Una carta ecofeminista, para una revolución tierna

Una carta ecofeminista, para una revolución tierna

*NOTA IMPORTANTE: Este es un texto un poco largo, por lo que, si prefieres leerlo en el ebook o imprimirlo, haciendo click AQUÍ accedes a la versión en PDF.

*NOTA IMPORTANTE 2: Este texto es una traducción-adaptación al castellano. La carta original es en euskera y esta creada desde la cooperativa Ara!Gorputz para una sesión especifica que realizamos en un grupo de filosofers de Irun (Bor-bor). Puedes leer el original haciendo click AQUÍ. (Eskerrik asko a mi dos queridas I-es por hacer posible algo tan bonito como esto <3 <3 maite zaituztet)


En Irun, febrero del 2024

Queride, Compa:

Primero de todo, gracias por querer dedicarle tu tiempo y tu atención a leer este texto. Somos conscientes de que ambas, hoy en día, son bienes escasos. Eso si, antes de que sigas queremos hacerte una petición: ponte comode. Te invitamos a que vayas a buscar algo que te haga sentir a gusto y en casa.

¡Ahora si, vamos allá!

Estamos en un crisis multidimensional, el paradigma antiguo no nos sirve y el nuevo aun estamos construyéndolo. Podemos decir con esto, que estamos atravesando una crisis de imaginación, dado que es realmente difícil crear lo que no somos capaces de imaginar. Es un tiempo-puente de muchas contradicciones e incertidumbre (¿o de posibilidades infinitas?). Dado que no sabemos a dónde ni cómo llegaremos, a veces, admitir que estamos perdides, es bien (¿cómo te sientes cuando estas perdide? ¿Estar sin un rumbo aparente puede ser revolucionario?).

Por estas (y otras) complejidades, suele ser común que estemos viviendo entre tensiones internas y externas. Identificar cuales son y nombrar las emociones, los sentimientos y las sensaciones que nos mueven, desde nuestro punto de vista, resulta imprescindible. Ante ideas que pueden ser contradictorias, entendernos, con otres y con nosotres mismes, es una buena manera de poner las bases para una revolución amable. Aunque tenemos mil razones por las que seguir enfadadas, nos hemos aburrido de estar cabizbajas y tristes. Por esto, estamos haciendo nuestro mejor intento para ponernos del lado de la Vida (en mayúsculas); para cuidar y proteger todo eso que (aún) esta vivo.

En estos años, gracias a las compañeras en resistencia de Abya Yala, hemos podido conocer, honrar y amasar desde nuestro contexto ubicado el concepto-regalo “Cuerpo-Tierra-Territorio”. Con esta carta, y acompañadas de las perspectivas de la Economía Feminista y el Ecofeminismo (de este-nuestro lado del charco), queremos hacer una aproximación de lo que supone para nosotras este triangulo como herramienta para anclarnos a la Vida. Tal y como tan bien nos muestra el iceberg con el que se suele presentar la economía feminista (arriba lo productivo y abajo lo reproductivo), los marcos son más anchos de lo que podemos ver a simple vista, y si escarbamos, siempre hay ‘algo’ un poco más hondo en lo que poner el foco.

Como bien dicen las Compas de Abya Yala, aunque los conceptos pueden ser leídos como tres (cuerpo-tierra-territorio), están profundamente ligados entre si, y no pueden entenderse por separado. O al menos, no deberíamo intentarlo. Los tres son lugares políticos, palpables, espacios vulnerables y los espacios que tenemos para vivir. Los tres (en relación) generan la base de nuestra cosmovisión, dado que ‘ahí’ es donde ocurre nuestro cotidiano. Mediante ellos es como, a cada instante, está realizándose la interdependencia y la ecodependencia. Pero en este tiempo capitalista, nos han llevado a olvidarnos del cuerpo, y en consecuencia, nos hemos olvidado de la tierra. O quizá sea al revés…

Antes de seguir, una pausa. ¿Cómo estas? ¿Cómo esta tu cuerpo? ¿Cómo están llegando estas ideas a tu corazón? ¡¿Quizá necesitas un poco de movimiento?! Ale, aleee, arriba! AQUÍ tienes una canción tranquila para acompañar el movimientos, y AQUÍ otra más bailonga.

El cuerpo, es el espacio propio que nos contiene. Donde podemos bailar y sentir placer (¡que poco hablamos de placeres, por cierto!). Es finito, vulnerable, necesita cuidados y tiene un ego. Somos mucho más que un cerebro al que, constantemente, le llega información. Para comprender-lo/-nos en su totalidad solemos hablar (mínimo) de 3 ‘niveles’: el físico, el emocional y el racional. Pero no olvidemos que los tres aspectos, o sea, nosotres mismes, somos interdependientes, y que, por tanto, todos tendrían que tener la misma validez y validación. En los tiempos que vivimos y por las construcciones que traemos, creemos que el conocimiento, el cuidado y la gestión del nivel emocional están infravalorados. ¿Tendrá que ver con que suele asociarse a lo femenino?

Consideramos que la Cultura Cíclica que vamos desarrollando a través de los procesos de conocimiento del ciclo menstrual, es una herramienta imprescindible tanto para la sanación individual como para la colectiva. Teniendo en cuenta las consecuencias que tiene para nuestra salud (también para la mental), la violencia lineal a la que somos expuestas diariamente, en las observaciones de nuestros ciclos encontramos un montón de claves para una cosmovisión más tierna. Además, no olvidemos que todes somos una menstruación que no llegó a su fin. Es decir, gracias al proceso del ciclo menstrual (o mejor dicho, del ciclo ovulatorio) es que estamos hoy aquí. Y creemos que esto es una razón suficiente para poner atención en este tema.

¿Cómo están nuestros cuerpos? ¿Cómo están nuestra tierras? ¿Y la Tierra? ¿Qué opciones tenemos en el día a día para pisarla y sentirla? ¿Y para trabajarla? Como decíamos, proponemos, como hoja de ruta hacía un Buen-vivir (para todes y ‘todo’), prestar atención a lo que (aún) esta vivo. La vida siempre encuentra rincones para seguir expresándose con generosidad y abundancia, como los árboles que, a pesar de vivir todo tipo de atrocidades, siguen dando el 100% siempre, y que decir de las hierbitas que crecen en cualquier arcén…

Podemos observar la tierra de maneras diversas: desde la que pisamos literalmente cada día, y que suele estar en gran medida tapada de cemento, y/o entendiéndola como el planeta vivo que es al completo. Sea como sea, a cada segundo, en ella crecen y se nutren tanto raíces palpables como simbólicas. Sin embargo, ocurre que, muchas veces, nuestras finas raíces son aéreas y tienen dificultades para obtener el sustrato necesario; en el nivel más físico por las condiciones de precarización que vivimos y en lo simbólico, entre otras razones, por ciertas maneras de pensar, ideologías y demás que hemos recibido de las generaciones anteriores.

Estamos capturades por la malvada división que supone separar la cultura y la naturaleza. En el centro y en la base de tal atrocidad se encuentran el antropocentrismo y el androcentrismo. Estas actitudes sistémicas, colocan a lo humano en el centro siempre (antropo-) y la que coloca especialmente al Hombre, con su mayúscula más hegemónica, (andro-). A veces, parece que hemos olvidado la importancia de los ‘demás’ seres sintientes con los que cohabitamos aquí en la Tierra. Entre estos, aunque los más visibles son los árboles y los animales no humanos, hay mucho más, como los micelios de los hongos o los ríos. Tenemos mucho que aprender de ellos, especialmente porque en la naturaleza se impone la colaboración, y ante una crisis de imaginación (aquejada de tristes soledades) como la que estamos atravesando, todas estas formas de vida, son referentes llenos de conocimiento colaborativo. Tenemos cientos de redes alrededor que crean y fomentan vida, y queremos subrayar la importancia de conectarnos a ese cooperativismo salvaje tan inspirador. Creemos que para salir de los bucles del antropoceno, es imprescindible aprender a mirar las redes que ocurren más allá de nuestra especie. Porque la naturaleza es mucho más que el aire fresco que nos dan ‘las escapadas’ al monte. Nosotras misma somos naturaleza. Sí, tu también eres naturaleza.

La Biosfera es ‘quien’ nos proporciona las condiciones para que los ecosistemas se mantengan vivos. Aunque normalmente hablamos de la Tierra, el aire y el agua son parte fundamental de la ecuación. Y cabe recordar, que los niveles de contaminación tienen un efecto directo en nuestros cuerpos y en ese todo del que somos parte. Podemos crear la fantasía de la división entre tierra / agua / aire, pero no deberíamos olvidar que todas las formas de vida que habitamos (humanos, animales no humanos, plantas…) estamos protegidas por la biosfera y que compartimos las condiciones de estos elementos.

Nos gusta mucho la palabra “comunitario”, ¿verdad? La belleza que emana la sentimos con la misma grandeza que el reto que supone. En este sentido, los bosques son inspiración para nosotras. Aunque la realidad que allí podemos observar puede parecer caótica, es una organización extremadamente efectiva para sostener y promover la vida diversa y de múltiples especies en convivencia. Y sí, estaría bien que en nuestras comunidades también consideráramos los seres no-humanos que, los veamos y tengamos en cuenta o no, habitan junto a nosotras.

En la medida en la que somos comunidad, seguimos aprendiendo durante toda nuestra vida. Estamos seguras de que lo que has aprendiendo fuera del cole (o de los estudios denominados ‘oficiales’) ha tenido mucha relevancia en quien eres hoy. Por esto, proponemos cuestionar (e incluso, subvertir) las metodologías y epistemologías tanto del sistema educativo como de ‘las demás’ maneras de formarnos que utilizamos y/o promovemos. La pedagogía feminista y popular dice que todes tenemos algo que aprender y que enseñar, y si es más allá de nuestros cerebros, mejor.

¡Queremos cooperativizar todo! 😉 peeero, ¿queremos seguir trabajando a toda velocidad? ¿qué opinas de la ‘alta productividad’? ¿Es positivo decir que estamos ‘a tope’? ¿Seguimos en las lógicas de la acumulación? ¿Tenemos mecanismos para poner el freno de mano a estas cuestiones? ¿Hemos hablado suficiente sobre nuestros patrimonios? ¿Y sobre las herencias? ¿Y sobre el dinero?

Cada día le dedicamos un montón de tiempo y energía al empleo. ¿Tiene sentido que esté en el nucleo mismo de nuestras vidas? ¿Y que tenga tanta influencia en la generación de nuestra identidad? Además de todo esto (o en el núcleo mismo de la cuestión), creemos que seguir construyendo puentes entre lo productivo y lo reproductivo es urgente. Salir de la propia dicotomía que estos dos conceptos nos ofrecen, también.

Te proponemos otra parada. Date un par de minutos para mirar por la ventana, al cielo, por ejemplo. Toma aire y suéltalo. Con calma, no hay prisa de nada. Te proponemos ESTA canción para que te acompañe a conectar con lo que esta vivo.

—-

Queremos darle una vuelta a ciertas formas de pensar que se esconden tras el lenguaje, quizá entre los espacios en blanco de entre las letras. Por ejemplo, cuando nos sale hablar de ‘recursos naturales’ podemos traer al corazón la idea de ‘bienes naturales’, y los ‘servicios’ de los ecosistemas podrían ser nombrados como ‘regalos’, la ‘fertilidad’ (de la tierra, de los úteros) pareciera algo gratuito también… ¿Tienes en mente alguna otra frase antropocentrica?

Estamos llegando al final de este viaje. Gracias por haber llegado hasta aquí. Pero antes de despedirnos, nos gustaría prestarle un poco de atención a la atención: Cada día llegan cientos de estímulos a nuestros cansados cuerpos, y además, generalmente no tenemos el tiempo para la pausa y para el silencio, que son quienes nos ayudan a procesar y digerir ‘todo esto’. Así consideramos que tener esto en cuenta e ir generando estrategias para un caminar más lento y armónico, puede ser una buena costumbre.

Quizá, algunas (o todas) las ideas aquí recogidas te han parecido muy básicas. Y es que, lo son. Pero a veces, ocurre que para no olvidar lo importante esta bien volver a la base. Este suelo (deseamos que nutrido) es el lugar en el que estar en conexión con el Buen-vivir. Ahí, cerca de las raíces es donde podemos crear el espacio, para que las hojas que son relatos nuevos y renovados nazcan sanas y alegres.

Recuperemos la atención y sigamos aprendiendo (también) de todo eso no-humano. Abramos todos los sentidos, amigi, y sigamos caminando juntas, cerca.

Una ultima canción para terminar: ESTA, y no te olvides de mover el cuerpo! 🙂

Recibe un tierno y apretado abrazote, compa,

Ione F. Zabaleta & Enara I .Dominguez

(Ara!Gorputz koop.)

Pd: En este texto no han sido recogidas citas ni referencias, sin embargo, a continuación encuentras (casi) todo lo que para nosotras ha sido inspiración en la escritura de este texto.

 


Bibliografía:
Partiendo de lo realizado por nosotras 😉 …

hacia otras maravillosas inspiraciones!

Libros
  • Devenir animal, David Abram
  • Como (no) hacer nada, resistirse a la economía de la atención. Jenny Odell
  • El clamor de los bosques, Richard Powers
  • Una guía sobre el arte de perderse, Rebecca Solnit
  • Feminismo post-humano. Rosi Braidotti
  • Diseñando culturas regenerativas. Daniel Wahl
  • Cuando todo se derrumba. Pema Chodron
  • Vivificar. Andreas Weber
  • Una trenza de hierba sagrada. Robin WallKimmerer
  • Aun no se lo he dicho a mi jardín. Pia Pera
  • En busca del árbol madre. Suzanne Simard
  • El amanecer de todo. David Graeber & David Wengrow
Audio-visuales
Otras inspiraciones (‘otras’, pero imprescindibles)
  • Practica de Taichi (Manu Hermida)
  • Cursos de gestión emocional (Oscar Argumosa)
  • La perspectiva astrológica y especialmente el ciclo sinódico (y somático) de Venus (Paula/iLe)
  • Talleres de Ternura (Aingeru Mayor & Maite Higuero)
  • Todo el trabajo de Mariana Matija (Ser Tierra)
  • Todo el trabajo de Erika Irusta (El camino Rubí, La comunidad Soy1Soy4 y Casa Liken)

*La imagen de este post es mía. Puedes ver más imágenes en la Galería.

Inspiraciones 2023

Inspiraciones 2023

¡Aunque el proyecto haya mutado, no hay porque perder las buenas tradiciones! (encuentras los post de inspiraciones de años anteriores en los siguientes enlaces: 2017, 2018, 2019, 20202022).

Recapitular me fascina, me ayuda a integrar y a repasar lo rico de lo que he sido nutrida. Este 2023 ha tenido una característica imprescindible para que este proyecto siga vivo, y si tendría que ponerle un título sería algo así como «Verde que te quiero Verde«. Esto también se ha visto reflejado en el cambio de la web, del logo y en la deriva de los post que he publicado (puedes leerlos aquí).

Y para esta nutrición-vegetal (y otras más humanitas), han sido de gran inspiración los recursos que te comparto a continuación. Entre estos encuentras libros, audiovisuales, podcast y proyectos interesantes que, ojalá, tengas el tiempo de leer o escuchar, e integrar suave y gustosamente. Aquí van:

 

LIBROS INSPIRADORES

Este año he leído mucho. Más que nunca, diría. He sido capturada por lecturas que me han llevado a des-velar mucho sobre el mundo vegetal (¡y todo lo que aún late!) y a poner atención en su importancia, también otras, más humanas, que me han ayudado a seguir encontrando pistas en el camino hacia el Buen-vivir. Aquí tienes la lista con mis recomendaciones:

 

(*) DAI es el nombre cariñoso que le pusimos a nuestra criatura-libro «Desmontando al Homo Economicus. Postales desde Isla Ternura«.

*Nota 1: Este año, por primera vez, he llevado un registro de libros, ¡y me ha encantado hacerlo!

*Nota 2: Encuentras muchos (muchísimos) libros en formato ebook en el bot de Telegram: Biblioteca secreta (lo encuentras poniendo esto @BibliotecaSecretaMNBVBot en el buscador de Telegram). Y recuerda que nutrir también económicamente la cultura local y artesana es muy importante.

*Nota 3: Considera que, además de poder comprar libros en tu librería de barrio, también puedes hacer ‘desideratas’ (pedir que los compren) en tu biblioteca más cercana. Yo este año he llenado la de Irun de muchos de los títulos que te comparto 😀

 

PODCAST y DOCUS INTERESANTES

 

PROYECTOS NUTRITIVOS

  • Ser Tierra. Laboratorio sensible para aprender a cuidar la tierra que somos. Este es el Patreon de Mariana Matija, en el que participo desde comienzos del 2021. Un lugar-casa con narrativas maravillosas.
  • Casa Liken (Antes Soy1Soy4.com). Este ciber-hogar que llevo habitando desde hace 7 años ha mutado, pero sigue siendo igual de cálido.
  • Wimblu Magazine, es un proyecto de divulgación ecologista (y mucho más) precioso. En él encuentras artículos, videos y podcast, todo muy cuidado, cocinado a fuego lento y llenito de cariño.
  • YLaVida. Paula Vives, como también te he contado en otras ocasiones, ofrece procesos y acompañamientos de astrología, con círculos de personas lindas y con una Voz muy inspiradora.
  • Canal de Telegram de ‘Viviendo en cíclico-Ziklikoki Bizitzen’. Hace ya unas semanas que decidí abrir un canal de Telegram para este proyecto. Estoy muy contenta con la acogida que está teniendo 😀 ¡Vente, Compa!

 

Y para terminar, te dejo por aquí este maravilloso poema de Anamaría Mayol, compartido a través del canal de Telegram de Lidia Luna «Narrativas y otras lunas«:

«Tal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
y mis ramas crecían hacia el cielo
siempre intentando ver
el horizonte y estuve allí por siglos
enraizada
aferrada a la tierra
bebiendo el cielo
habitada de pájaros y estrellas.

 

Tal vez antes de ser mujer
diseminé retoños
dejé semillas
y el viento fue mi amante
en los silencios
mi piel era corteza
mis colores símbolos
del transcurso del tiempo
en crecimiento.

 

A veces pienso en ello
y el bosque
no es un lugar extraño.

 

Tal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
aún siento el latido de la tierra
en mis venas
y hay días que regresan los pájaros
y anidan.»

 

Seguro que durante este 2023 tú también te has inspirado con diferentes regalos-recursos. ¿Nos los compartes en los comentarios para que sigamos abonando juntes la Tierra? 🙂


*La imagen de este post es de Jennifer Parks.

Lo que sí funciona

Lo que sí funciona

Oso comenzar a escribir este texto el 1 de noviembre (del 2023). Es temprano por la mañana, llueve a mares y el viento mueve los árboles fuerte, haciendo que las hojas que están preparadas, esas que el árbol suelta sin apego alguno, sabiendo que es lo que debe hacer, caigan y mueran.

Es un día marcado de rojo en el calendario. En el silencio del barrio esto se constata. Escucho covers de piano mientras, y, de fondo, escucho a I cocinar unos de los maravillosos calabacines que nos ha regalado la tierra. Todo está en calma. Siento paz dentro. Podría decir, incluso, que todo va bien.

Miro hacia la derecha y allí, en el modesto (y un poco post-moderno) altar que tenemos, están las dos fotos de mi familia paterna. Una familia ciertamente desconocida para mí que, hace poco, se me ha vuelto a presentar en forma de recuerdos. Las honro. Sobre todo porque me he dado cuenta de que la historia que me tenía contada, por falta de información y lejanía, como seguramente tantas otras, no es del todo real.

Más y más y más… abajo (¿acaso soy la reina del inframundo?)

Estas semanas me estoy dando cuenta de mi capacidad (que a veces tan maldición he sentido) de poder ir más y más (y más…) abajo en los abismos. Los pozos se me han abierto muchas veces dándome un buen susto, haciendo que mis rodillas tiemblen como flanes, dudando de si la tierra que me acoge es lo suficientemente firme para tanta agua que sé (me) desborda.

Leo a Mariana (en su Patreon de ‘Ser Tierra’) en relación con el dolor, que como ella bien nombra, es inherente en esto del vivir: “Desde hace años trato de hacer lo que sea que siento que puedo hacer, aunque se sienta siempre ridículamente insuficiente”. Resueno hondo y me dejo descansar ahí, en esa insuficiencia que me persigue como tantas veces lo hace mi propio pasado.

Creo que a momentos se me ha olvidado que, en las excursiones abisales a las que tan acostumbrada estoy, nunca es una opción quedarme allí a vivir.

Vida-Muerte-Vida

Diría que vivo en una superficie bastante ‘común’ (aunque no negaré que, muchas veces, he sentido esto como algo demasiado banal para mí), entonces, algo pide morir y bajo. Si las señales están alineadas y ciertas conjunciones se dan, parece que puedo soltar, dejar atrás eso que ya no tiene sentido: actitudes, juicios, adicciones mentales, dolores que me aprisionan demasiado… y entonces, ¿qué? He de agarrar el coraje y volver a subir, traer a la vida eso que he rescatado (y a mí misma probablemente más ligera) y seguir caminando.

Hoy, este señalado día de Samhain, o de ‘Gau Beltza’ (noche negra, en euskera), o de “todos los santos (y santas, supongo)” en lo judeocristiano, me pregunto por qué tantas veces, ese abajo se me hace cálido y hogar. Por qué me suele faltar el coraje y la alegría de salir del hoyo y dar un paso al frente. ¿Tan inabarcable es eso de ahí abajo que tiene el poder de capturarme?, ¿acaso pienso que todo lo que hay por limpiar es responsabilidad mía? A veces, ambas respuesta, son sí.

“Stop, ya está, amiga, listo, puedes descansar”

Me doy cuenta de que han sido años (como bien queda expresado en este blog) de aguas insondables, de meterme de lleno en todo este mundo interno y ver qué onda. De conocer rincones, e incluso, de crear una salita propia en el inframundo.

Sin embargo, últimamente, algo me dice dentro: “Enara, ya listo, amiga, puedes descansar”. Esa exploración está hecha, y aunque soy consciente de que me queden muchas bajadas, algo dentro está recuperando la capacidad de salir “antes”, sin huir (al menos atenta a esto), impulsándome en el fondo con las dos piernas para, como en la piscina, salir a flote con una bonita floritura. “Yep, aquí estoy de nuevo!”.

Me doy cuenta de que (quizá especialmente resuenes con esto sí, como yo, eres ‘intensita’, y diré que esto ha sido así porque así lo hemos requerido, de esto no hay duda y no es necesaria ninguna justificación), estoy muy acostumbrada a mirar lo que no funciona, lo que está mal, lo que requiere que haga algo más, eso que espera ser limpiado, mejorado y regenerado para la transformación. Y es que ¡anhelo tantoooooo un mundo más tierno y equitativo y amoroso…!

Lo que sí funciona

Aún con esas, con todos esos dolores “pequeños” (a nivel personal) y “grandes” (a nivel más macro) que quizá queramos (y sintamos incluso que debemos) hacer algo más, con los abismos que se abrirán bajo nuestros humildes troncos que parecen ramas en un día de fuerte viento, la Vida (con su mayúscula grande, majestuosa y generosa) sigue su curso.

Sigue floreciendo y brotando en todas las esquinas. Incluso con las guerras (visibles y no visibles) que se suceden a nuestro alrededor, las briznas de hierba crecen en los bordes de cualquier carretera y las calabazas, ya a punto de ser cosechadas, me regalan nuevas semillas redonditas que esperan su turno la primavera que viene.

Así, con esto, nos pregunto: ¿Prestas atención y valoras lo que sí funciona de ti misma y de tu alrededor?, ¿eres consciente de todo lo que tienes para dar y te es dado?, ¿y de todas esas maravillas con las que convives (que son tu misme) que te han acompañado hasta aquí y que hacen que seas la linda persona que ahora mismo eres?. Desde aquí, (me) doy las gracias por todo ello. Por ti, por mí, y por la tierra y la vida que, a pesar de todo, con tanto optimismo y esperanza nos contiene y sostiene.

Agradecida

Yo, en este aquí y ahora, mientras mis ancestres me miran de reojo, traigo, valoro y agradezco a la hoja de la monstera que, en la pequeña selva en tiestos que tenemos en la mitad del salón, se abre sin permiso, a las decisiones que he tomado para ser quien soy (sabiendo que mutaré), a quienes me quieren y a sus muestras de cariño y ternura cotidianas, a los árboles que danzan al otro lado de la ventana, a la risa honda, sarcástica y absurda que estoy recuperando, a Venus que, desde su máxima altura ha comenzado su con-sentido y valiente descenso hacia el buen-morir (para el buen-vivir), y sobre todo, a la energía de la vida, al chi, o al amor, como-sea-que-lo-queramos-llamar, que sigue latiendo sin parar en todos los corazones.

Una cosa no quita la otra

Algo en mi foro interno me ha dicho todos estos años que, con la que está cayendo en los tiempos de capitalismo zombie que nos ha tocado vivir, tenía una responsabilidad con todo esto (solo con escribirlo ya siento un peso enorme). Pero me doy cuenta de que, una cosa no quita la otra, que proteger, apoyar, co-crear junto con lo que sí funciona, no borrará la conexión con eso que se puede mejorar o que necesita transformación, y de lo que, por supuesto, también tengo mi parte de responsabilidad.

Así, estos días, aprovechando esta energía ‘ancestral’, este portal de conexión con ese pasado que, a veces, siento demasiado presente, me pregunto por las historias que me he contado durante esta (casi) cuarentena de vida que ya he recorrido. Observo (con mirada curiosa y procurando mantener el juicio a raya), que muchas de estas historias son ‘oscuritas’ y sombrías, y que la mayoría me han servido para ‘justificar’ y acoger dolores que he necesitado entender racionalmente.

Las historias que nos contamos

Me he hecho un puzzle interno que guarda un paisaje nocturno con luna nueva, sin contaminación lumínica, en el que se ve un río gris que sigue su cauce y por el que, en estos últimos tiempos, estoy procurando dejarme llevar para ver si cambio de cuadro, y me lleva a encontrar un paisaje primaveral lleno de flores y con una luna llena luminosa y amable que simbolice las cosechas que me son dadas.

No todas las historias que me he contado son reales, y además, veo que puedo volver(me)las a relatar considerando lo que sí ha funcionado, ampliar la mirada y ver más allá de ese dolor que también está (y estará). Ver los tonos luminosos, los dones que, además de los abismos, me han sido otorgados, prestarles atención, sorprenderme, darles las gracias a todas las hierbitas y flores que siempre han estado ahí, aunque yo no haya sido capaces de verlas.

“Hola, soy Enara y mi nueva obsesión son los árboles” XD

“Los árboles siempre dan el 100%”, leía la otra vez, no te impiden que cojas las manzanas que quieras, no esperan a que las condiciones sean las óptimas para seguir su camino (¿te imaginas que los árboles solo crecieran en “bosques vírgenes”?), simplemente crecen.

Quizá esto sea porque tienen la capacidad de estar conectados bien hondo, y al mismo tiempo, tener el coraje, la valentía y la alegría de seguir brotando y cumpliendo su función más y más hacia arriba, bien alto. No tienen, que sepamos, muchas historias que se cuenten, y menos, que estas les impidan sacar una nueva hoja.

Quizá, una vez más, la cosa va de ser menos humanites, y más vegetales. De no perder la capacidad de ver la belleza, la bondad y la generosidad de la que estamos rodeadas constantemente, y de con esto, fijarnos también en los brotes de hojas nuevas de nuestros linajes (que también nosotras encarnamos), y no tanto en los troncos que cayeron porque, además, seguramente tenían que caer para que la Vida pudiera seguir siendo.


*La foto de la pequeña selva (en tiestos) que tenemos en la mitad del salón.

El anhelo de ser bosque

El anhelo de ser bosque

Quiero volver a Casa. ¿Dónde es esto? ¿Por dónde se va? Solo puedo seguir este latir interno. Pum-pum. Pum-pum. Es esa sensibilidad que se expresa de maneras diversas (clamando latido-otro) que han intentado arrebatarme tantas veces, la que me guía. He probado muchos caminos ‘de vuelta’, y observo una y otra vez que solo hay una dirección posible: ‘para dentro’ y ‘para abajo’. Más adentro y más abajo. Enraizándome hacia el corazón de un Todo que, aunque pueda sonar místico, en realidad puedo pisar y tocar cada día cuando bajo a saludar a los árboles del barrio. Porque (también) soy una planta que busca nutrición, que se reverdece o se marchita en otoño y en cada Premen. Quizá sea (también) una amapola primaveral como me dice mi Abueli desde siempre.

Hace un año que empecé a balbucear esta idea, y he empezado este texto tantas veces como retoños salen con los primeros días de calor. Ninguna palabra puede nombrar un sentimiento tan complejo como este. No consigo las frases ni los títulos que logren expresar lo que quiero. He deducido que esto que torpemente tecleo pertenece al misterio mismo de la Vida, y que es un saber ancestral que los árboles (conectados todos ellos) guardan con recelo bajo capas y capas de mullido suelo. Sin embargo, como dice mi profe de taichi, continuar haciendo el mejor intento es lo más que puedo hacer.

Saco entonces mis dedos-ramillas y aquí va el mío.

Nos plantaron en tiestos pero seguimos recordando

Observo día a día los tiestos de mi balcón. Tan verdes y alegres, tan agradecidos siempre. ¿Qué pueden hacer las plantas aquí? En realidad, hacen todo lo que tienen que hacer (entre ‘sus funciones’ una es alegrarme la vista-vida, por cierto), excepto, relacionarse con otras plantas desde las raíces. Y nosotres, ¿qué podemos hacer en los tiestos en los que estamos?

Hace tiempo que le doy (mil) vueltas al tema de la no-maternidad (te contaba sobre ello aquí, pero no he terminado de exorcizar el tema…). Un día, sentadas en el balcón viendo atardecer con las plantas como testigo, y hablando de este tema, pude intuir que para poblar el tiesto-propio conocido también como familia nuclear, la manera hegemónica/normativizada es tener criaturas. En realidad, parece ser que la única manera posible es crear/criar criaturas. Pero, ¿acaso no hay otras maneras de que crezca vida bajo mis pies y de que nuestros tiestos se ensanchen?

Por suerte sabemos que (y tenemos referencias sobre) la mutación que las relaciones interpersonales (y de conexión con todo lo que está vivo, que por cierto, es mucho más de lo que era capaz de ver hasta hace poco) están viviendo en los últimos tiempos.

Hablamos de relaciones no-monógamas, de redes de cuidado, y hasta de polos cooperativos. Quizá ha sido así siempre, porque todes, de siempre y todo el tiempo, mientras vivimos esta realidad encarnada, anhelamos un tiesto más grande, más hermoso, con piscina o vistas al mar. Y es probable, que también anhelemos la compañía de otras personas/plantas/seres sintientes con las que trenzar nuestras raíces para nutrirnos y convivir. Porque no hay duda, la Vida es conexión.

(Un breve pero importante paréntesis: Obvio que no todos los tiestos son iguales. Podría hablar de la metáfora de los tiestos-casa en los que vivimos largo y tendido, de como hay tiestos de plástico con tierra reseca por las condiciones de vida precarizadas, y como otros son de mármol con un diámetro de más de 2 metros. Esto lo pudimos ver bien durante la pandemia. Unos de los que nos echan cuando nuestro contrato de alquiler se rescinde por la turistificación, y otros en los que cabría toda una plantación de pinos. No quiero alargarme, pero no quería dejar sin nombrar esto).

De anhelos que pueden ser impulso y otros con los que hay que aprender a vivir

Aceptar es el gran verbo al que aspirar, mientras, todes solemos anhelamos ‘algo’: estar de una manera o de otra, tener esto o aquello, viajar, distraernos, tener una ‘buena vida’, incluso sin saber bien qué significa. Todes anhelamos amor, amar y ser amades, probablemente todo el tiempo. Algunos de estos anhelos nacen de nuestras heridas infantiles (queremos eso que nunca nos dieron), otros se crean de la terrible comparación (y acumulación) cultural que sostenemos, y otros, son inspiración, nutrición de tus raíces a las mías.

De esos aromas carentes o inspiradores, de esos anhelos con olor a verano que termina, seguramente, es desde donde nacen nuestros deseos más profundos, y de estos deseos se generan los impulsos para accionar en esa dirección. ¡Esto es buena señal, si hay deseo, hay impulso y esto significa que seguimos vivas y verdes!

Sin embargo, hay otros anhelos con los que hay que aprender a convivir. Y este de ser bosque que te traigo, en tiempos del capitalismo zombie e individualidades como estamos (y un poco carentes de habilidades sociales, al menos yo), es uno de ellos. No siempre es posible que un anhelo se convierta en realidad, pero el intento merece la alegría, da ‘un’ sentido a la vida y esto es lo que como humanites buscamos sin cesar.

Ahí está el impulso. No seremos bosque, pero nutrir la tierra bajo nuestros pies (literal o metafóricamente, ¡o ambas!), me parece una motivación maravillosa para seguir caminando y sembrando/polinizando/inspirando Vida.

En el bosque no hay árboles, solo hay bosque”

El bosque nos espera, recordar nuestro ser animal y nuestro ser vegetal es el camino que se ha abierto ante mí en este último tiempo, y sinceramente, me tiene tremendamente polarizada. Siento un fuerte entusiasmo por percibir y proteger e incluso conservar/replantar vida (mucho) más amplia de lo que nunca imaginé (y mucho más allá de lo androcéntrico que tan agotado percibo), y también el duelo triste y amargo de tanto que muere y desaparece ante una impotencia que se hace bola en el estómago y lágrimas saladas en los ojos.

El neoliberalismo camuflado en el famoso sistema del bienestar (y estos tiestos en los que estamos metides), trajo la perdida de múltiples conexiones (y de habitats, y de especies, y de mucho más que aún no sé ni nombrar), cortando micelios y raíces, destrozando ramas y flores que tocaban a otras, individualizando comunidades y haciendo que cientos de saberes quedaran enterrados, y a veces pienso que el objetivo principal de las necropolíticas (o políticas que incitan la muerte) de nuestros tiempos, siguen siendo continuar alejándonos más y más de todo lo que aún late. Parece que quieren que seamos plantas de plástico que cogen polvo en la esquina de cualquier salón.

Yo siento que igualmente, seguiremos anhelando ser bosque, porque bosque es lo que somos. Y me gusta saberme anhelante y acoger este sentir que, aunque pueda parecer contradictorio, tanta vida me insufla.

En estos últimos meses tengo un mantra nuevo. Es el que tan magistralmente nos recuerda Richard Powers en su maravillosa obra ‘El clamor de los bosques’1: “En el bosque no hay árboles, solo hay bosque”. Las conexiones están ahí, aquí, todo está conectado, aunque no seamos capaces de verlo. ¡No lo olvidemos!

Ya no existen (por estos lares) bosques originarios, pero la vida sigue brotando

Hace poco que descubrí esto2, y lloré. Por mucho que nos empeñemos en romantizar lo que fue, ya no es. Y no será. Podrá haber nuevas utopías poéticas (en estas estamos), pero todos los bosques de Euskal Herria (e imagino que también de muchos otros territorios), están tocados por la mano del Hombre (en su mayúscula hegemónica).

Sin embargo, la magnífica noticia es que el derroche y generosidad de la Vida que crece en cualquier rendija y rotonda, cerca de cualquier carretera o fabrica, sigue su curso imparable.

Su capacidad de dar incondicionalmente y la grandeza de sabernos parte de ello, nos da la oportunidad y (puede darnos) la inspiración para seguir sabiendo que también somos ese amor-vida que brota en cada arcén y que se expresa en esa compasión que tanto requerimos (también y primeramente) hacia nosotras mismas. Incluso aunque vayamos a seguir plantadas en tiestos.

Desde ahí, acogiendo (y duelando) la perdida de lo que ya no será más, de esas especies vivas que desaparecen cada día, podemos seguir reuniendo las fuerzas para plantar ahora lo que, quizás algún día, sea un (renovado) bosque originario (del siglo XXI).

Hay un dicho arbóreo que dice: ¿Cuándo es el mejor momento para plantar un árbol? Hace 20 años. ¿Y el siguiente mejor momento? ¡Ahora!

Mientras, yo estoy optando por salir del tiesto (física y emocionalmente) cuanto puedo, y gozar, compartir y hacer la fotosíntesis en el bancal de mi grupo de compas o de nuestra red de cooperativas. Estoy segura de que estas semillas simbólicas (y/o reales) traerán retoños en dirección a la Vida (más allá de lo cansinamente humano y racional), y que tendrán sus frutos (simbólicos y tangibles) en la dirección óptima para que la Vida (con su mayúscula que mira hacía el cielo buscando la luz) siga brotando.

1El clamor de los bosques. Richard Powers. Alianza editorial, año 2019.

2Documental en euskera “Gutik Zura”. Puedes verlo aquí.

*El dibujo de este post es mío. Puedes ver la renovada (y ampliada!) Galería, aquí.

Una salita de estar en el Inframundo

Una salita de estar en el Inframundo

Tras varios meses de no venir por aquí, si te soy sincera no sé por dónde empezar. He unido cabos y he soltado algunos nudos, he leído montones de libros inspiradores relacionados con eso que llamamos “naturaleza”… y aquí y ahora, dejar que mis dedos transcriban lo que mis entrañas, con ese idioma suyo tan gutural y viscoso, se digan, hace que las mariposas de mí estómago dancen (de nuevo). Dentro escucho algo así como: “Dale, Enara, dale!”

Quizá el título te parezca un poco “oscurito”, sin embargo, te pido que me des una oportunidad, sobre todo porque últimamente, me siento más lejos de retozar en la herida, y mucho más cerca de poner en valor lo que aún late, aunque muchas veces, y es lo que vengo a argumentar por aquí, pienso que nacen del mismo lugar.

La Vida se está haciendo en mí, a través de mí. La vida me atraviesa y estoy aprendiendo a dejar que así sea. Cuando toca “arriba”, pues ahí, cuando toca “abajo”, pues ahí también.

Podría empezar esta renovación hablando del anhelo de ser bosque sobre el que llevo tiempo sentipensando, o de las conexiones que he recordado en este tiempo conmigo misma y con otres seres sintientes, o sobre las que aún ni siquiera soy capaz de ver, pero que echo profundamente en falta. Sin embargo, inspirada por estos días en los que, después de 18 meses de recorrido, me/nos coronamos con Venus como estrella del cielo y terminamos ciclo, he decidido empezar por el principio que se anuncia con este final.

Recapitulaciones venusinas

El 10 de julio Venus estará en su máxima altura (si tienes ocasión de mirar al cielo del oeste en el atardecer, puedes saludarla, está preciosa!). Es, por tanto, momento de recapitular, de recoger las perlas asomadas, coronarme/nos (y celebrar!), sabiendo, eso sí, que pronto volveremos a agachar la cabeza, haciendo una humilde reverencia, para volver a empezar. Lo cíclico es así, no hay un sitio en el que quedarse apalancada. La espiral infinita en la que estamos montadas, continúa su viaje por las aguas insondables que somos.

Si eres fan como yo de recapitular cada cierto tiempo, te animo a que eches la vista atrás y observes/anotes/escribas sobre lo que ha ocurrido en tu vida desde enero del 2022. Te prometo que el ejercicio no te dejará indiferente ^^

Me corono con (un poco más de) autonomía interdependiente; conociendo (un poco mejor) mi fuerza interna, los auto-agarres que (me) tengo y también aquello que ya no (me) sirve y que se ha quedado por el camino; valorando (mucho) las cuerdas (quizá algo más gruesas y tiernas) que me unen a otres. También honro mi camino, ese que como te decía voy aprendiendo a que la Vida haga a través mi.

Una salita allí abajo

En esta punta de estrella (en Capricornio), he hecho mi (mejor) intento (hasta el momento) para seguir reconociendo mi inframundo propio (que a veces también es transpersonal), aquel en el que estuvimos de lleno en octubre del 2022.

El otoño para mí fue tremendo. Y entonces, en medio de esta tremenditud, fue cuando pude ver claramente, por las grietas de luz que voy abriendo en cada viaje (y de maneras más o menos amables conmigo misma), que si hay algo que caracteriza al inframundo, es que nunca sabes lo grande y lo profundo que es, y también que, probablemente sea el lugar de nosotras mismas que más amor y compasión necesita. Y por supuesto, que no es un “sitio” opcional, sino más bien un espacio al que somos arrojadas, arrastradas o llevadas con cierto cariño de vez en cuando. Porque la Vida es así, hay muerte, dolor y tristeza. Y eso también es la Vida que se hace a través de cada cual.

Yo utilizo el término “inframundo” porque resueno mucho con el mito de Inanna (y de Eresquigal!), pero tiene muchos sinónimos: Lo oscuro, lo inconsciente, las aristas de la personalidad, los charcos internos, “ese estado del que siempre quiero huir”… ¿Cómo lo nombras tú?

También la Premen (como tantas veces te he contado) tiene, en mi opinión, mucho de fase-inframundo. Sostengo (como te cuento con voz-propia, aquí), que antes de que nos baje la Menstru, somos invitades a estar un ratito surcando esas aguas, o un ratazo. Lo que toque. Y para ello, lo que quiero nombrar por aquí, es la importancia de conocer (y reconocer y reconocer ….) este espacio, y quién sabe, si incluso, hacerte una salita de estar con almohadones y mantas calentitas allí mismo. Si queremos dejar de huir de lo incómodo, mejor ponerlo ciertamente gustoso, ¿verdad?

Yo me imagino este espacio (aunque no siempre lo siento así) como mi propia casa de reposo en la que sentarme a respirar cada emoción incómoda, en donde me doy la oportunidad de bajarlas a tierra, y poder ver con una perspectiva más amplia. Es cierto que a veces los lodos me atrapan, porque ciertamente, la insondabilidad del lugar es impresionante. Entonces he de recordarme las cuerdas que me tengo amarradas (sobre todo para no caer en victimizaciones innecesarias que alargan la agonía), o a las que puedo recurrir (normalmente vía conversaciones amorosas con mis compas) para poder “salir”, o al menos, para conseguir una infu y una lamparita de sal que hagan más amable la necesaria estancia allí.

Recordar (y anclar) conexiones en el Inframundo

En algún momento de mi vida pensé que lo mejor que podía hacer era quedarme allí. A veces es tan abrumador el dolor, ¿verdad?… Hoy sé que la cosa no va así. Que, por mucho salón con chaisse longe y soledad elegida que me prepare, por mucho gusto (un poco extraño) que a veces pueda darme quedarme ahí, bajar, siempre siempre, implica subir. Y no lo digo como una frase mister wonderfulista, lo digo, porque es allí donde siento que podemos recordar qué hacemos aquí, encarnadas, en la Tierra, respirando y siendo respiradas por la biosfera, a cada instante y en cada aliento. Por lo que ‘subir’, poner en práctica esas perlas y comunicarlas, es realmente imprescindible.

Las oportunidades de anclaje a la vida, tal y como voy comprendiendo yo esta movida del vivir, están allí abajo, no existe un árbol sin raíces, y para nosotres, la movida (parece ser que) funciona parecido. Tierra nutritiva que te alimenta y te cuestiona al mismo tiempo, miles de familias de bichitos viviendo en(tre) tus raíces y entrañas, un proceso que sin el Sol, las ramas, las hojas y la fotosíntesis de ese gran arriba, no completa el ciclo.

El amor incondicional de los árboles (el que tienen por la vida, por los seres sintientes, por les humanes), me tiene muy inspirada últimamente, y me está ayudando a comprender, que, además de como sostenía antes sobre lo anticapitalista de la Premen que se deja estar en ese “cuarto oscuro,” y lo que cambia el ciclo menstrual (y la Vida!) cuando te permites llorar en “esos días”, la sensibilidad, la atención, el gozo de lo sentido, el poder mirar con todos los poros la grandeza humilde, generosa y derrochadora del entorno “natural” (y de une misme), es consecuencia de esas aventuras de espeleología que hacemos a nuestros abismos.

Esto me hace sonreír, y de vez en cuando, al sentir la Vida tumbada sobre la hierba o admirando los cientos de detalles de los árboles o escuchando el siempre alegre canturreo de los pájaros, una fuerte emoción me invade por dentro y termino llora-riendo en un momento presente que se me hace eterno y que al mismo tiempo sé que es fugazmente efímero.

No hay salitas sin obras

En realidad, considero que el inframundo es en sí mismo un vacío fértil que todes tenemos dentro. Sí, hay fantasmas, sí, puede dar mucho miedo. ¿Pero que sería esto de vivir si no tuviéramos suficiente tierra nutritiva para seguir expandiendo (y enredando!) más y más nuestras raíces, más y más abajo? ¡Yo al menos, me aburriría mucho!

Para terminar, me gustaría recordar(me/nos), que no hay espacio molón sin obra, sea más artesana o más sofisticada. Cuando queremos trasformar algo, no podemos hacerlo sin ponernos manos a la obra. Por lo que quizá, medir, pintar, amueblar y decorar ese espacio interno que tantas lágrimas suele traer, sea cosa de ir allí más a menudo, y que, a poder ser, no sea únicamente arrastrada por esos episodios dolorosos o tristes (que también son vida), sino que sea por voluntad propia.

Puede haber muchas formas para llevarme de la mano hasta ‘ahí’, de hecho, las hay. A mí me sirven los ratos de soledad elegida, los paseos con Maia, la escritura, la observación sin hacer “nada más” y también la práctica (novata, pero disciplinada) del taichi, en donde toco, aunque sea por unos instantes, un centro que estoy aprendiendo a reconocer y a habitar, en donde sé que también se halla mi inframundo.

Y tú, ¿cómo llevas este procesazo de amar lo que menos mola?, ¿cómo lo haces?, ¿cuáles son tus estratégicas?, ¿cómo van las obras de tu casa? 🙂 ¡Te leo encantada!


*La foto de este post es de un lugar que tengo el privilegio (y el reto!) de cuidar en el que, este año por primera vez (que yo haya sido capaz de ver), han crecido montones de milenramas 🙂 El día que escribí este texto, leí que esta planta tiene muchas propiedades curativas, y que se le asocia con mi querida Venus. He puesto un ramillete colgando de una de las paredes de mi sala de estar del inframundo para poderme hacer infus curativas en mis estancias allí abajo 😀

**El recurso-inspiración que va asociado a la newsletter de este post (9 de julio del 2023), es la maravillosa conversación-presentación del libro de Mariana Matija Niñapajaroglaciar,  en la que también habla de estos temas. Y, además, estoy enamorada de esta mujer 😉 <3

***El título de este post está inspirado en el taller de unas compas arquitectas (y feministas), que se titula “Una sala de estar en la plaza”, al cual tuve el gusto de asistir hace poco.