora de tu territorio. Si, si, tú. Y yo, y todes. No podemos (ni debemos) dejar pasar ni una. NI UNA. En algunos lugares hay organizaciones ecologistas potentes y pueden ser de gran ayuda. Aquí, por ejemplo, hace un par de años la asociación ‘Artiako Lagunak’ (Amigxs de Artia) consiguió parar la tala de 102 tilos. Fue impresionante, y aunque los árboles siguen en peligro, ahora somos muchas (más) las que estamos al corriente y las que los defendemos.

En otros sitios no hay asociaciones. Y aquí es donde veo muy importante que cada una cojamos el punch y la responsabilidad de hacer algo (con amigis siempre mejor, claro!). Lo que podamos, que siempre será mejor que nada.

Los pasos no suelen ser complicados, la mayoría de los ayuntamientos tienen plataformas online, o puntos físicos a donde ir para reclamar o avisar de lo que está ocurriendo. Y TODAS LAS INSTITUCIONES tienen LA OBLIGACIÓN de responder a nuestros escritos SIEMPRE.

Entonces, puedes redactar una carta sencilla explicando qué ocurre, sacar unas fotos, y utilizar las vías disponibles para hacerte oír (o leer) y que se te escuche. No pienses que son tonterías, porque no lo son. Dales la importancia que tienen y ponte manos a la obra.

Tiempo y energía (puestas al servicio)

En el caso que te comentaba más arriba del vertido de gasolina, fue al expresar (I y yo) lo que habíamos visto (y dar la turra todo lo necesario), que abrieron un expediente y pudieron completar el puzzle. Estaba el vertido, nosotras vimos el accidente, y tirando de los hilos, pudo quedar archivado el suceso no como algo que parecía haber ocurrido por azar (intentaron disuadirnos con relatos absurdos varias veces), sino como lo que fue, un vertido relacionado con el accidente de un camión. También por la reclamación que pusimos al ayuntamiento, la playa de piedras al borde del río está ya parecido a como estaba. Quizá no tenga nada que ver con que bastantes personas metiéramos la carta de denuncia, pero yo creo que sí.

No hace falta que escribas de maravilla, no hace falta que uses la (terrible) jerga administrativa. Solo hace falta que te armes de paciencia y valor, y que hagas todo lo que esté en tus manos para que lo que sea que ocurre (o haya ocurrido) no pase desapercibido. Te prometo que no te arrepentirás. Te llevará tiempo y energía, si, pero es probable, que hacerlo te deje una sensación de que has hecho lo que debía ser hecho.

Mesoamericanas que (siempre) son inspiración

Tal y como te decía para salir de la queja vacía, es importante la acción. Y para ello, tal y como he ido contando durante el texto, para mií las inspiradoras de referencia son las compas Mesoamericanas. Aquí algunos recursos que, cuando tengas que ponerte manos a la obra, pueden servirte para que tu ánimo no decaiga:

 

¿Tienes algún otro recurso inspirador? ¿Nos lo compartes en los comentarios?


*Desconozco la autoría de la imagen de este post. La he encontrado aquí.

Abismos (nuevos) de una pandemia (Parte 2)

Abismos (nuevos) de una pandemia (Parte 2)

«Veo un camino delimitado por una enredadera de pinchos, como los que aparecen en los cuentos de princesas. Verde en distintos tonos, y con diferentes texturas. Esos pinchos que delimitan son conocidos, eran conocidos quizá. Algunos, los hemos trabajado juntas, o en terapia, o escribiendo, o indagando muy hondo en el cuerpo-vivencias de cada une.

Con la pandemia, con esto que llamamos Covid, ha crecido una nueva enredadera más cerca de mí. Por el medio es donde está el camino por el que caminamos la vida, y se ha estrechado considerablemente. En algunos puntos las enredaderas se entrelazan entre ellas. Me pincho constantemente porque no conozco la dimensión de esta nueva planta, ni tampoco como es en los puntos trenzados. Algunos momentos siento que está muy (más) cerca, y las texturas, colores y matices han cambiado sutil o radicalmente. El camino del medio, por donde voy andando, es el espacio disponible para la alegría, el cariño, los vínculos y el amor.

Es importante reconocer con que/donde delimita para poder seguir caminando por un camino que identifico, que (re)conozco», y por supuesto, hacer lo posible para ensanchar toda estrechez impuesta.”

 

Jugando juntas a los abismos (o a reconocer los pinchos de la (nueva) enredadera)

Te contaba en la parte 1 de este post (accedes pinchando AQUÍ) de dónde nacen estos escritos.

Abismos, pinchos, miedos, angustias, fantasmas, mierdecillas-metidas-debajo-de-las-alfombras… los nombremos como los nombremos, no dejan de ser historias que pasan (o que se quedan cual obsesión) por nuestras mentes cansadas, en relación con el entorno (incierto y precario) en donde (sobre)vivimos.

En este segundo listado encuentras más perlas rescatadas de los lodos. Deseo que te sirvan, que os sirvan si tienes a bien compartirlas con quien te escuche y con quien tú quieras escuchar(os), seguro que mejor. Por si no leíste (o no te da la gana) de leer el primero, te recuerdo ponerte cómoda, con tiempo de calidad y una rica infu (o una birra) que acoja lo que puede ser que te mueva el leer este texto.

Sin más miramientos, aquí va la segunda lista:

 

Abismos nuevos (o la nueva enredadera de pinchos):

Miedo a la dimensión de la individualización, como algo que en un momento concreto ha de ser “imprescindible y necesario para el bien común” e incluso, “obligatorio”.

Miedo a las implicaciones (y consecuencias) de los confinamientos. Soledad, aislamiento, perder el “tocar tierra” y “tocar-oler cuerpos”. Núcleo de convivencia como única vinculación no-virtual, dejar de existir como sujetos sociales que usan las calles para las relaciones, como espacio político en donde existir juntes. Sensación de estar perdiendo las plazas y calles como espacios de creación abiertos a debates. Y cuando salga, ¿si contagio a alguien y muere por mi culpa?.

La Enfermedad en mayúsculas como la única existente. Mi querida I (sip, otra de ellas) me dijo que en tierras del otro lado del charco es así como la nombran. Cuando me lo dijo me di cuenta de que yo también lo estaba haciendo. Dando por supuesto, que es la única posible.

Miedo a que al querer escapar, darle la espalda y querer vivir al margen de La enfermedad. Con ello, miedo a estar dándole la espalda también a los cuerpos que la sufren a diario desde que empezó todo esto, no por estar contagiados (únicamente), sino por estar absorbidos por ella, como forma de muerte en vida. Ahora tengo miedo de haber abandonado a les más vulnerables, por salvar no se qué…

Miedo a morir/vivir en soledad (confinada, aislada y en esa individuación “obligatoria”)

Miedo al contagio: vivir con la idea de ser un cuerpo contagiado, en riesgo a serlo…)

Angustia por no saber qué creer. Saturación de información y poco tiempo/capacidad-crítica y conocimiento ubicado (¿dónde lo ubicamos si no hay un pasado con el que contrastar?) para discernir. Sensación de sentirme como una niña pequeña entre conversaciones “de adultos”, y volver a tener que fiarme de mi olfato…

Miedo a no poder bajar la guardia y relajarme, a no poder confiar, a tener que estar constantemente alerta, leyendo entre líneas, buscando tener el control mientras el caos continúa…

Incertidumbre por el futuro: ¿cuántos más virus habrá?, ¿viviremos con más y más miedo?, ¿y el cambio climático?, ¿cuándo llegará el meteorito ese?. Colapso (y encima voy tarde con la alternativa, que ni siquiera tengo clara del todo)

Miedo a ser señalada y estigmatizada. “Bruja!” ¿seré culpable del mal que se me acusa? A ver si va a ser verdad que por «nuestra culpa» hemos perdido la cosecha de este año…

Miedo a que me encasillen en un grupo que no me representa: Desesperanza, sensación de fatiga y frustración humanas, no lo siento solo como algo personal, sino como parte del cuerpo humano «global» al que pertenezco. Ya sé que esto puede sonar un poco raro. Pero es como si sintiese que soy una célula dentro de un cuerpo con cáncer y supiese que en este momento, va ganando el cáncer… Miedo a esa muerte también.

Miedo a mi propia incoherencia, pero también a mi propia intransigencia. ¿Cuáles son los valores que voy a sostener hasta «el final»?

Miedo a perder las referencias o más bien a no encontrarlas: Así como también a no encontrar lugares y personas referentes con quien poder contrastar(me), y poder visibilizar mis propios errores. Es como un miedo a homogeneizar-me con personas que están muy cerca de mi propio pensamiento.

Miedo a estar equivocándome y a no tener a nadie que me ayude a darme cuenta de mis errores sin juzgarme (en relación con el relato-virus).

Miedo a o que implica la globalización/estar en un sistema globalizado: Lo que implica estar en un sistema capitalista que perpetúa la destrucción y la muerte.

Me da miedo, me lleva a suelos no-estables el haber ido perdiendo proyectos colectivos, esperanza organizada, objetivos más allá de la supervivencia, objetivos de masa revolucionaria de cara a medio/largo plazo. Me ahogo pensando que los he abandonado, que no soy capaz de volver, que la gente me desespera, que no aguanto. Y que nadie esta además en condiciones para acoger estos retos para la supervivencia a medio/largo plazo.

Miedo a que no podamos construir una familia amplia y estable donde descansar. Aparte de bailar y luchar.

Incertidumbre por el futuro (no nos sirve el paradigma lineal de generaciones anteriores: Naces-estudias-trabajas (en uno o dos empleos de por vida)-casa-criaturas-ascensos en el iceberg-jubilación-nietxs-muerte. ¿Cuál es ahora nuestro paradigma? ¿Estudios que no sirven para salir de la precariedad? ¿Propiedad privada inalcanzable? ¿Ascensos que ya no perseguimos?

 

*BONUS: Miedo a perderme en el barullo de lo anterior (renovados- parte 1 + nuevos-parte 2).

Este miedo lo escribí al hacer el primer listado que hemos ido rellenando (y ampliando) juntes (como te contaba en la parte 1 de este texto, aquí). Ahora, con el tiempo de la reescritura, la edición y la dimensión de toda esta excursión abisal (2 meses de proceso hasta que este texto vea la luz), veo que hemos hecho un mapa. Un lugar al que volver y en el que poder identificar exactamente cuáles de todos estos pinchos me están pinchando. Aunque el listado es realmente abrumador, en este tiempo también he afianzado las relaciones con quienes me sostienen, he hablado de muchos de los puntos y también he desempolvado mi mochila de espeleóloga para poder auto-contenerme.

 

!!!! Recordatorio importante

Igual que te decía en el primer post pregúntate cómo te sientes ahora. Nos has acompañado a lo profundo y es probable que tú también te hayas pinchado. Muévete, baila, escribe, escríbeme… Pero por favor, no te paralices.

 

Y ahora, ¿qué?

Vendrán nuevos post más “luminosos”. Espero incluso propositivos y llenos de esperanza. Será pronto, te lo prometo. De momento, ¿qué te parece si tú también (a)coges tus miedos y continuamos caminando juntas?

Por mi parte me despido de esta expedición colectiva acogiendo y honrando nuestros/tus movimientos. Estamos Vivas y juntas, estamos desbrozando el camino hacia la Vida que merece la alegría. Gracias de nuevo a les que os animasteis a esta aventura abisal, ha sido la primera y no será la última.

 

Pd: Recuerda que si lo decesitas puedes escribirme pinchando AQUÍ, y si te animas, puedes dejarnos tu sentir en los comentarios de este post para seguir dándoles forma a estos abismos.

Pd2: Te dejo por aquí esta linda canción de El Kanka y El Jose, una cuerda cariñosa que deseo te acompañe en la salida de los abismos 🙂


*La imagen de este post es una foto sacada por Ione. Me parece brutal <3

Abismos (renovados) de una pandemia (Parte 1)

Abismos (renovados) de una pandemia (Parte 1)

«Veo un camino delimitado por una enredadera de pinchos, como los que aparecen en los cuentos de princesas. Verde en distintos tonos, y con diferentes texturas. Esos pinchos que delimitan son conocidos, eran conocidos quizá. Algunos, los hemos trabajado juntas, o en terapia, o escribiendo, o indagando muy hondo en el cuerpo-vivencias de cada une.

Con la pandemia, con esto que llamamos Covid, ha crecido una nueva enredadera más cerca de mí. En el medio es donde está el camino por el que caminamos la vida, y se ha estrechado considerablemente. En algunos puntos las enredaderas se entrelazan entre ellas. Me pincho constantemente porque no conozco la dimensión de esta nueva planta, ni tampoco cómo es en los puntos trenzados. Algunos momentos siento que está muy (más) cerca, y las texturas, colores y matices han cambiado sutil o radicalmente. El camino del medio, por donde voy/vamos andando, es el espacio disponible para la alegría, el cariño, los vínculos y el amor. Para un transitar gustoso hacia esa/en esa Vida que merece ser vivida.

Es importante reconocer con qué/dónde delimita para poder seguir caminando por un camino que identifico, que (re)conozco», y por supuesto, hacer lo posible para ensanchar toda estrechez impuesta.”

 

Jugando juntas a los abismos (o a reconocer los pinchos de esa enredadera renovada)

La introducción de arriba es la que escribí para proponerles a 3 amigas-hermanas que jugáramos juntas a hacer espeleología por los abismos que al haber pasado el bitxo, o al haberlo tenido muy cerca, habían asomado en nosotras. En el camino de esta investigación colectiva, se ha sumado otra compa y otro amigo.

Eskerrik asko de corazón a todes (Idoia, Ione, Esti, y a les otres dos compas) por haber accedido a jugar conmigo. Compartir miedos, pinchos, abismos y angustias en general, es liberador. Además de validarnos, en mi opinión, sirve también para tener la confianza, de que juntas, seguimos caminando los caminos (hacia) de la Vida.

Aquí abajo tienes el listado de lo que nos ha salido. No he querido editar el singular o el plural, consciente de que, la mayoría de las veces, algunos de los miedos se nos camuflan dentro hasta que une-otre, les pone palabras. Tampoco he querido modificar la forma de narrar de cada une. Soy consciente de que ha quedado un texto bastante caótico (y largo), sin embargo, pienso que así son los abismos, y más aún si nacen de 6 cuerpos que sienten y están Vivos.

 

 

!!!! Importante (o trigger warning como se le llama ahora) !!!!

A veces (la mayoría de las veces), entrar en los abismos no es una opción cómoda. A veces, como en nuestro caso, ni siquiera es una opción. Por lo que mullir-te el contexto (como tú lo necesites) es muy bien. Te recomiendo hacerte una infusión o servirte una birra. Quizá quieras proponer a alguna Compa hacer una lectura conjunta y ver que se os mueve…

Abismos renovados (o algunos puntos donde la nueva enredadera se entrelaza con la anterior)

Miedo al miedo que da expresar los miedos. Partimos de aquí con este texto-expedición. Del miedo que nos da compartirte todas las voces que charlan-discuten-debaten-gritan en nuestras mentes (muchas veces) de forma ansiosa. Te pedimos que leas este texto con comprensión y compasión, y que si asoman las tuyas, las trates de la misma forma.

Miedo a la muerte como algo aún mucho más cercano y presente. Esto en sí, ya es un temón en nuestra sociedad.

Miedo a la enfermedad como la vulnerabilidad de ser “un cuerpo” que muta. ¿Quién me ha contagiado?, ¿me quedaré de esta manera para siempre?, ¿pasará?, ¿cuál será el siguiente síntoma que tendré?, ¿cómo sería mi vida quedándome en enfermedad?, ¿me moriré?, ¿se morirá alguien que quiero?

Miedo a sufrir, tanto física como emocionalmente, ese que nubla el pensamiento.

Miedo a mi nueva tara mental, esa que se está desarrollando y que aún no conozco muy bien (acá los abismos o los pinchos de la enredadera).

Miedo a no poder dar una explicación lógica y racional de lo que me esta ocurriendo.

Miedo a la melancolía, a la apatía y a la nostalgia abrumadoras. Tuve miedo a que el mundo, el tiempo, la gente, los proyectos desaparecieran de mi espectro mental y emocional, y llegué a pensar que solo existían mi cuerpo y mi dolor. Me dio miedo el grado de dependencia que supone estar confinada.

Miedo a la soledad/abandono. Soy contagiosa, soy un arma biológica, una terrorista de la salud pública, mi existencia atenta a la salud pública, mejor me aíslo, me quedo sola, dejo de existir. En un plazo más largo temo dejar de sentir que sé relacionarme/comunicarme/existir y ser validada en la mirada del otre, me siento insegura relacionándome = dejo de relacionarme. Me siento rechazada por gente querida. Cuando estamos en la máxima vulnerabilidad que supone una enfermedad, nada de asistencia ni de contacto. Abandono en estado puro = Soledad.

Miedo a imaginar un mundo sin contacto, frío, triste y gris.

Miedo a no saber comunicarme/relacionarme. También tengo miedo a las taras de la gente, en general y en particular de las personas de mi alrededor. Tengo miedo a la rabia incontrolable. Tengo miedo a perturbar a la gente. Me da pánico la política de “todxs contra todxs”.

Miedo a abandonar mi/nuestros proyectos/criaturas. No poder dedicarle atención y que se amontone el curro. En este sentido, no poder cumplir con mis elegidas responsabilidades: cuidado de amigas y bebé.

Miedo a no cuidar, a tener actitudes de indiferencia, no acogida hacia mi gente. Tengo miedo a no cuidar como quiero cuidar.

Miedo a arrepentirme de no haber pasado suficiente tiempo con mi abuela, cuando muera.

Miedo a los ataques de mi familia de origen. A mi falta de memoria. Mis lapsos. A que me cambie el cuerpo, a los cambios que ya ha gozado.

Miedo a no saber. A no saber analizar. Situarme. Tengo mucho miedo a sentirme en tierras movedizas. Sin tierra firme.

Miedo a ser una superficial-alegre y también a ser una amargada de la penumbra. Tengo miedo a juzgar y a juzgarme. Tengo miedo a mis cadáveres interiores. Y también a los duelos. Tengo miedo a quedarme atrapada en el pasado.

Miedo a no saber apreciar lo bello.

Miedo a los cuerpos como lugar de infección y de contagio. Distancia social. Cero abrazos, cero emociones borradas por la mascarilla, las amigas visitan, pero desde el cuarto piso/calle, o en la escalera, no conozco (con las mascarillas) a conocidas queridas, soy una borde porque no les saludo. Miedo a dejar de saber relacionarme, a no volver a ser el ser social que (a veces) fui. Donde me difuminaba en la masa de manera de lo más gustosa. Miedo a ser una bitxa rara solitaria, aislada.

 

Y tú, ahora, ¿cómo estás?

Ahora que has llegado hasta aquí, que te has asomado a nuestros abismos (que quizá también sean los tuyos) y que es probable que hayas sentido alguno de los pinchos pincharte: Respira hondo, mueve el cuerpo, estírate, siéntete, llora si así te sale, escribe, pasea, baila, muévete.

No te paralices. No te quedes quieta. El miedo (los miedos) producen 2 reacciones: Parálisis y agarrotamiento, sin que puedas hacer nada más que estar en pánico, o impulso hacia la acción.

Esto es un ejercicio de re-conocimiento de dónde estamos, para después, cuando podamos, cuando puedas, seguir caminando. Nos quieren quietas y asustadas, y nosotras estamos dispuestas a dejarnos la vida Viviendo. Sabiendo, que es imposible hacerlo, sin antes, haber reconocido el camino por el que andamos. Con sus enredaderas de pinchos y sus flores primaverales.

(Este post tiene parte 2. Pronto la publicaré).

Pd: Recuerda que si lo decesitas puedes escribirme desde aquí, y si te animas, puedes dejarnos tu sentir en los comentarios de este post para seguir dándoles forma a estos abismos.

Pd2: Te dejo por aquí ESTA caricia-musical de La otra, Eva Sierra y María Ruiz, una verdadera joya para que tengas una tierna salida de los abismos 🙂


*La imagen de este post es una foto sacada en la calle donde vivo. Adoro cuando veo la prueba gráfica de lo que sentipienso!

Oda a la Melancolía

Oda a la Melancolía

Adoro tener un balcón (y una ventana) por donde admirar la melancolía durante los días grises.

Nunca pensé que era algo que pudiera estar en las características de un piso…

Mirar pasar las nubes con prisa,

ver como se desprenden las hojas de los árboles color ocre,

respirar hondo y encontrarme en la calma de esta, tan menospreciada, emoción.

En un mundo (o más bien en un sistema) de perpetuas sonrisas impostadas,

parece un privilegio (permitirme) conectar con la más bella de las tristezas a diario.

Transito una preovulatoria cansada.

Sigo en proceso de asentar la obra/mudanza y lo vivido los últimos 4 ciclos.

Han sido miles las decisiones tomadas. Ha sido realmente agotador.

Esta fase “normalmente”(¿era antes, quizá?), no soporta(ba) este estado de conexión con lo que fue.

Ella es/Yo soy toda vida,

rellena de estrógenos que chisporrotean y que a veces, queman mi diafragma.

Sin embargo hoy es domingo, el día del Silencio,

llueve y tengo una cierta sensación de resaca.

Si, ayer bebí champán y celebré con mis amigas que hemos llegado a nuestra nube-propia.

Los ojos se me entrecierran en este mediodía lluvioso.

Es otoño, y el paisaje que veo, en donde también poco a poco me enraízo,

es absolutamente premenstrual.

Si algo sé de mí es que lo de “afuera” tiene efectos rápidos (y determinantes) en el “adentro”.

A veces, demasiado rápidos, y a veces también, demasiadas veces.

Pienso que la nostalgia de lo efímero de la vida, en realidad, siempre esta ahí.

En todas las fases internas, y también en los ciclos externos.

Solo que conectar con ello no es sencillo. No esta bien visto.

Y tener el espacio y la energía para ello (para Ella), no es nada habitual.

La mía asoma cuando el fuego se convierte en brasa,

y normalmente, hay demasiado aire en el ambiente (sobre todo en Preovu).

En Premen es diferente, el viento es más suave, y la quietud algo mayor…

He escrito varias veces sobre “las capacidades premenstruales”,

Sin embargo, aún no he conseguido publicar ninguno de los textos.

Porque aunque siento que la Premen es una reina y tiene muchos puntos fuertes (muchos!),

he sido juzgada de sensiblera demasiadas veces.

Me he sorbido los mocos y he ocultado las lágrimas desde que tengo uso de razón.

Ahora, la tristeza se expresa en mí con (mucha) más calma.

Agarro a la melancolía de la mano, y nos sentamos en el sofá a teclear y a beber infusión.

Diría que en momentos como este,

incluso soy capaz de sentir cierto gozo dentro con Ella a mi lado.

La escena es suave, con olor a regaliz y con las retinas acuosas sin razón aparente.

“Lo que el mundo necesita son hordas de premenstruales” – aún resuena en mi esta frase que un día dijo Erika.

Mi abanderamiento premenstrual de progesterona libre (y liberada),

sigue marcando lo que sale de mi boca en cada ocasión que hablo sobre ciclicidad.

Añadiría, para ti que me lees, que estas hordas de mujeres* lo hiciéramos dejando salir la rabia,

la tristeza y si es necesario (que suele serlo),

que fuera desplegando la fuerza de unas heridas que necesitan y reclaman mucha agua de mar.

Y por supuesto, permitiendo y ensalzando el ansiado descanso nostálgico,

de quien mira una vida que ya fue.

Aspirar a una felicidad eufórica, ansiosa, que no permite la observación ni el párpado,

saboteada con cientos de imágenes hegemónicas e instragrameras

que desgastan nuestros cansados irises con colores y poses artificiales,

me parece uno de los más absurdos quita-vidas que el capitalismo nos ofrece.

Si tengo que elegir, siempre preferiré la calma de la melancolía,

la oportunidad progesterónica de un respirar hondo,

y la introspección calentita arropada (por mi misma).

Incluso aunque a veces, sienta que estando ahí/así no existo.

Y es que ahora que lo pienso, creo que a veces, no existir es bien.

14 de noviembre del 2021. Preovu día 7

Transformando desde los lodos

Transformando desde los lodos

Desde finales del curso pasado no he parado de darle vueltas a la palabra T R A N S F O R M A C I Ó N.             Sobre todo, porque me acontecen un par de procesos de re-ubicación que estamos transitando en las estructuras en las que participo, y mi teoría (que cada vez tengo más clara) es que hay dos formas de organizarnos: de modo jerárquico y siguiendo las tan conocidas (y dolorosas) formas del modelo Homo Economicus (HE en adelante), o las que van caminando hacia la horizontalidad queriendo re-construirnos en eso que hemos denominado Humana Socialis.

Para esta segunda opción, y como te cuento en este post, hay que quitarle el brilli-brilli al asunto (y a la palabra) y estar dispuestas a enfangarnos hasta arriba, o más bien, hasta el fondo. Partiendo de nosotras y yendo a ver las mierdas de lo que, por inercia, quedan también debajo de las alfombras de lo que construimos colectivamente. (En el anterior post titulado “Carta abierta a Remedios Zafra” (lo lees aquí), también te contaba sobre este tema).

Todes soñamos con una transformación real, tangible, de cuerpos y realidades-ficciones más tiernas y cuidadas. Pero, ¿Cómo podemos hacer esto?, ¿Cómo podemos crear estas otras realidades y que realmente sean transformadoras? ¿Qué narices significa esta palabra, y qué se esconde entre esas 14 letras? ¿Hay demasiado brilli-brilli siendo el tema algo mucho más fangoso? A esta última pregunta yo respondo rotundamente que .

 

Discursos (no) acuerpados: De fuera hacia dentro y viceversa

Es verdad que hay palabras que dicen más de lo que activan, y aunque necesitamos los marcos teóricos que definan (de la forma más atinada posible) los lugares de actuación, el peligro es que nos quedemos dándoles vueltas (yo la primera, que sabes de sobra lo mucho que me gusta pajear, …) a los discursos revolucionarios, a los ensayos que pretenden contener la Vida, a los panfletos y documentos que quieren, por ejemplo, salir del capitalismo, pero que no han revisado cómo opera este sistema, tanto en el nivel más macro (esto suele ser más sencillo porque lo vemos “fuera”), como en el nivel más micro (¿Cómo es tu Homo Economicus? ¿Lo has mirado de frente y sabes que hábitos y formas (te) acompañan a perpetuarlo?).

No habrá transformación sin ensuciarnos. No habrá cambio sin bocetos, ni pinturas corridas. No haremos nada nuevo si no somos capaces de pararnos a mirar con detenimiento el cuadro guarreado que tenemos delante (y dentro) y sin que le (nos) saquemos los colores. Puede haber propuestas de purpurina que parezcan muy molonas, pero seguramente, el sitio de donde parten (esos lagos en calma aparente y rellenos de “bienestar” que son el paisaje que el capitalismo nos quiere seguir vendiendo) será muy similar a lo ya conocido, y que de base, tiene muy pocas posibilidades de ser realmente transformador.

Nadando en los fangos (propios y colectivos) y procurando no hundirnos

Como te digo, queremos relacionarnos de “otras formas”, y queremos que nuestros proyectos, emprendizajes y estructuras también (nos) contengan (en) estas formas. Sin embargo, (me) observo atónita cuando queremos (y nos auto-exigimos) que esto esté “estable y definido” ya mismo. Que sea un nuevo lago de aguas cristalinas inmediatamente. Como si tuviéramos una varita mágica a la que le pedimos un deseo y nos lo concede: “Quiero que el capitalismo, las relaciones capitalistas y mi HE desaparezcan ya!”.

No, amiga, seguro que sabes de primer cuerpo, que no es tan sencillo.

No olvidemos que querer vivir en un “producto acabado y si puede ser bonito, mucho mejor”, es una de las características base del capitalismo más rancio. Por lo que creo, que la transformación como tal, trabajar en ella, para ella, con ella, conlleva un aprendizaje complejo pero que puede resultar revelador para la Vida en este siglo que nos ha tocado vivir: Aprender a nadar en los fangos de las pruebas-error que no siempre salen como nos gustaría, y en las que además nos ensuciamos hasta arriba.

Es un camino de interrogantes que pinchan y que al mismo tiempo, invitan (y motivan) a ser resueltos. Es una apuesta por la incertidumbre. Es un ir “hacia adentro” para ver los pegotes violentos que han ido instalándose a base de años de capitalismo intravenoso, y reconocerlos, mientras que accionamos “hacia afuera” para que esto se convierta en transformación. Y esto es complejo, y a veces, en vez de un único charco de lodo, puede parecer un desierto entero lleno de arenas movedizas fangosas. A mí suele pasarme esto… y es bastantes desolador…

 

Rescatando perlas, que a veces no brillan tanto

A veces, entre brazada y brazada asoma una orilla de arena brillante en la que el sol nos acoge gustosamente. Nos tumbamos a respirar, a gozar, a descansar, a compartir como han ido los últimos (kilo)metros de travesía. A ponernos unas medallitas que nos den la alegría para seguir el camino. ¡Porque nos lo merecemos, faltaría más!

Otras en cambio, las aguas se vuelven oscuras, muy oscuras y parece que vas a ser engullida por la espesura. A mí me pasa sobre todo en Premen, y a veces, también en Preovu. En ocasiones, te hundes más y más con cada intento de asomar la cabeza. Pero sabes de sobra, que no habrá flotador que te salve, sabes, que “la salvación” la encontrarás abajo, bien abajo. Dentro. En los abismos que aguardan en tus vísceras. Entonces, te rindes y caes sin que haya otra opción.

Allí abajo, puede ser (ojalá) que rescates alguna perla, alguna revelación. Puede ser que te des cuenta que has vuelta a caer, que el sistema te ha vuelto a pisar la cabeza, que tu HE ha vuelto a ganar. Quizá (ojala), los tesoros que halles allí te den el impulso para volver a la superficie, quizá (ojalá), esas revelaciones te den la alegría (y la fuerza) de querer seguir nadando, y de hacerlo en el fango cuando toque. Porque el fin lo merece. ¡Las Humanas Socialis (en prácticas) ya estamos aquí!

 

De mayor quiero ser nadadora de ciénagas

Hace ya unos años que sé que quiero estar al servicio de la transformación. Y de paso, transformarme con Ella. Y tengo la alegría de escribir que así está siendo. No ha sido una decisión consciente, más bien diría que es donde mi curiosidad y mi no-conformidad con la vida que nos venden los anuncios, me han traído.

Ya son varios años los que llevo trabajando en proyectos molones y transformadores. Creando (en relación) estructuras “nuevas” que pretenden ser formas alternativas de organización para esa Vida que ansiamos. Mi última revelación en cuanto a cómo llevar el camino de frustraciones en el que a veces deviene esto de crear, es convertirme en vecina de Fiona y Shrek, y aprender a nadar en los lodos.

¡Quién sabe!, los lodos son medicinales y hacen que la piel se nutra, ¿verdad? Quizá incluso podemos hacer travesías comunitarias al gran abajo, y después, tumbarnos embarradas a secarnos al sol, para que estos barros nos dejen las pieles tersas, renovadas y sobre todo, transformadas. ¿Te vienes de excursión?

 


*La imagen de este post es la interpretación de mis abismos. La he pintado yo 🙂

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